Me llamo Goa 10 - ¡Vaya lío, Goa!

Míriam Tirado

Fragmento

Muerta de miedo… ¡y de los nervios!

Muerta de miedo… ¡y de los nervios!

Esa noche, Julia había dormido fatal: se había desvelado mil veces e incluso había tenido una pesadilla en la que Goa, enfadada, le espetaba que quería irse a vivir con su padre. Para siempre. Se había despertado sudada y con taquicardia. Tantos nervios solo podían deberse a una cosa: que Goa había llegado el día anterior de Inglaterra y ella aún no se había atrevido a contarle que su relación con Pablo ya era «oficial». Primero había pensado que Goa estaba demasiado cansada y que era mejor esperar un rato; luego, por la noche, la había visto tan animada contando el intercambio que no había querido cortarle el rollo y se le había ocurrido que tal vez, justo antes de irse a dormir, tampoco era el momento adecuado.

No, por favorSí, quizá sí que lo estaba alargando innecesariamente, pero es que le daba un miedo tremendo cómo se lo iba a tomar su hija. ¿Y si se enfadaba con ella? ¿Y si se alejaba y, como en su pesadilla, decidía irse de casa? «Julia, te estás pasando de rosca, eso no va a ocurrir, la vida de Goa no va a cambiar tanto, y el hecho de que yo ahora tenga pareja ¡no es ningún drama!». Julia mantenía este diálogo interno para calmarse mientras esperaba a que su hija se despertara. Se lo tenía que contar enseguida, porque ese mediodía Goa se iba a almorzar con su padre y por la tarde, seguramente, iba a quedar con sus amigos… Tenía que ser esa mañana, si no, tendría que volver a esperar hasta la noche, cuando quizá su hija ya estuviera demasiado cansada y poco receptiva. ¡Estaba atacada!

Suerte de los amigosJulia ya había hecho un poco de ejercicio en el salón, había desayunado, se había duchado… y Goa seguía durmiendo. No iba a pasar el aspirador como táctica para despertarla porque sabía que su hija necesitaba dormir tras pasar seis días en Inglaterra, pero quería que se despertara de una vez. Estaba tan nerviosa, que optó por escribir mensajes y desahogarse un poquito:

Ilustración de una mujer mirando el móvil. Le caen gotas de sudor de la sien.

Julia:

Zu, ¿estás ahí? Ahora cuando Goa despierte, le diré que mi relación con Pablo ya es oficial y que algún día estaremos todos juntos. Estoy cagada, ¿y si se enfada? ¡Hemos estado seis días sin vernos y no quiero empezar el fin de semana que estamos juntas con malos rollos! HELP…

Zu:

Tranqui, Julia… Ya vuelves a anticiparte poniéndote en lo peor… Si es que tú y tu hija sois tal para cual, ¿eh? Ja, ja, ja, ja… Todo va a salir bien y, si se enfada, pues tranqui, ya se le pasará. Como decía mi abuela: «Tendrá dos cosas que hacer: enfadarse y desenfadarse».

Julia:

¡Tú siempre lo ves todo chupado!

Zu:

No, tía, pero es que lo que le vas a contar es algo bueno, o sea que ¡no tiene por qué tomárselo mal!

Julia:

¡Ojalá tengas razón!

Zu:

Pero ¿tú estás segura de contárselo justo cuando se levante? Si yo le digo algo a Klaus de buena mañana, me las veo y me las deseo porque ¡le entra una mala leche…! Si yo fuera tú, me esperaría. Seguro que tendrá sueño y estará cansada.

Julia:

Lo he pensado, pero se va a comer con su padre y ya no quiero alargarlo más.

Zu:

Vale, tú misma, pero deja que por lo menos desayune… Con el estómago lleno todo se ve mejor.

Julia:

Sí, eso sí… Esperaré.

A Julia esa dormida matutina de Goa se le hacía eterna y estaba que se tiraba de los pelos. Para matar el rato, siguió enviando mensajes:

Julia:

Pablo, cuando se levante, se lo voy a contar.

Pablo:

Qué bien, qué ganas de que lo sepa… ¡Por fin podremos hacer planes todos juntos!

Julia:

No estoy tan segura… Hoy he soñado que me decía que quería irse a vivir SIEMPRE con su padre y por poco no me muero del susto. ¡Me he levantado sudando y todo!

Pablo:

Ja, ja, ja… Anda ya, ¿cómo va a venirte con esas? Eso no va a pasar… Lo que le dirás es bueno, no puede tomárselo a malas. A Claudia no le sentó bien al principio, pero hablamos y vimos que debajo del cabreo que pilló había otros miedos… Habladlo y todo saldrá bien, ya lo verás.

Julia:

Eso espero. Tengo ganas de verte.

Pablo:

¿Nos vemos mañana?

Julia:

Estoy con Goa.

Pablo:

Y yo con los niños, pero como ya se lo habrás dicho, podríamos quedar todos, ¿no?

Julia:

Uy, espera, no te aceleres … No, mejor que no, quiero darle tiempo para que lo asimile y si quedamos ya mañana, será demasiado. Además, ha vuelto muy cansada. Poco a poco, mejor.

Pablo:

Vale, como tú decidas. ¡Es que tengo tantas ganas…! :) Te quiero.

Julia:

Y yo a ti, amor. Bueno, te dejo y a ver si hago algo de provecho, que con tantos nervios por la conversación con Goa ¡hoy no he hecho nada de todo lo que tenía pendiente!

Pablo:

Ojalá pudiera darte un abrazo de los que quitan los nervios.

Julia:

¡No sabes cómo lo necesito! Venga, hablamos luego.

Julia se sintió tentada de pasar el aspirador, pero miró la hora (las diez y media) y pensó que no, que a pesar de tener muchas ganas de que Goa se levantara, esa mañana la dejaría dormir. Su hija se merecía un buen descanso después del viaje que acababa de hacer.

Ilustración de un aspirador.

Qué bien se duerme en casa

Home sweet home!Cuando Goa abrió los ojos, tuvo que pensar dónde estaba. Cuando se dio cuenta de que se encontraba en su casa, en su cama, con Shanti, su peluche preferido del mundo mundial, sintió una sensación de placer muuuy agradable. ¡Qué bien se dormía en casa! Y qué cansada estaba… Era como si de sopetón le hubiera caído encima todo el agotamiento de la semana en Inglaterra que, con la emoción de estar viviendo tantas cosas, tal vez no había notado del todo. Ahora sí que lo sentía, muchísimo, y le parecía casi imposible salir de la cama y ponerse en pie.

¡Tengo sueño!«Ufff…, ¡me quedaría en la cama todo el día!». De lo único que tenía ganas era de chatear con sus amigos, pero tenía la tableta y el teléfono cargando en el comedor, así que tendría que salir de la cama sí o sí. Se levantó, se miró en el espejo (pero ¡qué cara de cansada, por favor!) y se fue a hacer pis. Enseguida oyó los pasos de su madre, que subía la escalera. Goa no lo sabía, pero Julia se alegró un montón de oír que su hija ya estaba despierta.

—Guapa, buenos días, ¿desayunamos juntas? Bueno, yo ya he desayunado, pero me tomo un segundo café y así charlamos un rato.

—Mamá, que estoy meando… Déjame despertarme con la calma.

—Pero ¿no tienes hambre? Venga, te preparo el desayuno y bajas, ¿vale?

Ilustración de un gif de una niña tumbada en una hamaca con una botella de agua en la mano.

—Pffffff.

Goa quería silencio, agarrar la tableta y volver a meterse en la cama para chatear largo y tendido con sus amigos. Cuando se levantaba, no solía tener mucha hambre y las prisas de su madre para desayunar juntas la aturullaron un poco. Entendía que quisiera hablar con ella (el día anterior se habían visto un ratito y Goa estaba muy cansada), pero ¡tendrían todo el fin de semana! ¿A qué venía tanto interés de buena mañana?

Goa bajó a por su tableta seguida por su madre y se echó en el sofá. Al desbloquearla, vio que ya tenía mensajes de sus amigos:

Ana:

Lo echo muchísimo de menos… Quiero volver a casa de Charlotte y tener su armario lleno de ropa… y volver a la fiesta del último día… No sé… No quiero estar aquí…, ¡qué aburrimiento de vida!

Bruno:

Pero ¿qué dices? Además, en una semana y poco vendrán ellos y la tendrás en casa seis días. ¡No sé de qué te quejas!

Goa:

Buenos días. Estoy como si me hubiese atropellado un camión. ¿No estás cansadísima, Ana?

Ana:

Solo lo echo de menos y tengo ganas de llorar… Quiero volver a Poole… Suerte que esta tarde he quedado con Laura y me hará olvidar las penas.

Bruno:

¡Vaya, veo que vais en serio!

Ana:

Vamos despacito, sin prisa, pero sin pausa… ¡Es taaaaaan mona…! No sé, ahora estamos mucho mejor que la otra vez que estuvimos juntas. Porque vamos más de chill.

Goa:

¡Qué bien, me alegro!

Leo:

¡Buenos días! Estaba durmiendo, pero vuestros mensajes hacen tanto ruido que me habéis despertado.

Ana:

¡Pues silencia el móvil si no quieres que te despertemos!

Leo:

¡Qué bien he dormido en mi casa, por favor! En Inglaterra tenía una cama durísima y dormí fatal, pero hoy… ¡Puf! ¡He dormido doce horas y estoy como nuevo!

Ilustración de una niña con gafas y pelo rizado mirando una tableta sentada en un sofá. A su lado una mujer la mira con sudor en la mejilla.

Que pare yaJulia miraba cómo Goa chateaba con la tableta y se iba poniendo aún más nerviosa. Ansiaba que la dejara para poder desayunar con ella y contarle LA noticia. No quería presionarla, pero no lo pudo evitar:

—Venga, Goa, a desayunar, que ya lo tienes en la mesa. Anda, ven, y así me cuentas cositas de estos días…

El corazón le iba a mil.

—¡Voy!!

Goa:

Oye, os dejo, que se ve que mi madre me ha echado de menos y tiene ganas de que le haga casito y le cuente cosas de la semana que pasamos en Poole… ¡Y yo muriéndome de sueño!

Ana:

Anda, no seas borde y cuéntale que nos perdimos por Londres por vuestra culpa… porque yo estuve superatenta, ja, ja, ja, ja…

Leo:

¡Sí, sobre todo atenta! ¡Qué jeta! ¡Si estabas empanada! Ja, ja, ja…

Goa dejó la tableta sobre el sofá y se sentó a la mesa que había en la cocina. En cuanto vio la tostada con tomate, aguacate y queso, le entró un hambre voraz que ni sabía que tenía.

¿Y ahora qué le digo?

Hacía una hora que Klaus se había despertado y ya se había vestido, había desayunado y estaba a punto de salir hacia el pabellón, donde al cabo de una hora y media jugaría un partido decisivo que determinaría qué equipo sería el ganador de la liga de hockey a la que jugaba. Se moría de ganas y esperaba marcar unos cuantos goles. Le encantaría ganar la liga, pero no sabía si lo conseguirían.

Antes de salir, Zu le dijo:

—Nos vemos en el pabellón, ¿vale? Suerte que Marcus tiene el partido mañana, porque así podemos ir a verte los dos. ¡Qué ganas! Hoy es decisivo, ¡¿eh?!

VergüencitaA la madre de Klaus le encantaba el deporte y solía estar bastante al día de su liga. Era de las que más animaban en la grada, algo que no siempre le gustaba a su hijo:

—A poder ser, hoy no te pongas a chillar como una loca, ¿vale? ¡Que te conozco

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