
Esta tarde he quedado con Ana y Choco (¡Las Invencibles en Navidad!) para hacer un poco de NADA de la mejor manera que sabemos: ¡Bla bla bla! ¡En eso somos las mejores! El momento álgido ha sido cuando les he contado que había soñado que los Reyes me traían un oso polar pequeñito y nos ha dado por preguntarnos por qué nunca, ni de pequeñas, ni de mayores, pedimos lo que REALMENTE NOS GUSTARÍA RECIBIR. Como por ejemplo, un helicóptero, o un millón de euros.
QUERIDOS REYES MAGOS, ESTE AÑO
ME GUSTARÍA QUE ME TRAJÉRAIS:
UN MILLÓN DE EUROS. (Para mis cositas.)
¡¡¡MUCHAS GRACIAS!!!
La razón principal en la que hemos estado de acuerdo ha sido que, tal vez, si todo el mundo pidiera su millón, el mundo no funcionaría (y eso lo intuimos a cualquier edad). ¡Nadie trabajaría! Y si nadie trabajase, ¡no habría comida! ¡Y no habría conductores de autobús! ¡Ni gente que vendiera cosas! ¡Ni gente que fabricara las cosas! ¡Sería el caos!

Conclusión: Los chicos y chicas de hoy en día pedimos libros, móviles, zapatillas y mochilas PARA PROTEGER AL MUNDO DE SU DESTRUCCIÓN.
Después de tan increíble ejercicio de pensamiento, hemos intentado hacer LA CARTA A LOS REYES SIN MIEDO Y SIN PRUDENCIA. Para saber lo que REALMENTE deseamos tener. Y ha quedado así:
Choco:
Un globo aerostático con todos los complementos. Una cuerda muy gruesa y muy larga para tenerlo atado al balcón. Una moto. Un circuito privado para conducir una moto. Un hotel dentro del circuito para que pueda dormir toda la gente que Choco quiera. Nada más, gracias.

Ana:
Una peli protagonizada por nuestros actores y actrices favoritos en la que se cuenten las aventuras de las Invencibles. (yo escribiré el guión). Una biblioteca entera. El edificio y los libros. Y un bolígrafo azul. Gracias.
Yo:
Un camión lleno de material para hacer manualidades. Un helicóptero azul. Un viaje al desierto con las Invencibles. Tres camellos (rápidos). Un delfín. Un rincón de mar. Un gorila. Una selva. Un caballo. Un koala. Un camaleón. Un eri…
En este punto ha entrado mamá a decirnos que bajaba a comprar. Me ha pedido que no me olvidara de preguntarles AQUELLO a mis amigas y se ha ido.
Ana:
¿Que nos preguntaras qué?
Yo:
Cada año mis padres hacen de pajes reales en el hospital de papá. Me han pedido si este año queremos hacerlo nosotras.
Choco:
¿Tu padre tiene un hospital?
Yo:
Sí, y un parque de atracciones y un estadio de fútbol. Se lo pidió el año pasado a los Reyes.
Choco:
No te rías…
Yo:
No, mi padre trabaja en un hospital, de enfermero. Y a veces, de paje real.
Ana:
Y lo de hacerlo nosotras… ¿Lo dices en serio?
Y se lo he explicado bien: se trata de ayudar a repartir los regalos a los niños que están ese día en el hospital, vestidas de pajes reales. ¿Les apetecía?
Tenías que haber visto sus caras. Parecía que tuvieran cuatro años. Y no por los mocos cayendo, no. Por la ilusión: las dos han dicho que sí con extra de motivación y doble de entusiasmo.


Hoy me he estado escribiendo con Fabián. Mi primer compañero de mesa de 1.o de ESO, y el primer amigo que hice en clase. Tengo en la mesilla de noche la increíble agenda que me regaló para el amigo invisible y siempre que la miro encuentro algún detallito que no había visto. Hoy me he dado cuenta de que marzo tiene el día “menos 1 de marzo, senreiv. (que es “viernes” girado)… Un día apropiado para estar negativa y hacerlo todo al revés”. 

Fabián me ha contado que, finalmente, estas Navidades se ha ido a la casa que tienen sus padres en la montaña y que no nos podremos ver. Me ha mandado una foto monísima que se hizo mientras decoraban el árbol de Navidad…

Me encanta hablar con él. No es como una Invencible pero también es simpático, interesante y… no sé. Me gusta, ya lo sabes. 
Por cierto, hoy es Nochebuena. Hasta el año pasado siempre íbamos a casa de la abuela Paqui a celebrarlo con un hartón de comida. Este año, como a papá le ha tocado guardia
y la abuela vive con nosotros, haremos mañana el gran festín en nuestra casa.
Yo he aprovechado la noche para acabar mi propuesta para el concurso familiar de NEOTURRONES de mañana. Mamá, papá y la abuela hicieron sus turrones ayer y Manu creo que no se presenta este año.


Mañana de hablar bajito y con prohibición de poner música. (Cuando papá ha trabajado por la noche, duerme hasta media mañana.)
Desde primera hora, mamá está en la cocina a las órdenes de la abuela.

Cuando la abuela se vino a casa hace unos meses pactamos que sería una ayuda mutua: el dinero de su piso alquilado nos iría muy bien para compensar la falta de trabajo de mamá. A la vez, ella (y su perrito Lentejas) se sentirían más acompañados. Creo que el pacto está un poco descompensado porque nos ayuda muchísimo más ella a nosotros que nosotros a ella. ¡Y a Lentejas nunca le ha gustado nuestra compañía! A pesar de todo, creo que fue una gran decisión porque la veo contenta.
A media mañana, precisamente ella ha preguntado si sabíamos con quién come nuestro vecino, al que llamamos cariñosamente Ex Sr. Penoso. Ni papá ni mamá ni yo lo sabíamos pero hemos supuesto que, como el resto de días, se lo pasará solo, leyendo o mirando la televisión. ¿Cómo va a hacer algo especial alguien que es capaz de poner este cartel en el vestíbulo del edificio?:
HE GUARDADO LA NAVIDAD EN
EL DESVÁN Y ME HE COMIDO LA LLAVE*
*Sé que ha sido él porque reconozco su letra.
La abuela ha sugerido que yo bajara a preguntarle si quería unirse a nuestra fiesta. Ha dicho que era lo mínimo que debíamos hacer por alguien que tiene la pierna rota y que apenas se puede mover…
Y así lo he hecho. He bajado a verle. La casa sigue igual de caótica que siempre y él me ha vuelto a recibir con bata y pantuflas. (Él sigue sin saber que yo sé que él me vino a ver en la presentación de final del trimestre. A veces me pregunto si no fue un espejismo).
Yo:
Mi familia quiere saber si le apetecería celebrar con nosotros la comida de Navidad.
Sr. P:
¿La Navidad de ESTE año?
Yo:
Bueno, sí.
La de hoy. Puede subir con bata y pantuflas, si quiere. (Esto no sé si tenía que haberlo dicho.) ¿Le apetece?
Sr. P:
¿A ti que te parece? ¿Me apetece?
Yo:
No sé. Es divertido. Estamos nosotros y también viene mi tía Rosi con mi primo de dos años, y un novio que aún no conocemos. Puede estar bien.
Sr. P:
¡¡Uy sí!! Muy bien. ¡Qué chulo! Chachi piruli… ¡Claro que NO me apetece…! Diles a tus padres que muchas gracias por la invitación. Que tal vez, en otra vida, me lo pienso…
Yo:
Bueno, en realidad la que lo ha propuesto ha sido mi abuela.
Sr. P:
Pues le dices eso mismo a esa señora tan mayor, también.
Yo:
Vale, pues adiós. Feliz Navidad.

He subido y les he dicho a todos que me ha agradecido muchísimo la invitación pero que prefería quedarse en casa porque le dolía la pierna. (Espero que los Reyes no me tengan en cuenta la pequeña mentirijilla. Jaja.)
Al volver a casa, la tía Rosi ya había llegado. Me ha presentado a su nuevo novio, un hombre bastante guapo llamado Marcelo que ha estado contando chistes malos todo el día y solo se ha separado de la tía cuando ella ha ido al baño. (¡Creo que TAMBIÉN quería acompañarla pero ella no le ha dejado!) Él la miraba con ojitos de amor pero ella le ha dicho cuatro o cinco veces que era un “pesadito”. Yo no veo a la tía muy enamorada pero... ¿¡Qué sé yo!?
Durante la comida, como cada año, hemos puesto en la mesa el ordenador de Manu, como si fuera uno más de la familia. Hemos conectado la webcam y hemos charlado atropelladamente con los abuelos de Luxemburgo (que viven en Luxemburgo pero nacieron aquí). Hemos comido y brindado con ellos, y a media comida, como es tradición, uno a uno, hemos pasado a dar besos a la pantalla de Manu, que no paraba de quejarse, limpiando las babas con la manga de su camisa. Nos han dicho que esperan poder venir pronto, pero que el abuelo anda débil de salud después del último susto y prefieren esperar. Supongo que mamá irá algún día a hacerles una visita.

Aparte de disfrutar viéndonos a todos contentos alrededor de una mesa, lo que más les ha ilusionado ha sido ver a la tía con un novio. (Es que son un poco chapados a la antigua. Hace dos años les costó un horror aceptar que la tía tendría a su hijo Juan sin tener novio, siquiera.)

Abuela:
¿Y no me presentas a este señor, Rosita?
Marcelo:
Me llamo Marcelo, señora, encantado de conocer a quien parió tan bella mujer.
Abuela y abuelo:
¿¿Cómo??
Marcelo:
¡Que ENCANTADO!
Abuela:
Encantada también. Cuida mucho a mi hija y a mi nieto. ¿Para cuándo la boda?
Tía Rosi:
¡¡Mamá!! ¡Que no hay boda! ¡Que yo no me caso con nadie!
Abuela:
Bueno, vale, esto ya lo hablaremos, lo importante es que hayas conocido a este hombre y que quieras pasar el resto de tu vida con él.

A los abuelos de Luxemburgo les veo solo dos veces al año, pero les quiero mucho y les echo un poco de menos. Son frágiles, muy diferentes a la abuela Paqui, que parece mucho más joven porque no para ni un momento, pero son cariñosos y, a su manera, divertidos. Se fueron hace años a hacer una cura de aguas medicinales a Luxemburgo, y allí se quedaron.
Para mamá y la tía Rosi lo del agua fue un engaño escandaloso de una agencia de viajes “especializada” en salud. Pero como el abuelo cree que sus pulmones se curaron gracias a ese agua… pues no han querido volver jamás a vivir al país donde nacieron.*
*Aclaración: el agua no es de un manantial perdido en los montes. NO. El agua de Luxemburgo es agua del GRIFO de la ciudad de Luxemburgo. Y sabe igual de mal que la de aquí. Cuando yo era pequeña pensaba que ese agua transmitía poderes. Un día bebí tantísima que me acabé haciendo pipí en un autobús. (Siempre digo que tenía cuatro años pero en realidad tenía siete. #Oleyo)
Como cada año, la comida estaba riquísima y nos lo hemos pasado bien. Mamá, la tía y la abuela Paqui han hecho propuestas cada vez más raras (¿o más serias?) para intentar cambiar el mundo (¿Pagar con horas y no con dinero? ¿Un pequeño campo de cultivo para cada persona en el mundo? ¡¿Nudismo obligatorio?!) Yo he propuesto lo del millón de euros para todos y efectivamente, han pensado que contaba un chiste malo. Manu y Marcelo sí que se han retado a ver quién contaba el peor chiste y, por suerte, como los malos se acababan, han empezado con los buenos y nos hemos reído bastante.

Érase una vez un chiste tan malo tan malo tan malo… ¡que pegaba a los chistes más pequeños! Pfffff…
Y hablando de pequeños, como era previsible, yo he sido la encargada de vigilar que mi queridito primo Juan de dieciocho meses no se matara mientras corría detrás de Rich, Lentejas y Cocodrolo (es su actividad favorita). Los bichos están tan agotados que ahora duermen, juntos, debajo de mi cama.
Finalmente, por fin, ha llegado la hora del concurso anual de NEOTURRONES.
Yo he presentado el “Turrón agridulce de pizza y langostinos”, Manu el “Turrón de chocolate al estilo del súper” (que no era nada más que una barra de turró
