Prólogo
En cada encrucijada que lleva hacia el futuro, el espíritu
progresista encuentra la oposición de mil hombres
asignados para salvaguardar el pasado.
—Maurice Maeterlinck
En relación con el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, la práctica de la medicina nunca ha estado tan polarizada por la dicotomía entre el reduccionismo y el holismo como hoy en día.
El reduccionismo, aplicado a la práctica de la medicina, adopta la posición de que, para comprender mejor el proceso patológico y finalmente formular e implementar una intervención terapéutica adecuada, tanto la enfermedad como la intervención necesitan reducirse a las partes operativas y a los mecanismos más simples. Muchos han dado crédito al filósofo francés del siglo XVI René Descartes por la codificación de este paradigma. Descartes, en la parte V de su Discurso, describe al mundo como nada más que una máquina de relojería, la cual se puede comprender enteramente a partir de una exploración de sus componentes individuales. Y es claro que el progreso de la ciencia de la medicina en la historia y en el tiempo presente se encuentra bastante marcado por los avances icónicos caracterizados por la dedicación a este enfoque.
Ya sea que hablemos de Antonie Philips van Leeuwenhoek, de utilizar un microscopio monocular para descubrir animálculos (microbios) o la secuencia del genoma humano, los fundamentos de la medicina occidental siguen honrando la noción de que observar con mayor profundidad las partes constitutivas proveerá al fin un conocimiento base capaz de revelar las tan buscadas soluciones para enfrentar los procesos patológicos.
Sin duda, la microscopía llevó a la comprensión de la patofisiología, lo que resultó en avances maravillosos aprovechados para obtener resultados saludables. Sin embargo, la miopía de tomar una filosofía centrada en profundizar hasta la unidad en términos de partes y procesos inevitablemente da pie a sancionar una terapia igualmente centrada en la validación de lo singular. En pocas palabras, abrazar el reduccionismo en la medicina sustenta la ideología de la monoterapia, la idea de que la meta de la investigación médica moderna debería ser el desarrollo de una sola bala mágica diseñada y comercializada para contrarrestar cada enfermedad.
Como lo explicó el doctor Andrew Ahn, médico de Harvard, en un artículo que explora los límites del reduccionismo en la medicina: “El reduccionismo penetra en la ciencia médica y afecta nuestra forma de diagnosticar, tratar y prevenir enfermedades. Si bien ha sido responsable de tremendos éxitos en la medicina moderna, hay límites para el reduccionismo y se debe buscar una explicación alternativa que lo complemente”.
Al momento en que escribo estas páginas, ningún proceso patológico resalta las limitaciones de un acercamiento reduccionista —en relación con la terapia— más que la demencia senil de tipo Alzheimer. Desde luego, la inmersión profunda para desentrañar la etiología de esta enfermedad ahora epidémica ha estado en curso desde hace décadas, respaldada por cientos de millones de dólares. Aplicar una visión reduccionista en realidad ha revelado mecanismos fascinantes quizá involucrados en lo que se manifiesta finalmente como esta enfermedad, que afecta a 5.5 millones de estadounidenses. Pero, por desgracia, ninguna terapia sola o combinada con fármacos tiene ningún efecto en absoluto para modificar el curso inexorable de la enfermedad de Alzheimer.
Como testamento de la tenacidad de la industria farmacéutica, varios medicamentos se venden en Estados Unidos y el mundo con la idea de que “tratan” de alguna manera el Alzheimer. Si bien estas medicinas pueden tener un efecto mínimo en los síntomas del Alzheimer, de nueva cuenta, no proveen aporte alguno respecto a mejorar en sí el resultado final. Como reveló recientemente el doctor Michal Schnaider Beeri en un editorial de la revista Neurology: “A pesar del gran esfuerzo científico para encontrar tratamientos para la enfermedad de Alzheimer (EA), sólo se venden cinco medicamentos, con escasos efectos beneficiosos en los síntomas, en una porción limitada de pacientes, sin modificaciones en el curso de la enfermedad”.
En fechas recientes, la preocupación por la falta de eficacia de estos medicamentos quedó eclipsada por un informe publicado en The Journal of the American Medical Association, el cual revela que los medicamentos comúnmente prescritos para Alzheimer no sólo carecen de eficacia, sino que su uso se asocia en realidad con un deterioro cognitivo más veloz.
En contraste con el reduccionismo, el holismo da más validez a la exploración del bosque en lugar de enfocarse en un solo árbol. Es cierto, un acercamiento holístico a la salud y la enfermedad abraza por completo los descubrimientos de profundas investigaciones científicas, pero la diferencia fundamental en comparación se encuentra al examinar cómo se utiliza la ciencia en relación con el tratamiento en sí mismo de una dolencia. Mientras que el reduccionismo busca una solución que meta gol a la primera, el holismo considera todas y cualquier opción disponible si tienen algo positivo que ofrecer.
Como pronto descubrirás en las páginas siguientes, por primera vez en la vida se pudo desarrollar una intervención terapéutica que trate exitosamente la enfermedad de Alzheimer. El protocolo desarrollado por el doctor Bredesen es holístico por definición. Su programa incorpora los descubrimientos de diversas investigaciones a lo largo de múltiples disciplinas relacionadas con la patogénesis del Alzheimer. Nuestras investigaciones científicas más respetadas han delineado con claridad los mecanismos específicos mediante los cuales una amplia gama de procesos, en apariencia desvinculados, contribuye a la manifestación más extrema de esta enfermedad. Y precisamente porque la enfermedad de Alzheimer se manifiesta a partir de la confluencia de múltiples factores, su remedio requiere la orquestación de diversos instrumentos.
Aunque se ha cuestionado el origen de la frase “La definición de locura es hacer lo mismo una y otra vez, y esperar un resultado diferente”, es incuestionable su relevancia en la búsqueda de un solo enfoque farmacéutico para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. La cordura vence ahora con el reto que hace el doctor Bredesen del statu quo y que bien podría poner fin al Alzheimer.
Doctor David Perlmutter
Naples, Florida
Enero de 2019
PRIMERA PARTE
Alzheimer:
¿La última
generación?
Capítulo 1
Una nueva clase de vacuna
Saber no es suficiente; debemos aplicar el conocimiento.
La voluntad no es suficiente; debemos actuar.
—Leonardo da Vinci
La enfermedad de Alzheimer debería ser —y será— una enfermedad inusual. ¿Te acuerdas de la poliomielitis? ¿Te acuerdas de la sífilis? ¿De la lepra? Todas fueron un azote en un momento u otro, y la enfermedad de Alzheimer comparte características con todas ellas. ¿Cuántas personas conoces que padecen polio, sífilis o lepra hoy en día? Hubo un tiempo en que la poliomielitis llenaba de miedo los corazones de muchos, incluida mi madre. Fue en la década de 1950. Yo iba en preescolar y la gente, al parecer de la nada, quedaba paralizada rápidamente. Algunos morían, otros vivían con severas discapacidades y proliferaban los pulmones de acero. Mi madre me explicó que un experto propuso que las moscas eran portadoras de polio, por lo que debería intentar evitarlas; ¡algo difícil para un niño que corría en el parque y entre los árboles!
Por fortuna, la poliomielitis resultó ser completamente prevenible con vacunación. Ahora necesitamos una vacuna para prevenir la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, una “vacuna” para enfermedades del siglo XXI, como el Alzheimer, se ve muy diferente de la vacuna de la polio: no es una inyección, sino la falta de una. Es un programa personalizado, derivado de la vasta información que cuantifica todos los parámetros críticos —desde el genoma y el microbioma, hasta el metaboloma y el exposoma— que contribuyen a tu deterioro cognitivo, usando un algoritmo computacional para identificar el tipo de Alzheimer (sí, hay más de un tipo y es importante saberlo para prevenirlo y tratarlo con efectividad) y generar un programa óptimo que pueda prevenir o revertir el problema. Si eres resistente a la insulina, por ejemplo, como casi la mitad de la población de Estados Unidos, entonces tienes un mayor riesgo de padecer Alzheimer, pero puede revertirse. Si tienes una inflamación crónica no diagnosticada, como sucede con millones de personas, entonces estás en riesgo de padecer Alzheimer, pero se puede identificar y mitigar. Si tienes una deficiencia de zinc, como 1 000 millones de personas en el mundo, o de vitamina D, entonces tienes un mayor riesgo de deterioro cognitivo, pero se puede atender. Si tienes una infección oculta de Babesia, Borrelia o Ehrlichia por la mordida de una garrapata; infecciones virales, como Herpes simplex o VHH-6, o una exposición desconocida a micotoxinas (venenos producidos por algunos mohos), tienes un mayor riesgo de deterioro cognitivo, pero se puede tratar. Lo que es más importante, si tienes una predisposición genética a desarrollar Alzheimer, como más de 75 millones de estadounidenses, puedes adoptar ahora un programa para evitarlo o resolverlo, como hemos publicado en repetidas ocasiones a lo largo de varios años.
Así es como se ve una “vacuna” del siglo XXI para el Alzheimer: sin piquetes de aguja, sin tiomersal, sin mercurio, sin el riesgo de desarrollar síndrome de Guillain-Barré (parálisis), y, de alguna manera, es todavía más efectiva que las vacunas tradicionales. Así como hubo proyectos a nivel global para vacunar contra la viruela, debería haber proyectos globales para prevenir y revertir el deterioro cognitivo utilizando la “vacuna” del siglo XXI. Ésta es la forma de erradicar las enfermedades que nos están matando hoy: enfermedades crónicas complejas, como Alzheimer, Parkinson, degeneración macular, enfermedad cardiovascular, hipertensión, diabetes tipo 2, cáncer y otras. Todas deberían —y pueden— ser enfermedades poco comunes, en lugar de las omnipresentes que contribuyen a nuestra mala salud que son en la actualidad.
Nina vino a verme “para prevenir la enfermedad de Alzheimer”. Dijo que su abuela había desarrollado demencia a los 60 y que su madre sólo tenía 55 cuando empezó a tener problemas para encontrar una palabra correcta para hablar y perdió la capacidad de hacer operaciones sencillas, como calcular una propina. Se deterioró y le diagnosticaron enfermedad de Alzheimer, algo que Nina quería evitar de ser posible. El experto que consultó antes le dijo la frase estandarizada: “No hay nada que prevenga, revierta o retrase el Alzheimer”.
Tenía una sola copia del gen común de riesgo de Alzheimer, ApoE4, como otros 75 millones de estadounidenses. Seguramente heredó su gen ApoE4 de su madre y su abuela, y es probable que haya sido el factor genético más importante en el desarrollo de su demencia. También tenía un historial de límites bajos de vitamina B12 y poca vitamina D.
Aunque sólo tenía 48 años y en sí no presentaba problemas cognitivos —ella creía ser una de las personas “sanas que se preocupan”—, sacó una calificación baja en su Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA, Montreal Cognitive Assessment), una prueba simple y rápida que analiza varios tipos de funciones cerebrales, como memoria, organización, cálculo y habilidad verbal. La mayoría de nosotros debería obtener en el MoCA entre 28 y 30 puntos de un total de 30, si es posible, pero Nina sacó 23 nada más, lo que fue indicio de que ya padecía un leve deterioro cognitivo, una condición pre-Alzheimer. Otros exámenes neuropsicológicos confirmaron este diagnóstico: se encaminaba directamente hacia la demencia que por desgracia desarrollaron su madre y su abuela.
Nina comenzó el programa que mi grupo de investigación y yo desarrollamos, llamado ReDECO (para revertir el deterioro cognitivo), y después de varios meses notó un cambio muy importante. Dijo: “No tenía idea de qué tan mal estaba mi cabeza hasta que mejoré”. Sacó una calificación perfecta de 30 en el MoCA y ha conservado su avance hasta ahora. Me escribió un correo: “Gracias por la oportunidad de participar en este programa. Me salvó la vida y estaré siempre agradecida”.
Quizá pienses: “Claro, Nina mejoró, pero todavía estaba en una etapa relativamente temprana del deterioro cognitivo. ¿Y si hubiera tenido un estado avanzado de Alzheimer?”. Permíteme contarte de Claudia.
Claudia es una mujer de 78 años que desarrolló deterioro cognitivo y progresó hasta tener un Alzheimer severo. Su resultado del MoCA fue cero. No podía hablar más que para decir un ocasional sí o no. No podía andar en bicicleta, no se podía vestir sola y era incapaz de cuidar de sí misma. La evaluamos y comenzamos el protocolo personalizado para sus propios inductores de deterioro cognitivo. Sus pruebas indicaron diversos factores que no se habían identificado antes, entre ellos micotoxinas producidas por moho. Salió negativa, pero mostraba resistencia a la insulina. La trataba Mary Kay Ross, una doctora extraordinaria, experta en pacientes con exposiciones a biotoxinas. Claudia tuvo subidas y bajadas al eliminar la exposición, optimizar su desintoxicación, ajustar su dieta y comenzar distintos apoyos sinápticos, pero en los cuatro meses siguientes empezó a mejorar: recuperó su capacidad de hablar, empezó a mandar correos otra vez, se ponía sola las prendas básicas de ropa, andaba en bicicleta y hasta bailaba con su marido.
Su esposo escribió: “Hoy salimos a dar un buen paseo y me agradeció que la sacara para que pudiera observar cosas. Señaló muchas, como las nubes rosas por el sol del atardecer. Después nos sentamos juntos y platicamos, y le leí cada una de las entradas del blog, explicándole todo lo que ha pasado en cada etapa del camino. Y dijo: ‘Me parece que voy a estar bien y voy a poder disfrutar las cosas otra vez’”.
Debo añadir que Claudia es la excepción, no la regla. En sí, entre más pronto comiences el protocolo, será más probable que tengas un resultado positivo y una respuesta más completa a él. Aun así, como ilustra el caso de Claudia, algunas personas que se encuentran muy adelantadas en el curso de su enfermedad han demostrado una mejoría notable. Asimismo, tal mejoría —de hecho, cualquier mejoría— era impensable hace unos años, y sigue siéndolo para muchos que insisten en usar métodos estandarizados con un solo medicamento.
Enfermedades simples (como la neumonía) vs. enfermedades complejas (como el Alzheimer). Las enfermedades simples tienen muchos factores, pero uno solo es por mucho el dominante, así que un medicamento único, como la penicilina, es curativo la mayoría de las veces. En cambio, las enfermedades complejas por lo general tienen muchos factores, pero no hay uno solo que sea claramente el dominante, así que identificar y tratar los múltiples factores con un protocolo preciso es el método más efectivo de tratamiento.
Pero volvamos con Nina. Nina continúa con la “vacuna” del siglo XXI para el Alzheimer, un programa médico preciso y personalizado que analiza y atiende los parámetros bioquímicos que contribuyen al Alzheimer. Esta “vacuna” del siglo XXI no sólo sirve para prevenir, sino para revertir fases tempranas, algo que las inyecciones del siglo XX no hacen. Pero eso no es todo: además de prevenir y revertir, es un estímulo para la capacidad cognitiva a cualquier edad. Ya sea que estés en tus 40 u 80, o incluso en tus 20, usar el protocolo aquí descrito debe aumentar tu capacidad cognitiva, optimizar tu enfoque y desempeño, afinar tu memoria y mejorar tu habla.
La historia de Nina demuestra una de las lecciones importantes: el deterioro cognitivo suele pasarte desapercibido. De hecho, el premio Nobel Richard Feynman —el Einstein de la segunda mitad del siglo XX— desarrolló deterioro cognitivo que resultó consecuencia de un hematoma subdural (un coágulo que presionaba su cerebro). Cuando retiraron el hematoma y su inteligencia regresó, comentó la falta de información que uno mismo tiene sobre su propio peligro cognitivo. Así, estas complejas enfermedades crónicas actúan como una boa constrictora: cuando te atrapan, pasan años antes de que sientas la presión… se enroscan alrededor y quizá tengas un momento de ancianidad o dos, o tal vez olvides dónde estacionaste el coche, pero piensas: Le pasa a todo mundo. Incluso tu médico no puede ver la constricción que acecha. Hasta que es demasiado tarde y tienes una enfermedad terminal avanzada. Ésta es la buena noticia: el talón de Aquiles de todas estas enfermedades crónicas complejas es que podemos verlas venir años antes, dándonos suficiente oportunidad para prevenirlas (está bien, las boas no tienen talones, lo sé, pero comprendes el punto: podemos conquistar pronto estas enfermedades). Lo único que debemos hacer es molestarnos en buscar.
Por desgracia, es exactamente lo que no sucede.
Espera, ¿¡qué!? ¿Podemos atender un problema de salud de billones de dólares a nivel mundial, salvar millones de vidas, prevenir el absoluto terror de la demencia, mantener intactas incontables familias, evitar los asilos e incrementar la salud integral, pero no nos molestamos en detectar o atender los anillos constrictivos mientras nos aprietan durante años? ¿Cómo es posible? Es trágico, pero sucede por varios motivos. Como lo describió un ejecutivo del sector salud: “¿Por qué ayudaríamos a nuestros competidores? La mayoría de los pacientes no siguen nuestros planes de salud demasiados años antes de cambiar a otro, así que, si instituimos la prevención, estamos sencillamente ayudando a nuestra competencia, lo que por supuesto no vamos a hacer”. Alguien debió decirle a esta avariciosa sanguijuela que el enemigo es la enfermedad, no otra empresa de servicios sanitarios. Imagina sentarte en tu costosa y enorme oficina, y tomar una decisión consciente que resultará en el sufrimiento innecesario de miles de familias, sólo para ganar un poco más de dinero. No creo que la mayoría de nosotros pudiera hacerlo.
No obstante, ésa no es la única razón de que el Alzheimer nos sorprenda a tantos. Las consultas médicas limitadas a siete minutos, la falta de reembolso por análisis clave que se necesita, minimizar las pruebas para incrementar las ganancias y la falta de enseñanza de nuevos principios en la medicina son factores importantes. Como me dijo el director de una de las escuelas de medicina más respetadas del país: “Nos gustaría enseñar estas nuevas aproximaciones a los estudiantes de medicina, pero no lo podemos hacer hasta que estén aceptadas por todos los médicos”. Y claro está, todos los doctores no las van a aceptar hasta que se enseñen en las escuelas de medicina. Trampa 22. Así pues, Silicon Valley nos guía hacia el siglo XXII y el sistema médico nos guía de vuelta al XIX…
Hace años salió una parodia graciosísima en Saturday Night Live en la que el presidente de USAir comentaba los diversos problemas ocurridos con la acosada aerolínea, concluyendo con el animado y reconfortante eslogan: “USAir, ¡aprendemos algo de cada avionazo!”. La idea de que una aerolínea no se enfocara en prevenir los accidentes sonaba indignante —humor negro por completo—, pero es exactamente la visión que el sistema sanitario utiliza con nosotros, sus víctimas… eh, quiero decir pacientes. Ahora tenemos la capacidad de prevenir y revertir el deterioro cognitivo, así como otras enfermedades crónicas complejas, y debemos convertirlo en el cuidado estándar si queremos conservar nuestra cognición y evitar la bancarrota de la asistencia médica, entre muchas otras consecuencias relevantes.
Así pues, si nuestros médicos no pueden hacer los análisis adecuados para predecir y prevenir el deterioro cognitivo, y si no podemos tomar los pasos críticos para prevenirlo, entonces muchos de nosotros —alrededor de 45 millones de la población actual— desarrollaremos Alzheimer, que se ha convertido en la tercera causa de muerte, algo inquietante.1 * Al volvernos sintomáticos, es probable que busquemos la evaluación de un experto, quien nos dirá: “Es enfermedad de Alzheimer”. Esto es parecido a llevar tu automóvil al mecánico porque no funciona bien y que éste diga: “Oh, sabemos exactamente qué es, pasa todo el tiempo: se llama síndrome del automóvil que no funciona. Tiende a pasar con autos viejos. No hay una causa conocida y no hay cura. Tu automóvil se va a morir”. Cuando frunces el ceño y le preguntas al experto si planea hacer pruebas que puedan identificar la causa original del problema, su respuesta es: “No, no hacemos pruebas; no son reembolsables”. Por eso recomiendo que, así como todos estamos conscientes de la necesidad de hacernos una colonoscopía después de los 50, debemos hacernos una “cognoscopia” al cumplir 45 (o lo más pronto posible después de esta edad), una serie de análisis de sangre y una sencilla evaluación cognitiva en línea para saber qué hacer para prevenir el deterioro cognitivo, para que de hecho podamos convertir el Alzheimer en una enfermedad rara, tal y como debería ser.
El Alzheimer es la tercera causa de muerte en Estados Unidos. Además, mientras que las enfermedades comunes, como cardiopatía e infarto, están disminuyendo, el Alzheimer va en aumento.
Una “cognoscopia” incluye una serie de análisis de sangre para revelar el riesgo de Alzheimer, una sencilla valoración cognitiva en línea que tarda 30 minutos aproximadamente y un estudio volumétrico por resonancia magnética (la resonancia es opcional para quienes no tengan síntomas, pero sí se recomienda a las personas que ya muestren síntomas de deterioro cognitivo).
Ahora veamos lo que es realmente el Alzheimer: cómo podemos comprenderlo en verdad, por qué es tan común y, lo más importante, cómo podemos prevenirlo y revertir en sí el deterioro cognitivo y conservar los avances, tal y como hemos hecho ahora con cientos de pacientes.2 Es lo que mis colegas en el laboratorio y yo hemos investigado durante 30 años. En 2011 propusimos la primera prueba completa para la enfermedad de Alzheimer, basada en nuestros hallazgos, los cuales nos demostraron que debíamos evaluar y atender docenas de factores contribuyentes si queríamos tratar los precursores subyacentes de la enfermedad, en lugar de emplear el típico tratamiento con un solo medicamento (monoterapia) que tanto ha fallado. Por desgracia, el Comité de Revisión Institucional (CRI) rechazó la prueba por considerarla demasiado complicada y que no se ajustaba al estándar común en el que cada prueba sólo evalúa un medicamento o un tratamiento. Por supuesto, nuestra respuesta fue que el Alzheimer no es una enfermedad simple de una sola variable y, por ende, no se presta al tratamiento estándar con un único medicamento. Tristemente, nuestra respuesta cayó en saco roto.
¿Por qué nuestros años de investigación en el laboratorio dictaron una aproximación tan atípica? Porque los descubrimientos sugirieron un verdadero cambio de paradigma en nuestra forma de prevenir y revertir el deterioro cognitivo (por añadidura, otras enfermedades neurodegenerativas y, de hecho, la mayoría de las enfermedades crónicas complejas): no una bala de plata, sino un escopetazo de plata.
Juego de tronidos. Las monoterapias (medicamentos únicos) para el Alzheimer y otras enfermedades crónicas complejas han fallado repetidamente más de 400 veces. Incluso los “éxitos” no mejoran la cognición de manera sustentable ni modifican el deterioro cognitivo.
Mientras que la aproximación de “bala de plata” ha fallado, una aproximación de “escopetazo de plata” ya aportó los primeros casos de éxito para revertir el deterioro cognitivo.
Así es como funciona: han surgido muchas, muchas teorías sobre la enfermedad de Alzheimer. Se ha sugerido que se debe a los radicales libres, al calcio, al aluminio, al mercurio, a las proteínas amiloides, a las proteínas tau, a los priones (proteínas replicantes), a la diabetes cerebral (“diabetes tipo 3”), al daño en las membranas, al daño mitocondrial (los centros de energía de las células), al envejecimiento del cerebro, etcétera. Pero no existe una sola teoría que señale un tratamiento efectivo a pesar de los miles de millones de dólares que se han invertido en pruebas clínicas y el desarrollo de fármacos.
En cambio, nuestro descubrimiento revela cómo prevenir y tratar el Alzheimer: en el corazón de la enfermedad de Alzheimer se encuentra un interruptor llamado proteína precursora de amiloide (PPA, o APP en inglés), la cual sobresale de tus neuronas. La PPA responde de dos formas contrarias dependiendo de su ambiente. Es igual que si fueras presidente del país Micerebrostán. Cuando las cosas van bien, las arcas son boyantes, no hay guerras, no hay inflación descontrolada ni una terrible contaminación que limpiar, tú decides que es un tiempo propicio para construir y conservar la infraestructura de tu nación. Así pues, envías las órdenes adecuadas y se construyen nuevos edificios, ocurren nuevas interacciones y se extiende más la red del país. Es lo que sucede en tu cerebro momento a momento cuando tienes niveles óptimos de nutrientes, hormonas y factores de crecimiento (es decir, las arcas están llenas); cuando no hay patógenos ni una inflamación asociada (o sea, no hay guerras); no tienes resistencia a la insulina (esto es, no hay una inflación descontrolada), y no tienes una exposición considerable a toxinas (es decir, no hay una contaminación excesiva). Por tanto, tu PPA indica crecimiento, y lo hace cuando la cortan unas tijeras moleculares llamadas proteasas en un lugar específico llamado sitio alfa, fragmentándose así en las dos piezas de crecimiento y mantenimiento (péptidos), sAPPα (que hace referencia al fragmento de PPA soluble escindido en el sitio alfa) y αCTF (el fragmento carboxiterminal —la parte trasera de la proteína PPA— del clivaje en el sitio alfa). Esto resulta en una señalización sinaptoblástica (de la palabra griega para “germinar” o “producir”), creando las sinapsis (conexiones) que tu cerebro necesita para la memoria y la cognición en general.
Ahora imagina que, en tu segundo mandato como presidente de Micerebrostán, las cosas cambian. Las arcas ya no están llenas, así que ya no puedes construir ni arreglar la infraestructura; invasores cruzan tus fronteras, así que envías napalm para detener el avance del enemigo; hubo inflación durante los años buenos, así que tomas todavía más de las arcas para financiar cualquier clase de crecimiento, y la débil infraestructura ha generado una grave contaminación, por lo que debes comenzar a limpiar todo. Esto sucede en tu cerebro durante la enfermedad de Alzheimer y en los años de deterioro cognitivo que conducen a un Alzheimer avanzado: la falta de apoyo de nutrientes, hormonas y factores tróficos requiere minimizarse; los microbios y los fragmentos inflamatorios se combaten con los mismos amiloides que asociamos con la enfermedad de Alzheimer,3 muy parecidos al napalm; la resistencia insulínica implica que la insulina secretada simplemente no es efectiva para mantener vivas las neuronas (la insulina por lo general es una potente molécula de apoyo para las células del cerebro, y de hecho, cuando cultivas neuronas en un laboratorio, la insulina es esencial para su salud y vitalidad), y las amiloides atan toxinas como el mercurio.
Para poder atender estas múltiples agresiones, la PPA se escinde en diversos sitios, pero no en el sitio alfa, lo que ocurre cuando las cosas van bien, sino en los sitios beta, gamma y caspasa, produciendo cuatro fragmentos: sAPPβ (PPA soluble con clivaje en el sitio beta), Aβ (el péptido amiloide que asociamos con la enfermedad de Alzheimer), Jcasp (el fragmento yuxtamembranoso que se corta en el sitio de la caspasa, al extremo de la proteína) y C31 (los últimos 31 aminoácidos de la proteína). Como podrás imaginar, estos cuatro fragmentos —los “cuatro jinetes” (en analogía con los Cuatro Jinetes del Apocalipsis)— indican reducciones en lugar de crecimiento. Esto se conoce como señalización sinaptoclástica (de la palabra griega para “romper”), eliminando sinapsis.
Ahora volvamos a Micerebrostán una vez más e imaginemos que te acaban de elegir para un tercer mandato (¡sí, puedes gobernar en tres periodos en Micerebrostán!), pero tu país se dividió en Micerebrostán del Norte y Micerebrostán del Sur, así que puedes ser el líder de uno u otro… ¿Cuál vas a elegir? Micerebrostán del Norte es un país belicoso que ha decidido emplear sus recursos en defensa (y ataque), mientras que Micerebrostán del Sur concentra sus recursos en la investigación y el desarrollo. Cada uno, por lo tanto, tiene ventajas y desventajas específicas. Es la forma en que tu genética influye en tu riesgo de padecer Alzheimer: aunque existen docenas de genes que tienen un papel en ese riesgo, el riesgo genético más común es a través de un solo y realmente impresionante gen llamado ApoE, por apolipoproteína E. Tienes dos copias —una de tu madre y una de tu padre—, así que podrías terminar sin ninguna copia de la versión de alto riesgo de ApoE, que es ApoE4, o con una copia o dos. Cerca de tres cuartas partes de la población —casi 240 millones de estadounidenses— tienen cero copias (la mayoría de la gente es ApoE3/3, así que tenemos dos copias de ApoE3 y cero copias de ApoE4), y el riesgo de por vida de desarrollar Alzheimer es de 9%, aproximadamente.
La PPA (proteína precursora de amiloide) es un interruptor molecular que se puede cortar para producir dos fragmentos (péptidos), los cuales median entre el crecimiento y el mantenimiento sináptico —señalización sinaptoblástica—, o alternan para producir cuatro fragmentos que median entre la pérdida de sinapsis y la retracción de neuritas —señalización sinaptoclástica—.
Sin embargo, alrededor de un cuarto de la población —más de 75 millones— tiene una sola copia de ApoE4, lo que conlleva un riesgo de por vida de más o menos 30 por ciento.
Por último, una pequeña cantidad de personas —sólo 2%, o poco menos de 7 millones de estadounidenses— tiene dos copias y un riesgo muy alto de por vida —superior a 50%—, así que es más probable que desarrollen Alzheimer en lugar de evitarlo. En la segunda parte de este libro escucharás directamente a Julie, que tiene dos copias de ApoE4 y experimentó síntomas significativos de deterioro cognitivo, pero se recuperó de una manera tan estupenda, que ha sido una colaboradora invaluable para este libro.
Si tienes un gen ApoE4, eres el gobernante de Micerebrostán del Norte; enfocaste tus recursos en la defensa y, por ende, resistes a los invasores. Quienes poseen ApoE4 resisten parásitos y otras infecciones, y tienen, por consiguiente, una ventaja en condiciones precarias. De hecho, se ha sugerido que esta resistencia relacionada con el ApoE4 fue uno de los principales factores que permitieron a nuestros ancestros, los primeros homínidos, bajar de los árboles y caminar por la sabana, lastimando sus pies, pero limitando las infecciones mortales. Esto tiene sentido por el hecho de que el ApoE4 fue el ApoE primordial para los homínidos. Todos nuestros ancestros fueron ApoE4/4 hasta hace 220 000 años —en otras palabras, durante 96% de nuestra evolución como homínidos—, cuando apareció el ApoE3. No obstante, desde que desarrollamos una respuesta inflamatoria abrupta (ideal para comer carne cruda y sobrevivir heridas, pero que desgasta nuestro cuerpo con los años), hemos aumentado el riesgo de padecer condiciones relacionadas con la inflamación, como la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad cardiovascular.
Si no tienes ApoE4, eres el gobernante de Micerebrostán del Sur: diriges tus recursos a la investigación y el desarrollo (por ejemplo, menos inflamación, un metabolismo más eficiente, más longevidad). Quienes no tienen ApoE4 son más susceptibles a la invasión de depredadores, como parásitos, pero si pueden evitarlos, el bajo nivel de inflamación se asociará con un menor riesgo de Alzheimer y enfermedad cardiovascular, y en promedio con unos cuantos años más de vida.
Ahora puedes ver que llamamos Alzheimer a lo que en realidad es una respuesta protectora a estas distintas agresiones: microbios y otros agentes inflamatorios, resistencia a la insulina, toxinas y la falta de apoyo de nutrientes, hormonas y factores de crecimiento. Es un programa de reducción protectora. En otras palabras, el Alzheimer es un cerebro en retirada —una retirada en desbandada— que sufre sus propios daños colaterales mientras retrocede, pero su deterioro cognitivo se puede prevenir o revertir atendiendo los mismos factores que contribuyen a este desequilibrio entre la señalización sinaptoblástica y la señalización sinaptoclástica.
Micerebrostán del Norte vs. Micerebrostán del Sur. Micerebrostán del Norte vierte sus recursos en la defensa y la guerra, y así es análogo con las células y los individuos ApoE4 positivos, mientras que Micerebrostán del Sur dirige sus recursos a la investigación y el desarrollo, análogo a los individuos ApoE4 negativos.
De hecho, hace poco publicamos un artículo que describe a 100 pacientes, algunos con Alzheimer y otros con pre-Alzheimer, pero todos con mejorías documentadas y cuantificadas.4 No sólo mejoró la cognición, sino que algunos pacientes también realizaron electroencefalogramas cuantitativos (miden la velocidad de las ondas cerebrales, que suele disminuir con la demencia), los cuales también mostraron una mejora, o realizaron resonancias magnéticas (que detectan el encogimiento en varias regiones del cerebro), que también demostraron un cambio positivo. No quiere decir que todas las personas que siguen el protocolo responden, ya que no es el caso, pero hemos documentado mejorías sin precedente y, sobre todo, mejorías sostenidas al usar este método dirigido y programático.
Entonces, ¿cómo se pueden traducir de forma exacta estos conceptos en un plan factible que cada uno de nosotros pueda utilizar? Precisamente de eso se trata este libro. Leerás todos los detalles necesarios para adoptar tu propio programa dirigido y personalizado para incrementar tu cognición, ya sea que elijas hacerlo con tu médico, coach de salud u otro profesional, o por tu cuenta.
En mi libro anterior, El fin del Alzheimer, señalé la investigación científica que nos llevó al desarrollo del protocolo ReDECO y describí la primera versión y su éxito. En más de ocho años desde que el primer paciente inició su protocolo en 2012 hemos recabado una cantidad tremenda de información sobre lo que se necesita para optimizar el método y todos los componentes. Hemos entrenado a más de 1 500 médicos de 10 países y por todo Estados Unidos. El libro se ha traducido a 31 idiomas y hemos recibido más de 40 000 preguntas y comentarios. Una de las sugerencias más comunes fue que ofreciéramos más detalles sobre el protocolo, además de actualizaciones. Por tanto, el presente libro está repleto de detalles, páginas web, recursos, soluciones para trabas e información novedosa con la meta de dar a todos la mejor oportunidad para alcanzar el éxito cognitivo, disminuir la carga mundial de la demencia y estimular la cognición a nivel integral para quienes no sufren de demencia.
Empecemos con lo básico. Si estás experimentando o te encuentras en riesgo de desarrollar deterioro cognitivo, o si tu meta es mejorar tu cognición, simplemente querrás incrementar todos los factores que contribuyen a tu señalización sinaptoblástica y reducir todos los de tu señalización sinaptoclástica. Para ello es preciso que conozcas los factores potenciales:
- ¿Estás inflamado actualmente? Es fácil de comprobar. Es preciso que conozcas tus niveles de hs-CRP (proteína C reactiva de alta sensibilidad). También puedes tener cierta idea a partir de tu índice de A/G (proporción de albúmina a globulina). Si hay inflamación presente, necesitas saber por qué, qué la está provocando. Es vital, ya que obtendrás los mejores resultados si eliminas su causa o causas. Ten cuidado: aunque algunos presentan síntomas de inflamación, como artritis o trastorno intestinal inflamatorio, muchos no los tienen hasta que existe un deterioro cognitivo o se produce un ataque cardiaco o un infarto. Una de las causas más comunes de inflamación crónica es el intestino permeable, el paso de bacterias, fragmentos de bacterias y otros microbios, moléculas de comida no digeridas en su totalidad y otras moléculas que ingresan al torrente sanguíneo, incitando una respuesta inflamatoria. Otra causa usual es el síndrome metabólico, la combinación de hipertensión (presión arterial alta), colesterol alto, glucosa elevada (diabetes o prediabetes) e inflamación, asociados con una dieta alta en azúcares o en carbohidratos simples.5 Una tercera causa frecuente es tener mala dentadura: periodontitis (inflamación alrededor de los dientes) o gingivitis (inflamación de las encías).
- ¿Tienes resistencia a la insulina? También es fácil de comprobar. Necesitas saber tus niveles de insulina en ayunas, y a la vez podrías obtener información complementaria de tu hemoglobina A1c y tu glucosa en ayunas. Si hay diabetes en tu familia, deberías añadir una prueba más —la más sensible—, un análisis oral de tolerancia a la glucosa con niveles de insulina.
- ¿Tienes niveles óptimos de nutrientes, hormonas y factores tróficos (factores de crecimiento)? Podemos determinar la mayoría de ellos con un sencillo análisis de sangre, como vitamina B12, vitamina D, homocisteína y T3 libre, todos dentro de la “cognoscopia” que recomendamos para cualquiera mayor de 45 años. Si bien todavía no existen buenos análisis clínicos para determinar los niveles cerebrales de la mayoría de los factores tróficos, tenemos métodos para mejorarlos. Al final, es muy útil asegurar que tu oxígeno y tu glucosa no bajen demasiado en la noche, y puedes corroborar tu oxígeno con un oxímetro (tu médico puede prestarte uno o lo puedes comprar) y tu glucosa con un monitor, como FreeStyle Libre, de Abbott Labs.
El cuadro 1 detalla los niveles indicados para varios nutrientes, hormonas y toxinas. A partir de tus resultados y tu presentación, quizá tu médico quiera pedirte pruebas adicionales.
Cuadro 1
Valores indicados de análisis bioquímicos y fisiológicos asociados con la cognición
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Pruebas esenciales |
Valores indicados |
Comentarios |
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Inflamación, protección y vascular |
hs-CRP |
<0.9 mg/dl |
Inflamación sistémica |
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Insulina en ayunas Glucosa en ayunas Hemoglobina A1c HOMA-IR |
3.0-5.0 μUI/ml* 70-90 mg/dl 4.0-5.3% <1.2 |
Marcadores de glucotoxicidad y resistencia a la insulina |
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Índice de masa corporal (IMC) |
18.5-25 |
Peso (kg) / altura (m)2 |
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Índice de cintura a cadera (mujeres) Índice de cintura a cadera (hombres) |
<0.85 <0.9 |
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Homocisteína |
≤7 μmol/l |
Refleja la metilación, la inflamación y la desintoxicación |
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Vitamina B6 Vitamina B9 (folato) Vitamina B12 Vitamina C Vitamina D Vitamina E |
25-50 mcg/l (PP) 10-25 ng/ml 500-1500 pg/ml 1.3-2.5 mg/dl 50-80 ng/ml 12-20 mg/l |
Mejora la metilación y baja la homocisteína |
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Índice de omega-6 a omega-3 |
1:1 a 4:1 (ten en cuen |
