A HOMBROS DE GIGANTES
Yo no soy el experto. Soy el guía y el explorador.
Si encuentras algo que te asombra en este libro, es gracias a las brillantes mentes que contribuyeron como fuentes, críticos, colaboradores, correctores de pruebas y referencias. Si encuentras algo ridículo en este libro, es porque escuché sus consejos.
Si bien me hallo en deuda con centenares de personas, deseo dar las gracias principalmente a unos cuantos, que incluyo aquí en esta lista (hay más en los agradecimientos).
Alexandra Carmichael
Andrew Hyde
Ann Miura-ko
Barry Ross
Ben Goldacre
Brian MacKenzie
Casey Viator
Chad Fowler
Charles Poliquin
Charlie Hoehn
Chris Masterjohn
Chris Sacca
Club H Fitness
Craig Buhler
Daniel Reda
Dave Palumbo
David Blaine
Dean Karnazes
Dorian Yates
Doug McGuff
Dr. John Berardi
Dr. Justin Mager
Dra. Lee Wolfer
Dra. Mary Dan Eades
Dr. Michael Eades
Dr. Ross Tucker
Dr. Seth Roberts
Dr. Stuart McGill
Dr. Tertius Kohn
Dr. Timothy Noakes
Dustin Curtis
Ellington Darden
Equipo Dexcom
(en especial Keri Weindel)
Equipo OneTaste
El Kiwi
Eric Foster
Gary Taubes
Gray Cook
Jaime Cevallos
J. B. Benna
Jeffrey B. Madoff
Joe De Franco
Joe Polish
John Romano
Kelly Starrett
Marie Forleo
Mark Bell
Mark Cheng
Marque Boseman
Marty Gallagher
Matt Brzycki
Matt Mullenweg
Michael Ellsberg
Michael Levin
Mike Mahler
Mike Maples
Nate Green
Neil Strauss
Nicole Daedone
Nina Hartley
Pavel Tsatsouline
Pete Egoscue
Phil Libin
Ramit Sethi
Ray Cronies
Scott Jurek
Sean Bonner
Tallulah Sulis
Terry Laughlin
Thomas Billings
Tracy Reifkind
Trevor Clairborne
Violet Blue
William Llewellyn
Yuri V. Griko
Zack Even-Esh
Para mis padres, que enseñaron a un pequeño demonio que ir a contracorriente era algo bueno. Los quiero a ambos y les debo todo. Mamá, perdóname por tanto experimento delirante.
Demos apoyo a la buena práctica científica: el 10 por ciento de los derechos de autor se donan a investigaciones orientadas a tratamientos terapéuticos, incluida la excelente labor del Hospital Pediátrico de Investigación St. Jude.
AVISO DE RESPONSABILIDAD DE TIM
Por favor, no cometas la estupidez de matarte. Sería un disgusto para ti y para mí. Consulta a un médico antes de llevar a cabo cualquiera de las sugerencias de este libro.
AVISO DE RESPONSABILIDAD DEL EDITOR
El material de este libro tiene solo una finalidad informativa. Dado que cada situación concreta es única, usa tu propio criterio, consultando a un especialista en cuestiones de salud, antes de iniciar la dieta, los ejercicios y las técnicas descritos en este libro. El autor y el editor no se hacen responsables explícitamente de ningún efecto adverso que pudiera derivarse del uso o la aplicación de la información contenida en este libro.
EMPECEMOS POR AQUÍ
¿MÁS DELGADO, MÁS RÁPIDO, MÁS FUERTE?
Cómo usar este libro
MOUNTAIN VIEW, CALIFORNIA, 22 H., VIERNES
¿Registra la historia algún caso en que la mayoría tuviera razón?
Robert Heinlein
Me encantan los experimentos de tontos. Yo los hago continuamente.
Charles Darwin
Esa noche había concierto de rock en el anfiteatro Shoreline.
Más de veinte mil personas se habían reunido en el mayor espacio destinado a actuaciones musicales del norte de California con la intención de oír a Nine Inch Nails, a todo volumen, en la que debía ser su última gira.
Entre bastidores se desarrollaba otro entretenimiento poco común.
—He entrado en el retrete para hacer mis cosas y de pronto miro a un lado y veo asomar la cabeza de Tim por encima del tabique divisorio. El muy demente estaba haciendo sentadillas en el cuarto de baño sin decir ni pío.
Glenn, videógrafo y amigo, se echó a reír al imitar mi técnica. Para ser sinceros, debería haber acercado más los muslos al plano paralelo.
—Cuarenta sentadillas, para ser exactos —añadí.
Kevin Rose, fundador de Digg, uno de los quinientos sitios web más populares del mundo, se sumó a las risas y levantó una cerveza para brindar por el incidente. Yo, por mi parte, estaba impaciente por pasar ya al número principal de la noche.
En los siguientes 45 minutos, consumí casi dos pizzas de pollo a la barbacoa tamaño grande y tres puñados de un cóctel de frutos secos, por un total acumulado de unas 4,400 calorías. Era mi cuarta comida del día, y había desayunado dos vasos de jugo de pomelo, una buena taza de café con canela, dos cruasanes de chocolate y dos bollos de almendras y pasas.
La parte más interesante de la historia empezó cuando Trent Reznor había abandonado ya el escenario hacía rato.
Unas 72 horas más tarde, poco más o menos, calculé mi porcentaje de grasa corporal con un analizador ultrasónico diseñado por un físico del laboratorio nacional Lawrence Livermore.
Según el gráfico de la evolución de mi último experimento, había pasado de un 11.9 por ciento a un 10.2 de grasa corporal, una reducción del 14 por ciento de la grasa total en mi cuerpo, en 14 días.
¿Cómo? Con dosis tomadas a determinadas horas de ajo, azúcar de caña y extractos de té entre otras cosas.
El proceso no exigía un gran esfuerzo. No era difícil. Sólo se requerían pequeños cambios. Pequeños cambios que, si bien eran mínimos por separado, redundaban en cambios enormes al combinarlos.
¿Quieres prolongar el período de semivida de la cafeína como quemadora de grasas? La clave es la naringenina, una útil molécula presente en el jugo de pomelo.
¿Tienes que aumentar la sensibilidad a la insulina antes de darte un atracón una vez por semana? Añade un poco de canela a tus pasteles el sábado por la mañana, y lo habrás conseguido.
¿Quieres reducir la glucosa en sangre durante 60 minutos mientras disfrutas de una comida rica en carbohidratos sin sentirte culpable? Hay media docena de opciones.
Pero ¿un 2 por ciento de grasa corporal en dos semanas? ¿Cómo es posible si muchos médicos de cabecera sostienen que es imposible perder más de un kilo de grasa por semana? He aquí la triste realidad: la mayoría de las reglas aplicables a todos, y esta es un ejemplo, no se han analizado en busca de excepciones.
¿Que no se puede cambiar la clase de fibra muscular? Claro que se puede. Al diablo la genética.
¿Tantas calorías entran, tantas salen? Eso es incompleto en el mejor de los casos. Yo he perdido grasa al mismo tiempo que me sobrealimentaba exageradamente. Alabada sea la tarta de queso.
La lista es interminable.
Resulta evidente que las reglas deben reescribirse.
Esa es la intención de este libro.
Diario de un loco
La primavera de 2007 fue un momento apasionante para mí.
Mi primer libro, después de haber sido rechazado por 26 editores de 27, acababa de entrar en la lista de libros más vendidos del New York Times y parecía camino del número uno en la lista de no ficción especializada en «trabajo y negocios», puesto que alcanzaría al cabo de varios meses. Nadie quedó más atónito que yo.
Una mañana especialmente hermosa en San José tuve mi primera entrevista telefónica importante con los medios, realizada por Clive Thompson, de la revista Wired. Durante nuestra pequeña charla previa a la entrevista, me disculpé por si se me notaba un tanto ido. La verdad es que lo estaba. Acababa de hacer una sesión de ejercicios de 10 minutos después de tomar un café espresso doble con el estómago vacío. Era un nuevo experimento que me llevaría a un nivel de grasa corporal de un solo dígito con dos sesiones como esa por semana.
Clive quería hablar conmigo sobre el correo electrónico y las redes sociales como Twitter. Antes de empezar, y en sintonía con el comentario sobre la sesión de ejercicios, dije en broma que los mayores temores del hombre moderno podían reducirse a dos: recibir demasiados mensajes de correo electrónico y engordar. Clive se echó a reír y coincidió conmigo. Luego pasamos a otro tema.
La entrevista fue bien, pero lo que se me quedó en la cabeza fue la broma que dejé caer de pasada. La repetí a docenas de personas a lo largo del mes posterior, y la respuesta fue siempre la misma: conformidad y gestos de asentimiento.
Por lo visto, este libro tenía que escribirse.
El mundo en general piensa que estoy obsesionado con la administración del tiempo, pero no conoce aún mi otra obsesión, mucho más legítima, mucho más ridícula.
Llevo un diario de prácticamente todas las sesiones de ejercicio que he hecho desde los dieciocho años. Me he sometido a más de mil análisis de sangre1 desde 2004, a veces con una frecuencia de uno cada quince días, haciendo el seguimiento de todas las variables, desde los niveles de lípidos, la insulina y la hemoglobina A1c, hasta el factor de crecimiento insulínico y la testosterona libre. He pedido a Israel factores de crecimiento de células madre para el tratamiento de lesiones «permanentes», y he viajado a plantaciones de té chinas para hablar con los granjeros acerca de los efectos del té Pu-Erh en la pérdida de grasa. En suma, he gastado más de 250.000 dólares en pruebas y ajustes durante la última década.
Del mismo modo que algunos decoran sus hogares con muebles vanguardistas u obras de arte, yo tengo pulsioxímetros, aparatos de ultrasonidos y artilugios médicos para medir de todo, desde la respuesta galvánica de la piel hasta el sueño en fase REM. La cocina y el cuarto de baño de mi casa parecen una sala de urgencias.
Si piensas que es una locura, tienes toda la razón. Por suerte, no necesitas ser tú el conejillo de Indias para beneficiarte de estos experimentos.
Centenares de personas han puesto a prueba las técnicas de The 4-Hour Body (4HB) en los últimos dos años, y he seguido de cerca y realizado gráficos de sus resultados (194 personas en este libro). Muchos han perdido más de 20 libras de grasa en el primer mes de experimentación, y en la gran mayoría de los casos era la primera vez que conseguían una cosa así.
¿Por qué el enfoque de 4HB surte efecto allí donde otros fracasan?
Porque los cambios son menores o sencillos, y a menudo lo uno y lo otro. No hay cabida para los malentendidos, y los resultados evidentes te animan a continuar. Si los logros son rápidos y medibles,2 la autodisciplina no es necesaria.
Puedo resumir en cuatro líneas todas las dietas populares. ¿Listo?
• Come más verduras.
• Come menos grasas saturadas.
• Haz más ejercicio y quema más calorías.
• Come más ácidos grasos omega-3.
No abordaremos nada de esto. No porque no sirva; sí sirve… hasta cierto punto. Pero no es la clase de consejo gracias al cual tus amigos te saludarán con un «¡¿Qué ≠$%& has estado haciendo?!», ya sea en el vestuario o en el campo de deporte.
Para eso se requiere un enfoque totalmente distinto.
El caballo ganador imprevisto
Hablemos claro: no soy médico ni tengo un doctorado. Soy una meticulosa trituradora de datos con acceso a muchos de los mejores deportistas y científicos del mundo.
Eso me coloca en una situación muy poco común.
Consigo proveerme de disciplinas y subculturas que rara vez confluyen y poner a prueba distintas hipótesis usando la clase de autoexperimentación que los médicos convencionales no pueden aprobar (aunque su ayuda entre bastidores es vital). Poniendo en duda presupuestos básicos, cabe la posibilidad de tropezar con soluciones sencillas e inusuales a problemas muy arraigados.
¿Tienes un exceso de grasa? Prueba con las proteínas ingeridas a horas determinadas y el jugo de limón antes de las comidas.
¿Poca masa muscular? Prueba con el jengibre y el chucrut.
¿Problemas de insomnio? Prueba a aumentar tu nivel de grasas saturadas y recurre a la exposición al frío.
Este libro incluye los hallazgos de más de cien especialistas, científicos de la NASA, doctores en medicina, atletas olímpicos, entrenadores de deportistas profesionales (de la NFL y la MLB, entre otros), plusmarquistas mundiales, expertos en rehabilitación del Super Bowl, e incluso técnicos deportivos del antiguo bloque del Este. Conocerás a algunos de los especímenes más increíbles que has visto en la vida, incluidas sus transformaciones «antes y después».
No tengo una carrera académica cuya continuidad dependa de si publico o no y eso es buena cosa. Como me dijo en una comida un médico de una conocida universidad de élite:
Durante veinte años nos hemos formado en la aversión al riesgo. Me gustaría experimentar, pero si lo hiciera, arriesgaría todo lo que he construido a lo largo de dos décadas de estudios y formación. Necesitaría un collar mágico de inmunidad. La universidad jamás lo toleraría.
Luego añadió: «Tú puedes ser el caballo ganador imprevisto».
Es una etiqueta extraña, pero él estaba en lo cierto. No sólo porque no tengo prestigio que perder. Además, soy un antiguo miembro del sector.
Entre 2001 y 2009, fui presidente de una empresa de nutrición deportiva que distribuía en más de una docena de países, y si bien nos ateníamos a las reglas, estaba claro que otros muchos no lo hacían. No era la opción más rentable. He sido testigo de mentiras flagrantes en tablas de datos nutricionales, he visto el comportamiento de ejecutivos de marketing que destinaban partidas de sus presupuestos a cubrir las multas de la Comisión de Comercio en previsión de futuros pleitos, y he asistido a prácticas mucho peores realizadas por algunas de las marcas más conocidas del sector.3 Sé cómo y dónde se engaña a los consumidores. Las tretas más turbias en el sector de los suplementos y la nutrición deportiva —esconder los resultados de «pruebas clínicas» y un etiquetado imaginativo son sólo dos ejemplos— son casi las mismas que las empleadas en los sectores biotecnológicos y farmacéuticos.
Me propongo enseñarte a identificar las malas prácticas científicas, y por lo tanto los malos consejos y los malos productos.4
A última hora de una tarde de otoño de 2009, me senté a comer un cassoulet de muslos de pato con la doctora Lee Wolfer en la nube de bruma conocida como San Francisco. Corría el vino, y le hablé de mis fantasías de volver a Berkeley o Stanford y obtener un doctorado en Biología. Yo había estudiado brevemente Neurociencia en la Universidad de Princeton, y soñaba con añadir el título de doctor a mi nombre. Lee publica con regularidad en revistas dirigidas a sus colegas y estudió en algunos de los mejores centros del mundo, incluidos la Universidad de California en San Francisco (UCSF) (carrera de Medicina), Berkeley (doctorado en Ciencias), la Facultad de Medicina de Harvard (residencia), el Instituto de Rehabilitación de Chicago (beca de investigación) y Diagnósticos de la Espina Dorsal en Daly City, California (beca de investigación).
Ella se limitó a sonreír y levantó una copa de vino antes de responder:
—Tú, Tim Ferriss, puedes hacer más cosas fuera del sistema que dentro.
Un laboratorio de uno solo
Muchas de estas teorías se han descartado sólo cuando un experimento decisivo ha puesto en evidencia que son incorrectas… así pues, el trabajo valioso en cualquier ciencia… lo lleva a cabo el experimentador, que comprueba la veracidad de los teóricos.
Michio Kaku (Hiperespacio), físico teórico y cocreador de la teoría de cuerdas
La mayoría de los grandes avances en la mejora del rendimiento (y la apariencia) empiezan por los animales y se adoptan conforme a la siguiente curva:
Caballos de carreras → pacientes de sida (por la pérdida de masa muscular) y culturistas → deportistas de élite → ricos → el resto de nosotros
El salto final de los ricos al público en general puede tardar entre diez y veinte años, y eso si llega a producirse. A menudo no es así.
No estoy proponiendo que empieces a inyectarte sustancias extrañas que nunca se han probado en seres humanos. Sin embargo, sí afirmo que las instituciones estatales (el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Fármacos) llevan al menos un retraso de diez años con respecto a las investigaciones actuales, y al menos veinte años de retraso con respecto a pruebas convincentes en el sector.
Hace más de una década, un íntimo amigo llamado Paul sufrió un accidente automovilístico y padeció daños cerebrales que redujeron su producción de testosterona. Aun tomando suplementos de testosterona (cremas, geles, inyectables de acción corta), y después de visitar a docenas de endocrinos de primera línea, seguía padeciendo los síntomas de un bajo nivel de testosterona. Todo cambió —literalmente de la noche a la mañana— en cuanto pasó al enantato de testosterona, una variante que la profesión médica rara vez emplea en Estados Unidos. ¿Quién se lo recomendó? Un culturista de nivel avanzado que conocía su propia bioquímica. No debería haber representado un gran cambio, y sin embargo lo fue.
¿Suelen aprovechar los médicos normalmente los más de cincuenta años de experiencia que han acumulado los culturistas profesionales probando, e incluso sintetizando, los ésteres de testosterona? No. La mayoría de los médicos considera que los culturistas son unos aficionados y aventureros, y los culturistas consideran a los médicos demasiado reacios al riesgo para hacer nada innovador.
Esta separación de experiencias y conocimientos implica que ambas partes tienen resultados poco óptimos.
Dejarte orientar en cuestiones médicas por el gorila más grande del gimnasio es mala idea, pero es importante buscar hallazgos al margen de los sospechosos habituales. Quienes más cerca están del problema a menudo son los menos capacitados para verlo con ojos nuevos.
Pese a los extraordinarios avances de ciertas áreas de la medicina en el último siglo, una persona de sesenta años en 2009 sólo puede esperar una media de vida seis años superior a la de un hombre de sesenta años en 1900.
¿Yo? Pienso vivir hasta los 120 sin dejar de comer los mejores entrecots que encuentre. Y a esas alturas más aún.
Baste decir que para soluciones poco corrientes, hay que buscar en lugares poco corrientes.
El futuro ya está aquí
En nuestro mundo actual, incluso si se financian los estudios adecuados para investigar la obesidad, por poner un ejemplo, no se obtendrían resultados hasta pasados entre diez y veinte años. ¿Estás dispuesto a esperar tanto?
Me gustaría pensar que no.
«La aseguradora médica Kaiser no puede hablar con la Universidad de California en San Francisco, que no puede hablar con la aseguradora médica Blue Shield. Tú eres el árbitro de tu información sanitaria». Estas son las palabras de un destacado cirujano de la UCSF, que me instó a llevarme mis papeles antes de que los archivos hospitalarios los reclamaran como propiedad suya.
Y ahora la buena noticia: nunca ha sido más fácil reunir, con un poco de ayuda, unos cuantos datos básicos (por un precio módico), hacer un seguimiento (sin una formación específica) y realizar pequeños cambios que producen resultados increíbles.
¿Un diabético de tipo 2 abandona la medicación 48 horas después de iniciar un tratamiento dietético? ¿Ancianos en sillas de ruedas vuelven a andar después de catorce semanas de entrenamiento? Esto no es ciencia ficción. Está sucediendo en el momento presente. Como ha dicho William Gibson, quien acuñó el término «ciberespacio»: «El futuro ya está aquí, sólo que se reparte de manera desigual».
El Principio del 80/20: Desde Wall Street hasta la Máquina Humana
La finalidad de este libro es proporcionarte el 2.5 por ciento fundamental de las herramientas necesarias para conseguir el rediseño del cuerpo y lograr un mayor rendimiento. Una breve historia puede explicar este extraño 2.5 por ciento.
Vilfredo Pareto fue un controvertido economista y sociólogo que vivió entre 1848 y 1923. Su influyente obra, Cours d’économie politique, incluyó una «ley» de la distribución de la renta, poco explorada en su día, que acabaría recibiendo su nombre: «ley de Pareto» o «distribución de Pareto». Se conoce más popularmente como «Principio del 80/20».
Pareto demostró que en la sociedad se daba una distribución de la riqueza en extremo desigual pero predecible: el 80 por ciento de la riqueza y la renta lo produce y lo posee el 20 por ciento de la población. También probó que este Principio del 80/20 se observa en casi todas partes, no sólo en la economía. El 80 por ciento de los guisantes del huerto de Pareto los producía el 20 por ciento de las vainas que había plantado, por ejemplo.
En la práctica, el Principio del 80/20 a menudo es más desproporcionado.
Para que a uno lo perciban, por ejemplo, como un hablante fluido de español, necesita un vocabulario activo de 2,500 palabras de uso frecuente. Este número de palabras nos permitirá comprender más del 95 por ciento de todas las conversaciones. Para adquirir un nivel de comprensión del 98 por ciento se requieren al menos cinco años de práctica en lugar de cinco meses. Si hacemos los cálculos, 2.500 palabras son simplemente un 2.5 por ciento de las 100.000 palabras que, según estimaciones, tiene la lengua española.
Esto significa:
1. El 2.5 por ciento de la materia total proporciona el 95 por ciento de los resultados deseados.
2. Ese mismo 2.5 por ciento proporciona sólo un 3 por ciento menos de beneficios que invertir un esfuerzo 12 veces mayor.
Este 2.5 por ciento extraordinariamente valioso es la clave, la palanca de Arquímedes para aquellos que quieren los mejores resultados en el mínimo tiempo. El truco está en encontrar ese 2.5 por ciento.5
Este libro no pretende ser un tratado global de todo lo relacionado con el cuerpo humano. El objetivo es compartir aquello que, según mis averiguaciones, es el 2.5 por ciento que proporciona el 95 por ciento de los resultados en el rediseño rápido del cuerpo y la mejora del rendimiento. Si ya tienes el 5 por ciento de grasa corporal o levantas 400 libras en press en banco, perteneces al 1 por ciento de los humanos situados en la franja alta, cuyo margen de mejora es mínimo. Este libro va dirigido al otro 99 por ciento, que puede experimentar una mejora casi increíble en breves períodos de tiempo.
Cómo usar este libro: cinco reglas
Con este libro, es importante seguir cinco reglas. Si las pasas por alto, tú mismo.
REGLA Nº 1: CONSIDERA ESTE LIBRO UN BUFÉ LIBRE.
No lo leas de principio a fin.
La mayoría de la gente no necesitará más de ciento cincuenta páginas para reinventarse. Echa una ojeada al índice, elige los capítulos más pertinentes para ti y descarta los otros… de momento. Elige, para empezar, un objetivo en cuanto a apariencia y un objetivo en cuanto a rendimiento.
Las únicas secciones obligatorias son «Fundamentos» y «Zona Cero». He aquí algunos de los objetivos más habituales, junto con los capítulos correspondientes, que deben leerse en el orden indicado a continuación:
PÉRDIDA RÁPIDA DE GRASA
Todos los capítulos de «Fundamentos»
Todos los capítulos de «Zona Cero»
«La Dieta de los Carbohidratos Lentos I y II»
«Crear el posterior perfecto»
Número total de páginas: 98
AUMENTO RÁPIDO DE LA MASA MUSCULAR
Todos los capítulos de «Fundamentos»
Todos los capítulos de «Zona Cero»
«De menudo a forzudo»
«El protocolo de Occam I y II»
Número total de páginas: 97
AUMENTO RÁPIDO DE LA FUERZA
Todos los capítulos de «Fundamentos»
Todos los capítulos de «Zona Cero»
«Sobrehumano sin esfuerzo» (pura fuerza, poco aumento de masa)
«Prehabilitación. Un cuerpo a prueba de lesiones»
Número total de páginas: 92
SENSACIÓN RÁPIDA DE BIENESTAR TOTAL
Todos los capítulos de «Fundamentos»
Todos los capítulos de «Zona Cero»
Todos los capítulos de «Mejorar el sexo»
Todos los capítulos de «Perfeccionar el sueño»
«Invertir las lesiones “permanentes”»
Número total de páginas: 143
En cuanto hayas seleccionado el mínimo para empezar, empieza.
Después, una vez trazado un plan de acción, vuelve a adentrarte en el libro a tu antojo y explora. Todos los capítulos contienen consejos prácticos de efectos inmediatos, así que no deseches algo basándote sólo en el título. Por ejemplo, aunque seas carnívoro (como es mi caso), te beneficiarás de «La máquina sin carne».
Pero no lo leas todo de golpe.
REGLA Nº 2: SÁLTATE LAS EXPLICACIONES CIENTÍFICAS SI TE RESULTAN DEMASIADO DENSAS.
No te hace falta ser un científico para leer este libro.
Sin embargo, para los estudiosos y los curiosos, he incluido una gran cantidad de detalles interesantes. Dichos detalles a menudo pueden potenciar tus resultados, pero no son de lectura obligada. Estas secciones en particular aparecen enmarcadas en recuadros y llevan el título de «Para provecho de los estudiosos», con la sigla «PPE».
Aun cuando las ciencias te hayan intimidado en el pasado, te animo a que eches un vistazo a algunas de estas secciones PPE: al menos unas cuantas te ofrecerán sorpresas divertidas y mejorarán los resultados en un 10 por ciento más o menos.
Pero si te agobian, sáltatelas, ya que no son imprescindibles para obtener los resultados que buscas.
REGLA Nº 3: SÉ ESCÉPTICO, POR FAVOR.
No des por supuesto que algo es verdad solo porque yo lo diga.
Como se complace en decir el legendario doctor Timothy Noakes, autor o coautor de más de cuatrocientos artículos de investigación: «El 50 por ciento de lo que sabemos es erróneo. El problema es que no sabemos qué 50 por ciento es». Todo en este libro surte efecto, pero seguro que me he equivocado por completo en algunos de los mecanismos. En otras palabras, creo que el cómo es fiable en un 50 por ciento, pero el porqué acabará en la guillotina conforme sepamos más.
REGLA Nº 4: NO USES EL ESCEPTICISMO COMO PRETEXTO PARA LA PASIVIDAD.
Como también me dijo el buen doctor Noakes sobre un régimen de entrenamiento olímpico: «Este [enfoque] podría estar totalmente equivocado, pero es una hipótesis digna de refutarse».
Es importante buscar hipótesis dignas de refutarse.
La ciencia parte de conjeturas fundadas (léase descabelladas). Luego todo es ensayo y error. A veces las predicciones son correctas desde el principio. Pero lo más habitual es cometer errores y tropezar con hallazgos imprevistos que plantean nuevas dudas o preguntas. Si quieres ver los toros desde la barrera y llevar el escepticismo al extremo, aplazando toda acción hasta que se alcance un consenso científico, la decisión es tuya. Sólo piensa que la ciencia, por desgracia, es a menudo tan política como una cena con demócratas y republicanos recalcitrantes. El consenso llega tarde en el mejor de los casos.
No uses el escepticismo como un velado pretexto para la pasividad o para quedarte en tu cómodo mundo. Sé escéptico, pero por una buena razón: porque buscas la opción más prometedora que poner a prueba en la vida real.
Sé escéptico proactivamente, no escéptico a la defensiva.
Infórmame si haces un descubrimiento interesante o demuéstrame que estoy equivocado. Este libro evolucionará por medio de tus aportaciones y tu ayuda.
REGLA Nº 5: DISFRÚTALO.
He incluido muchas experiencias y meteduras de pata curiosas solo por el mero hecho de amenizar el texto. Ante la información pura y dura sin nada de entretenimiento, se aburre cualquiera.
La intención es que gran parte del contenido se lea como el diario de un loco. Disfrútalo. Lo que más me gustaría es transmitir el goce de la exploración y el descubrimiento. Recuerda: esto no son las tareas de la escuela. Tómatelo a tu ritmo.
El secreto de la productividad del multimillonario y la forma de vida experimental
«¿Cómo se puede ser más productivo?»
Richard Branson se recostó en su asiento y reflexionó durante un segundo. De fondo se oía el susurro tropical de su oasis privado, la isla de Necker. Sentadas alrededor de él, veinte personas lo escuchaban embelesadas, preguntándose qué contestaría el multimillonario a una de las grandes preguntas —quizá la mayor— del mundo de los negocios. El grupo había sido reunido por el director de marketing Joe Polish a fin de analizar distintas opciones de crecimiento para la entidad filantrópica Virgin Unite de Richard. Era uno de sus muchos proyectos nuevos y ambiciosos. El Grupo Virgin contaba ya con más de 300 empresas, más de 50.000 empleados, y unos beneficios anuales de 25.000 millones de dólares. En otras palabras, Branson había construido personalmente un imperio mayor que el PIB de algunos países en vías de desarrollo. Por fin rompió el silencio: «Haced ejercicio».
Hablaba en serio, y lo aclaró: hacer ejercicio le proporcionaba al menos cuatro horas más de trabajo productivo a diario.
La brisa fresca puntuó su respuesta como si fuera un signo de exclamación.
La intención de 4HB es ser mucho más que un libro.
Considero 4HB un manifiesto, una llamada a las armas para un nuevo modelo mental de vida: la forma de vida experimental. De ti depende —no de tu médico, ni del periódico— descubrir a qué respondes mejor. Los beneficios van mucho más allá de lo físico.
Si entiendes de política lo suficiente para votar a un presidente, o si alguna vez has presentado una declaración de la renta, bien puedes aprender las reglas científicas más importantes para rediseñar tu cuerpo. Estas reglas se convertirán en tus amigas, fiables en un ciento por ciento.
Esto lo cambia todo.
Es mi sincera esperanza, si has sufrido de insatisfacción con tu cuerpo, o confusión respecto a la dieta y el ejercicio, que en tu vida haya un antes y después de 4HB. Puede ayudarte a hacer lo que la mayoría de la gente consideraría sobrehumano, ya sea perder 100 libras de grasa o contener la respiración durante cinco minutos. Todo da resultado.
No existe un sumo sacerdocio: existen la causa y el efecto.
Bienvenido a la silla del director.
Alles mit Maß und Ziel,
Timothy Ferriss
San Francisco, California
10 de junio de 2010
POR EL PLACER DE LA LECTURA
Hacerse pruebas médicas
A lo largo de este libro se mencionan docenas de pruebas. Si alguna vez te preguntas «¿Cómo hago para analizarme tal cosa?» o no sabes por dónde empezar, la lista incluida en «Hacerse pruebas», en la página 480, es tu guía paso a paso.
Referencias rápidas
¿No sabes cuánto es un gramo, ni qué demonios son cuatro onzas? No tienes más que pasar a las medidas corrientes, en la página 478, y dar rienda al chef que llevas dentro.
Notas a pie de página y citas
Para este libro se ha llevado a cabo una sólida investigación.
Por otro lado, es lo bastante grande como para darle un trancazo a una cría de foca. Si de verdad quieres quedarte boquiabierto, encontrarás más de quinientas citas científicas en www.fourhourbody.com/endnotes, divididas por capítulos e incluyendo frases relevantes.
Fuentes
Para ahorrarte el dolor de cabeza de teclear URLs de un párrafo de largo, todas las direcciones de sitios web han sido sustituidas por la breve dirección www.fourhourbody.com, que te llevará al lugar adecuado.
¿Entendido? Bien. Pasemos a las travesuras.
1. A menudo se realizan análisis múltiples a partir de una única extracción de diez o doce ampollas.
2. No sólo observables.
3. Existen, por supuesto, algunas destacadas empresas con sólidos departamentos de I+D y una ética incuestionable, pero pueden contarse con los dedos de la mano.
4. No tengo el menor interés económico en ninguno de los suplementos que recomiendo en este libro. Si compras un suplemento a partir de un vínculo de este libro, se envía una comisión directamente a la organización sin ánimo de lucro Donors Choose.org, que ayuda a las escuelas públicas de Estados Unidos.
5. El filósofo Nassim N. Taleb observó una diferencia importante entre el lenguaje y la biología que me gustaría subrayar: el primero es muy conocido y el segundo es en gran medida desconocido. Así, nuestro 2,5 por ciento no es el 2,5 por ciento de un conjunto de conocimientos perfectamente finitos, sino el 2,5 por ciento más valioso empíricamente de aquello que sabemos ahora.
FUNDAMENTOS. LO PRIMERO Y MÁS IMPORTANTE
LA DOSIS MÍNIMA EFICAZ
Del microondas a la pérdida de grasa
La perfección no se alcanza cuando no hay nada más que añadir, sino cuando ya no queda nada que quitar.
Antoine de Saint-Exupéry
Arthur Jones era un niño precoz y especialmente aficionado a los cocodrilos.
Leyó toda la biblioteca médica de su padre antes de los doce años. Puede que el ambiente de su casa tuviera algo que ver, si consideramos que sus padres, su abuelo, su bisabuelo, su hermanastro y su hermanastra eran todos médicos.
Desde sus humildes inicios en Oklahoma, maduraría hasta convertirse en una de las figuras más influyentes en el mundo de la ciencia del ejercicio físico. También llegaría a ser, en palabras de no pocos, un «hombre de carácter especialmente irritable».
Uno de los protegidos de Jones, Ellington Darden, cuenta una anécdota característica de Jones:
En 1970, Arthur invitó a Arnold [Schwarzenegger] y Franco Colombu a visitarlo en Lake Helen, Florida, justo después del certamen de Mr. Olympia de 1970. Arthur fue a recogerlos al aeropuerto en su Cadillac. Arnold ocupó el asiento del acompañante y Franco se sentó detrás. Debe de haber doce semáforos entre el aeropuerto y la Interestatal, así que había muchas paradas en el camino.
El caso es que Arthur era un hombre dado a levantar la voz e imponerse en toda conversación. Así y todo, no podía hacer callar a Arnold. Este no paraba de farfullar en su alemán o lo que fuera, y Arthur tenía serios problemas para entenderlo. Arthur, empezando ya a irritarse, le dijo que se callara un rato, pero Arnold siguió y siguió.
Cuando llegaron a la Interestatal, Arthur ya estaba harto. Detuvo el coche en el hombrillo, se apeó, lo rodeó, abrió la puerta de Arnold, lo agarró por el cuello de la camisa, lo obligó a salir de un tirón y dijo algo así como: «Oye, hijo de puta, si no te callas de una vez, un hombre que te dobla la edad va a darte unos azotes delante de todo el mundo que pasa por la Interestatal 4. Tú ponme a prueba».
En menos de cinco segundos, Arnold se había disculpado y había vuelto al coche. Durante los tres o cuatro días siguientes se comportó como un perfecto caballero.
Jones se pasaba la mayor parte del tiempo cabreado.
Lo enfurecían las estupideces que, según él, estaban presentes en todos los rincones del mundo de la ciencia del ejercicio físico, y canalizaba su ira apostando por lo imposible. Eso incluyó conseguir que el campeón de culturismo Casey Viator aumentara 63.21 libras en 28 días y acceder a la lista Forbes 400 fundando y vendiendo la empresa Nautilus de material gimnástico, que, se calculó, tenía un beneficio bruto de 300 millones de dólares al año en su etapa culminante.
Lo impacientaban las vaguedades en terrenos en los que se requería claridad científica. En respuesta a los investigadores que extraían conclusiones sobre la función muscular usando la electromiografía (EMG), Arthur conectó sus máquinas a un cadáver y le movió las extremidades para registrar una «actividad» similar. Es decir, fricción interna.
Jones lamentaba la fugacidad del tiempo: «Con la edad que tengo, seguramente la aceptación universal de lo que estamos haciendo ahora no se producirá en vida mía; pero llegará, porque lo que hacemos se establece claramente mediante simples leyes de física elemental que no pueden negarse hasta el fin de los tiempos». Falleció el 28 de agosto de 2007, por causas naturales, a los ochenta años y tan cascarrabias como siempre.
Jones dejó una serie de legados importantes; uno de ellos es la piedra angular de todo lo que abordaremos en este libro: la dosis mínima eficaz.
La dosis mínima eficaz
La dosis mínima eficaz (DME) se define muy fácilmente: la dosis más pequeña que producirá el resultado deseado.
Jones llamaba a este punto crítico la «carga mínima eficaz», ya que su interés se centraba única y exclusivamente en el ejercicio basado en el levantamiento de pesas, pero nosotros consideraremos la «dosificación» precisa tanto del ejercicio como de todo aquello que ingerimos.1
Cualquier cosa por encima de la DME es un desperdicio.
Para hervir agua, la DME es 212° F a una presión atmosférica normal. «Hervido» quiere decir «hervido». Aumentar la temperatura no implica que el agua quede «más hervida». Aumentar la temperatura sólo consume más recursos que podrían emplearse para otra cosa más productiva.
Si se necesitan quince minutos al sol para desencadenar una respuesta de la melanina, quince minutos es tu DME para adquirir un bronceado. Más de quince minutos es redundante y el resultado será sólo la quemadura y un descanso forzoso de visitas a la playa. Durante este descanso forzoso, pongamos una semana, otra persona que habrá tenido en cuenta su DME natural de quince minutos podrá incluir cuatro sesiones más de bronceado. Esa persona estará cuatro tonos más morena, en tanto que tú habrás regresado a tu palidez anterior a tu visita a la playa: un triste manatí. En los sistemas biológicos, rebasar la DME puede paralizar el avance durante semanas, incluso meses.
En el contexto del rediseño del cuerpo, hay que tener en cuenta dos DME fundamentales:
Para eliminar la grasa acumulada → haz lo mínimo necesario para iniciar una reacción en cadena de determinadas hormonas implicadas en la pérdida de grasa.
Para añadir masa muscular en pequeñas o grandes cantidades → haz lo mínimo necesario para iniciar una reacción en cadena de los mecanismos de crecimiento local (músculos concretos) y orgánico (hormonales)2.
Derribar las piezas de dominó que desencadenan estos dos procesos requiere muy poco esfuerzo. No lo compliques.
Para un grupo muscular determinado, pongamos por caso los hombros, activar el mecanismo de crecimiento local podría requerir, por ejemplo, sólo ochenta segundos de tensión utilizando 50 libras de peso una vez cada siete días. Ese estímulo, al igual que los 212° F para hervir agua, basta para desencadenar ciertas prostaglandinas, factores de transcripción y toda clase de complejas reacciones biológicas. ¿Qué son los «factores de transcripción»? No te hace falta saberlo. De hecho, no te hace falta entender nada de biología, de la misma manera que no necesitas entender nada de radiación para usar un horno microondas. Pulsa unos cuantos botones en el orden correcto, y listo.
En nuestro contexto: ochenta segundos como objetivo es lo único que te hace falta entender. Ese es el botón.
Si en lugar de dedicar ochenta segundos reproducimos la rutina propuesta por una revista popular —digamos, la arbitraria pauta de cinco series de diez repeticiones—, es el equivalente muscular de exponerse al sol durante una hora con una DME de quince minutos. Esto no sólo es un desperdicio, es el camino previsible para impedir e invertir los avances. Los órganos y las glándulas que ayudan a reparar los tejidos dañados tienen más limitaciones que tu entusiasmo. Los riñones, por ejemplo, pueden limpiar de la sangre una concentración de residuos máxima finita cada día (aproximadamente 450 mmol, o milimoles, por litro). Si hacemos una sesión maratoniana de tres horas y nuestro torrente sanguíneo parece un atasco de tráfico en Los Ángeles, tenemos grandes probabilidades de llegar a un embotellamiento bioquímico.
Una vez más: la buena noticia es que no te hace falta saber nada de tus riñones para utilizar esta información. Lo único que te hace falta saber es:
Ochenta segundos es la dosis prescrita.
Más no es mejor. De hecho, tu mayor reto será resistir la tentación de hacer más.
La DME no sólo ofrece los resultados más espectaculares, sino también en el menor tiempo posible. Las palabras de Jones deberían resonar en tu cabeza: «RECUERDA: es imposible evaluar, o incluso entender, todo aquello que no puedes medir».
80 segundos de 20 lbs
10 minutos de agua a 54° F
200 mg de extracto de alicina antes de acostarse
Esta es la clase de recetas que debes buscar, y esta es la clase de recetas que yo ofrezco.
1. El mérito corresponde al doctor Doug McGuff, quien ha escrito ampliamente sobre este tema y que volverá a aparecer más adelante.
2. En términos más sofisticados y precisos, «neuroendocrinos».
REGLAS QUE CAMBIAN LAS REGLAS
Todo lo popular está equivocado
Todo lo popular está equivocado.
La importancia de llamarse Ernesto,
Oscar Wilde
Conoce bien las reglas, para poder incumplirlas eficazmente.
Dalai Lama XIV
«Esto es una mentira descarada. Ganar 34 libras en 28 días requiere un excedente calórico de 4.300 calorías diarias, así que para un hombre de su tamaño, tiene que haber ingerido 7.000 calorías diarias. ¿Pretende que me crea que ha reducido en un 4 por ciento la grasa corporal como resultado de ingerir 7.000 calorías?»
Bebí un gran trago de Malbec y volví a leer el comentario del blog. ¡Ay, Internet! ¡Qué lejos no hemos llegado!
Era gracioso, y uno de cientos de comentarios parecidos en este post en particular del blog, pero el hecho era ese: yo había ganado 34 libras de masa muscular, perdido 3 libras de grasa y reducido mi colesterol total de 222 a 147, todo en 28 días, sin anabolizantes o estatinas como Lipitor.
Todo el experimento fue registrado por la doctora Peggy Plato, directora del Programa de Evaluación para el Deporte y la Preparación Física de la Universidad Estatal de San José, que empleó depósitos de pesaje hidrostático, básculas médicas y una cinta métrica para hacer el seguimiento de todos los datos, desde la circunferencia de la cintura hasta el porcentaje de grasa corporal. ¿Mi tiempo total en el gimnasio durante cuatro semanas?
Cuatro horas.3 Ocho sesiones de 30 minutos.
Los datos no mintieron.
Pero ¿la pérdida o el aumento de peso no es algo tan simple como tantas calorías entran, tantas calorías salen?
Resulta atractivo en su simplicidad, sí, pero también lo es la fusión en frío. No funciona exactamente como lo presentan.
El poeta alemán Johann Wolfgang Goethe tenía la visión acertada: «los misterios no son necesariamente milagros». Para hacer lo imposible (dar la vuelta al mundo en un velero, correr la milla en menos de cuatro minutos, llegar a la Luna), hay que pasar por alto las convicciones populares.
Charles Munger, asesor y mano derecha de Warren Buffett, el hombre más rico del planeta, es famoso por la incomparable claridad de su pensamiento y su historial casi a prueba de errores. ¿Cómo afinó su pensamiento para ayudar a levantar un negocio de tres billones de dólares en Berkshire Hathaway?
La respuesta es los «modelos mentales», o las reglas generales analíticas4 extraídas de disciplinas ajenas a la inversión, que van desde la física hasta la biología evolutiva.
Entre ochenta y noventa modelos han ayudado a Charles Munger a desarrollar, en palabras de Warren Buffett, «la mejor mente en treinta segundos del mundo. Pasa de la A la Z en un solo movimiento. Percibe la esencia de todo incluso antes de que termines la frase».
Charles Munger se complace en citar a Charles Darwin:
Incluso personas que no son genios pueden tener ideas mejores que el resto de la humanidad si desarrollan ciertos hábitos de pensamiento.
En 4HB, los siguientes modelos mentales, extraídos de distintas disciplinas, son los que diferenciarán tus resultados de los del resto de la humanidad.
Nuevas reglas para un rediseñado rápido
NO HACER EJERCICIO QUEMA MUCHAS CALORÍAS
¿Has comido media galleta Oreo? No pasa nada. Si eres un hombre de 220 libras, sólo necesitas subir 27 tramos de escalera para quemarla.
(Recuerda: sáltate los recuadros PPE si no te gustan las partes densas).
Dicho de otro modo, mover 100 kilos (220 libras) a lo largo de 100 metros (unos 27 tramos de escalera) requiere 100 kilojoules de energía, o 23,9 calorías (que los científicos llaman kilocalorías [Kcal]). Una libra (453,5 gramos) de grasa contiene 4.082 calorías. ¿Cuántas calorías se quemarían corriendo una maratón? 2.600, aproximadamente.
El argumento de las calorías en relación con el ejercicio se vuelve aún más deprimente. ¿Te acuerdas de esas 107 calorías que quemaste durante aquella matadora sesión de una hora en el simulador de escalera? Y no te olvides de restar tu índice metabólico basal (IMB), es decir, lo que habrías quemado de haberte quedado sentado en el sofá viendo Los Simpson. Para la mayoría de la gente sería unas cien calorías por hora desprendidas en forma de calor (BTU, unidad térmica británica).
Esa hora en el simulador de escalera equivalió a una pérdida de siete calorías.
Casualmente, tres tallos pequeños de apio equivalen a seis calorías, así que te sobra una caloría. Pero un momento: ¿cuántas calorías contenían esa bebida energética y aquella copiosa comida posterior a la sesión de ejercicio? No te olvides de que debes quemar más calorías de las que después ingieres en grandes comilonas debido al aumento del apetito.
Vaya chasco, ¿no? Es motivo suficiente para hacer llorar a un leñador. ¿Estás confuso y enfadado? No te falta razón.
Como siempre, la atención se centra en la parte menos importante del rompecabezas.
Pero ¿por qué insisten los científicos en las calorías? Muy sencillo. El costo de calcularlas es menor, y es una variable muy bien acogida para su publicación en revistas. Esto, queridos amigos, es lo que se conoce como ciencias de «estacionamiento», así llamadas por un chiste sobre un pobre borracho que pierde las llaves durante una noche de fiesta.
Sus amigos lo encuentran bajo un poste de luz, a cuatro patas, buscando las llaves, pese a que sabe que las ha perdido en otro sitio. «¿Por qué buscas las llaves bajo ese poste?», preguntan. Él, muy seguro de sí mismo, contesta: «Porque aquí hay más luz. Veo mejor».
Para el investigador que busca un puesto fijo, subvenciones o lucrativos contratos de asesoría a empresas, es aplicable la máxima «publica o perece». Si uno tiene que incluir cien o mil sujetos de experimentación y sólo puede permitirse medir unas cuantas variables sencillas, tiene que presentar esas mediciones como algo de gran importancia.
Por desgracia, estar mentalmente en cuatro patas no es manera de pasarse la vida, como tampoco lo es aplanarse el trasero en una bicicleta estática.
En lugar de concentrarnos en la eliminación de calorías como algo que depende del ejercicio, seguiremos dos caminos infraexplotados: el calor y las hormonas.
Así que relájate. Podrás comer todo lo que quieras, y más. Nuevos tubos de escape resolverán el problema.
UN FÁRMACO ES UN FÁRMACO ES UN FÁRMACO
Llamar a algo «fármaco», «suplemento dietético», «producto sin receta» o «nutricéutico» es una diferenciación jurídica, no bioquímica.
Ninguna de estas etiquetas implica que algo sea eficaz o seguro. Las hierbas legales pueden matarte tanto como los estupefacientes ilegales. Los suplementos, a menudo moléculas no patentables y, por tanto, poco atractivas para el desarrollo de fármacos, pueden reducir el índice de colesterol de 222 a 147 en cuatro semanas, como en mi caso, o pueden ser inertes y no producir ningún efecto.
¿Piensan que lo «completamente natural» es menos peligroso que lo sintético? Los guisantes son completamente naturales, pero también lo es el arsénico. La hormona del crecimiento humano (HCH) puede extraerse del cerebro de cadáveres completamente naturales, pero por desgracia suele ir acompañada de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, motivo por el que la HCH ahora se fabrica usando ADN recombinado.
Aparte de los alimentos propiamente dichos (que trataremos por separado como «alimentos»), cualquier cosa que uno se lleva a la boca o al torrente sanguíneo y tiene un efecto —ya sea una crema, una inyección, una píldora o unos polvos— es un «fármaco». Tratémoslos a todos como tales. No nos distraigamos con etiquetas que para nosotros son intrascendentes.
EL OBJETIVO DE LA RECOMPOSICIÓN DE 20 LIBRAS
Para la gran mayoría de los lectores de este libro que pesan más de 120 libras, 20 libras de recomposición (término que definiré más adelante) les darán el aspecto de nuevas personas y se sentirán como tales. Así que te propongo el siguiente objetivo: si pesas menos de 20 libras, plantéate menos de 10 libras; si pesas más, 20 libras es tu nuevo objetivo concreto.
Incluso si tienes 100 libras o más que perder, empieza por 20.
En una escala de atractivo de 1 a 10, las 20 libras parecen el umbral crítico para pasar de 6 a 9 o 10, al menos tal como se ha demostrado con la percepción masculina de las mujeres.
El término «recomposición» es importante. No significa una reducción de 20 libras de peso. Es un cambio de aspecto de 20 libras. Una recomposición de 20 libras podría acarrear la pérdida de 20 libras de grasa o el aumento de 20 libras de masa muscular, pero muy a menudo implica la pérdida de 15 libras de grasa y el aumento de 5 libras de masa muscular, o algo a mitad de camino.
Diseñar el mejor físico conlleva sustracción y adición.
LA REGLA CON CIEN UNIDADES: DIETA, FÁRMACOS Y EJERCICIO
¿Cómo llegamos, pues, a esas 20 libras?
Imaginemos una regla con 100 líneas, que representa 100 unidades en total, y dos cursores. Eso nos permite dividir las 100 unidades en tres áreas que en total suman 100. Estas tres áreas representan la dieta, los fármacos y el ejercicio.
Un reparto equitativo tendría este aspecto:
————/————/———— (33 % dieta, 33 % fármacos, 33 % ejercicio)
Es posible alcanzar el objetivo de la recomposición de 20 libras con cualquier combinación de los tres, pero ciertas combinaciones son mejores que otras. Usando fármacos en un ciento por ciento, por ejemplo, es posible conseguirlo, pero nos causará mayores efectos secundarios a largo plazo. Mediante un ciento por ciento de ejercicio, también puede llegarse a ese mismo punto, pero si se interponen las lesiones u otras circunstancias, la vuelta al punto de partida es rápida.
/————/ (100 % fármacos) = efectos secundarios
//———— (100 % ejercicio) = es fácil descarrilar
Esta es la proporción de la mayoría de los casos de pérdida de grasa presentados en este libro:
———/—/—— (60 % dieta, 10 % fármacos, 30 % ejercicio)
Si son incapaces de seguir una dieta prescrita, como a veces sucede a quienes viajan o a los vegetarianos, deberán desplazar los cursores para aumentar el porcentaje de atención destinado al ejercicio y los fármacos. Por ejemplo:
——/——/—— (10 % dieta, 45 % fármacos, 45 % ejercicio)
No es necesario andar midiendo, pero es esencial no olvidar este concepto cuando el mundo obstaculiza nuestros planes. Aprender los principios de la dieta y el ejercicio es la prioridad número uno, ya que estos son los elementos básicos. Si se depende demasiado de los fármacos, se resienten el hígado y los riñones
Los porcentajes dependen también de tus preferencias personales y de la «adhesión», aspecto que abordaremos a continuación.
LA PRUEBA DE LA CINTA ADHESIVA: ¿SE QUEDARÁ PEGADA?
Comer al menos una lechuga al día da buen resultado para perder grasas y controlar los niveles de insulina.
Es decir, eso si hablamos de un paciente necesitado de intervención crítica, como es el caso de un diabético de tipo 1 patológicamente obeso. Las opciones para tales personas, como les explican sus médicos, son (1) cambiar la dieta por tal régimen, o (2) morirse. Como no es de extrañar, la adhesión suele ser extraordinaria. En cambio, para alguien que quiere perder 20 libras pero le preocupa más el aspecto de su trasero en vaqueros, la adhesión será mínima. Cortar verduras y limpiar el robot de cocina tres veces al día conducirán a un único punto: el abandono del método. ¿Significa eso que no surtirá efecto para algunas personas? No. Significa más bien que fracasará para la mayoría de las personas. Nosotros procuramos evitar los métodos con un alto índice de fracaso, aun cuando uno crea que se encuentra entre la minoría de los cumplidores. Al principio, todos los que empiezan un programa creen que pertenecen a esa minoría.
Tómate la adhesión en serio: ¿realmente te mantendrás fiel a este cambio hasta alcanzar tu objetivo?
Si no es así, busca otro método, aunque sea menos eficaz y menos eficiente. El método aceptable que sigas es mejor que el método perfecto que abandones.
NO HAY QUE CONFUNDIR EL ENTRETENIMIENTO FÍSICO CON EL EJERCICIO
El entretenimiento físico puede incluir muchas cosas: la natación, el béisbol, el yoga, la escalada, correr delante del toro… la lista es interminable. El ejercicio, por el contrario, implica realizar una DME de movimientos exactos que producirán un cambio deseado. Nada más. Con el entretenimiento, es casi imposible establecer relaciones de causa y efecto. Hay demasiadas variables. El ejercicio eficaz es simple y los resultados son de fácil seguimiento.
El entretenimiento físico es magnífico. A mí me encanta ir tras los perros en el parque tanto como a cualquiera. Ahora bien, en nuestro contexto el ejercicio es la aplicación de estímulos medibles para disminuir la grasa, aumentar la masa muscular o mejorar el rendimiento. El entretenimiento sirve para divertirse; el ejercicio sirve para producir cambios. No hay que confundirlos.
NO HAY QUE CONFUNDIR CORRELACIÓN CON CAUSA-EFECTO
¿Quieres tener el aspecto de un corredor de maratón, delgado y estilizado? Entrena como un corredor de maratón. ¿Quieres parecer un velocista, compacto y musculoso? Entrena como un velocista. ¿Quieres parecer un jugador de baloncesto, de dos metros de estatura? Entrena como un jugador de baloncesto.
Pero un momento. Esto último no sirve. Tampoco es aplicable a los dos primeros ejemplos. Falla la lógica, por atractiva y tentadora que sea una vez más en su simplicidad. He aquí sencillas preguntas que podemos formular para evitar esta clase de errores:
- ¿Es posible que se haya invertido la flecha de la causalidad? Ejemplo: ¿no será que a menudo opta por ser velocista la gente que ya es de por sí compacta y musculosa? Pues sí.
- ¿Estamos confundiendo ausencia y presencia? Ejemplo: si la afirmación es que una dieta sin carne prolonga la esperanza de vida en un 5-15 por ciento, ¿no será que la presencia de más verdura, y no la ausencia de carne, es lo que prolonga la esperanza de vida? Desde luego que sí.
- ¿Es posible que hayas puesto a prueba una muestra demográfica concreta y que otras variables sean la causa de la diferencia? Ejemplo: si la afirmación es que el yoga mejora la salud cardíaca, y el grupo experimental comprende personas de clase alta, ¿no será, quizá, que comen mejor que un grupo de control cualquiera? Puedes jugarte el cuello a que sí.
La cuestión no es especular sobre el centenar de posibles explicaciones.
La cuestión es mantener una actitud escéptica, sobre todo ante los titulares sensacionalistas. La mayoría de los «estudios nuevos» publicados en los medios de comunicación son estudios basados en la observación que, como mucho, pueden establecer una correlación (A sucede cuando sucede B), pero no una causalidad (A es la causa de que suceda B).
Si me hurgo la nariz cuando se interrumpe el partido de la supercopa para la publicidad, ¿he causado yo la interrupción del partido? Esto no es un haiku. Es un resumen: correlación no es prueba de causalidad. Mantén una actitud escéptica cuando la gente te diga que A es la causa de B.
Se equivocan más de la mitad de las veces.
USA EL YOYÓ: ACÓGETE A LOS CICLOS
Las dietas yoyó tienen mala prensa.
Antes de fustigarte, ir al psiquiatra o comerte una tarta de queso entera sólo porque has echado a perder tu dieta con una galleta, permíteme que te transmita un mensaje: eso es normal. Comer más, luego menos, luego más, y así en una continua onda sinusoidal, es un impulso que podemos aprovechar para alcanzar nuestros objetivos más deprisa. Al intentar impedirlo —al tratar de mantener una dieta baja en calorías, por ejemplo—, esa tendencia al yoyó se convierte en algo patológico e incontrolable. En cambio, programar excesos en la comida en momentos concretos resuelve problemas en lugar de crearlos.
Esto es algo que comprenden bien los más destacados culturistas del mundo e, incluso cuando están en la fase dietética previa a la competición, establecen ciclos calóricos para impedir una regulación hormonal a la baja.5 La media diaria podría ser de 4.000 calorías, pero aplicarían el siguiente ciclo: lunes, 4.000; martes, 4.500; miércoles, 3.500, etcétera.
Ed Coan, presentado como el Michael Jordan del levantamiento de potencia, estableció más de setenta récords mundiales en su especialidad. Entre otras cosas, levantó el increíble peso muerto de 901 libras con un peso corporal de 220 libras, venciendo incluso a los superpesos pesados. Su entrenador de entonces, Marty Gallagher, afirmó como si tal cosa que «mantenerse en una forma óptima durante todo el año es un billete para el psiquiátrico».
Puedes concederte caprichos, siempre y cuando lo hagas en el momento oportuno. La mejor parte es que estas subidas y bajadas planificadas, en lugar de invertir el avance, lo aceleran.
Olvídate del equilibrio y acógete a los ciclos. Es un ingrediente clave en el rediseño rápido del cuerpo.
PREDISPOSICIÓN FRENTE A PREDESTINACIÓN: NO ECHES LA CULPA A TUS GENES
Los corredores maratonianos de Kenia son legendarios.
Los kenianos han ganado las doce últimas maratones de Boston salvo la más reciente. En los Juegos Olímpicos de 1988 los hombres kenianos ganaron el oro en las carreras de 800, 1.500 y 5.000 metros, así como en los 3.000 metros obstáculos. Teniendo en cuenta su población de unos 30 millones de habitantes, la probabilidad estadística de que esto ocurra en una competición internacional del alcance de una olimpiada es de una entre 1.600 millones.
Si has estado un mínimo de tiempo en el mundo de la ciencia del ejercicio físico, adivinarás la composición de su fibra muscular, que es un rasgo heredado: contracción lenta. Las fibras musculares de contracción lenta son aptas para el trabajo de resistencia. ¡Los muy suertudos!
Pero he aquí el problema: parece que esto no es del todo cierto. Para sorpresa de los investigadores que realizaron biopsias musculares a los corredores kenianos, sus músculos contenían una gran proporción de fibras de contracción rápida, de la clase que uno esperaría encontrar en los lanzadores de peso o los velocistas. ¿Por qué? Porque resulta que suelen entrenar utilizando distancias cortas e intensidad alta.
Si tienes exceso de peso y tus padres tienen exceso de peso, la tendencia es achacárselo a la genética, pero esta solamente es una de las posibles explicaciones.
¿Se han transmitido los genes de la gordura, o se debe a un exceso de alimentación? Al fin y al cabo, la gente gorda tiende a tener animales de compañía gordos.
Incluso si tienes una predisposición al exceso de peso, no estás predestinado a ser gordo.
Eric Lander, jefe del Proyecto del Genoma Humano, ha hecho hincapié repetidas veces en la estupidez de justificar la impotencia adquirida por medio del determinismo genético:
La gente piensa que como los genes desempeñan un papel en algo, lo determinan todo. Una y otra vez oímos que la gente dice: «Todo es genético. No puedo hacer nada al respecto». Eso es absurdo. Afirmar que algo tiene un componente genético no significa que sea inalterable.
No aceptes la predisposición. No tienes por qué, y podemos indicarte una alimentación y una preparación física para encaminarte hacia un futuro físico distinto.6
Casi todos mis experimentos personales implican mejorar algo que debería repararse genéticamente.
Es posible corregir tu perfil genético de nacimiento. A partir de ahora, la «genética mala» no puede ser una excusa infalible.
ELIMINA LA PROPAGANDA Y LOS TÉRMINOS VAGOS
La palabra «aeróbic» surgió cuando los monitores de gimnasio se reunieron y dijeron: «Si vamos a cobrar 10 dólares la hora, no podemos llamarlo dar saltos arriba y abajo».
Rita Rudner
Una pregunta que debes aprender a plantear ante el consejo o el discurso del vendedor es: «Si este [método / producto / dieta / etc.] no diera el resultado que anuncia la publicidad, ¿cuáles podrían ser sus otros incentivos para venderlo?»
¿Las clases de aeróbic? La razón por la que te las venden: el aeróbic es más eficaz que la alternativa X. La verdadera razón por la que se lo promociona: no hay inversión en equipamiento y el gimnasio puede maximizar el número de clientes por metro cuadrado en cada clase. Muchas recomendaciones «nuevas y mejoradas» se basan primero en el cálculo de beneficios, y después se justifica el método en retrospectiva.
El lenguaje del vendedor y las palabras ambiguas no tienen cabida en 4HB ni en tus esfuerzos. Ambos pueden aparecer en conversaciones con amigos que, con la mejor intención de ayudar, harán más mal que bien. Si no tienen preparación, una de esas conversaciones por sí sola puede hacer descarrilar todo un programa de trabajo.
Estas son dos categorías de palabras que no deberías utilizar ni escuchar. La primera, el lenguaje del vendedor, incluye todos los términos empleados para asustar o vender que no tienen una base fisiológica:
Tonificación
Celulitis
Firmeza
Modelación
Aeróbic
La palabra «celulitis», por ejemplo, apareció por primera vez el 15 de abril de 1968 en un número de la revista Vogue, y esta enfermedad inventada pronto tuvo un gran número de creyentes en todo el mundo.
Vogue empezó a centrarse en el cuerpo tanto como en la ropa, en parte porque, dada la anarquía de estilos, su dictado no era ya determinante… En una asombrosa maniobra, se desarrolló toda una cultura de la sustitución poniendo nombre a un «problema» allí donde antes apenas existía, centrándose en el estado natural de la mujer, y elevándolo a dilema existencial femenino… El número de artículos relacionados con dietas se elevó al 70 por ciento entre 1968 y 1972.
La celulitis es grasa. Nada especial, ni una enfermedad ni un problema sin solución únicamente femenino. Puede eliminarse.
Menos obvias, pero a menudo más dañinas que el lenguaje del vendedor, son las palabras científicas en apariencia que se emplean tanto que ya no hay consenso sobre su significado:
Salud
Fitness
Óptimo
Para eliminar palabras que no deberías usar en el rediseño del cuerpo, la pregunta es: ¿puedo medirlo?
La afirmación «sólo quiero estar sano» no tiene una dimensión práctica. La afirmación «quiero aumentar mi colesterol HDL y mejorar el tiempo en que recorro un kilómetro trotando (o caminando)» sí tiene una dimensión práctica. La noción de «saludable» está sujeta a las modas y al régimen del momento. No sirve de nada.
La palabra «óptimo» también se pregona a bombo y platillo. «Puede que tu progesterona se encuentre en límites normales, pero no es óptima». La pregunta aquí, rara vez planteada, debería ser: ¿óptima para qué? ¿Para el entrenamiento de triatlón? ¿Para prolongar la esperanza de vida en un 40 por ciento? ¿Para aumentar la densidad ósea en un 20 por ciento? ¿Para mantener relaciones sexuales tres veces al día?
Lo «óptimo» depende por completo del objetivo que se fije uno, y ese objetivo debe ser numéricamente exacto. Lo «óptimo» es utilizable, pero sólo cuando está claro «para qué».
Si no lo está, trata el término «óptimo» como lo haría la Wikipedia: una palabra ambigua.
POR QUÉ UNA CALORÍA NO ES UNA CALORÍA
Las calorías son todas iguales, ya vengan de la ternera o del whisky, del azúcar o el almidón, o del queso y las galletas saladas. Demasiadas calorías no son más que demasiadas calorías.
FRED STARE, fundador y antiguo jefe del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard
La anterior afirmación es tan ridícula que raya en lo increíble, pero analicemos la cuestión desde una óptica más racional: situaciones hipotéticas.
Situación 1: Dos gemelos idénticos, ambos varones, comen exactamente lo mismo durante treinta días. La única diferencia: uno de los sujetos acaba de completar un potente tratamiento de antibióticos y ahora carece de buenas bacterias suficientes para una digestión completa.
¿Será igual el resultado en la composición corporal?
Claro que no. Regla número 1: Lo que importa no es lo que te llevas a la boca, sino lo que llega a tu torrente sanguíneo. Si pasa de largo, no cuenta.
El creador de la «caloría» tal como la conocemos, el químico decimonónico Wilbur Olin Atwater, no disponía de la tecnología que tenemos hoy día. Él incineraba los alimentos. La incineración no equivale a la digestión humana; comer un leño de la chimenea no acumulará la misma cantidad de calorías que producirá quemarlo. Los estómagos tienen dificultades con la corteza de los árboles, como con otras muchas cosas.
Situación 2: Tres mujeres de la misma raza, edad y composición corporal consumen 2.000 calorías diarias durante 30 días. El sujeto 1 consume sólo azúcar de mesa; el sujeto 2 consume sólo pechuga de pollo sin grasa, y el sujeto 3 sólo consume mayonesa (2.000 calorías son sólo 19,4 cucharadas, por si os interesa probarlo).
¿Será igual el resultado en la composición corporal?
Claro que no. Regla número 2: Las respuestas hormonales a los carbohidratos, las proteínas y las grasas son distintas.
No son pocos los estudios clínicos que demuestran que las calorías de la carne bovina7 no equivalen a las calorías del whisky.
Uno de dichos estudios, llevado a cabo por Kekwick y Pawan, comparaba tres grupos sometidos a dietas de semidesnutrición (isocalóricas) calóricamente idénticas, uno con un 90 por ciento de grasa, otro con un 90 por ciento de proteínas y un tercero con un 90 por ciento de carbohidratos. Aunque asegurar el cumplimiento era todo un desafío, los resultados fueron manifiestamente distintos:
1.000 cal con un 90% de grasas = pérdida de peso de 0.9 lbs. por día
1.000 cal con un 90% de proteínas = pérdida de peso de 0.6 lbs. por día
1.000 cal con un 90% de carbohidratos = aumento de peso de 0.24 lbs.
Fuentes distintas de calorías = resultados distintos.
Los factores que afectan a la distribución de las calorías —y que pueden modificarse de cara a la pérdida de grasa y el aumento de masa muscular— incluyen la digestión, la proporción de proteínas-carbohidratos-grasas y el momento de la ingestión.
Nos ocuparemos de estas tres variables.
HERRAMIENTAS Y TRUCOS
Seeking Wisdom From Darwin to Munger (www.fourhourbody.com/wisdom): Este es uno de los mejores libros sobre los modelos mentales, cómo usarlos y cómo no hacer el ridículo. Quien me dio a conocer este manual sobre el pensamiento crítico, fue Derek Sivers, que vendió su empresa, CD Baby, por 22 millones de dólares.
Poor Charlie’s Almanack: The Wit and Wisdom of Charles T. Munger: Este libro contiene casi todas las charlas y conferencias de Charlie Munger, vicepresidente de Berkshire Hathaway. Se han vendido casi 50.000 ejemplares sin publicidad ni exposición preferente en las librerías.
La mundología de Munger: La transcripción de esta charla, pronunciada por Charlie Munger en la Escuela de Empresariales de la Universidad del Sur de California, aborda los entre 80 y 90 modelos mentales importantes que abarcan el 90 por ciento de las decisiones que toma.
MARKETING 101: EL SEXISMO VENDE
Más del 50 por ciento de los ejemplos de este libro son de mujeres.
Los vendedores han condicionado a las mujeres para creer que necesitan programas y dietas específicos «para mujeres». Este es un ejemplo del capitalismo en su peor forma: crear una necesidad falsa y confusión.
¿Significa esto que voy a recomendar a una mujer que haga exactamente lo mismo que a una mole de 250 libras que quiere un contorno de brazos de 20 pulgadas? Claro que no. Los dos tienen objetivos distintos. Pero el 99 por ciento de las veces ambos géneros quieren lo mismo: menos grasa y un poco más de músculo en los sitios adecuados. ¿Y sabes qué? En estos 99 casos de cada cien, hombres y mujeres deberían hacer exactamente lo mismo.
Marilyn Monroe dando forma a su mundialmente famoso sex-appeal.
Por regla general, las mujeres tienen menos de una décima parte (a menudo menos de una cuadragésima parte) de testosterona que los hombres. Esta receta bioquímica no resiste un crecimiento muscular rápido a menos que la mujer sea una excepción; por consiguiente, en lo que queda de este libro te ruega que dejes de lado el temor a ponerte machorra.
Incluso si eres de las que responden rápidamente, al observar los cambios, puedes omitir partes o reducir la frecuencia. No debe preocuparte despertar una mañana con el aspecto de Hulk después de una sola sesión de ejercicio. Eso es imposible, por mucho que lo deseen los hombres. Habrá tiempo de sobra para retocar y afinar, para reducir o cambiar de marcha, por el camino.
Una objeción potencial de los científicos del grupo: «¿no tienen las mujeres más fibras musculares de contracción lenta? ¿No significa eso que las mujeres deberían entrenar de manera distinta?». Yo respondo que no, y no soy el primero. Basándonos en los datos de este libro y de la información especializada, veremos que (1) la composición de fibra muscular puede alterarse, y (2) debes comer y entrenar conforme al resultado que desees, no acomodarte a tu actual estado.
No seas víctimas del sexismo en el ejercicio físico. Raya en el engaño la farsa del vendedor.
3. En este caso, «el cuerpo perfecto en cuatro horas» es bastante literal.
4. A menudo se llama a estos «modelos mentales» «heurística» o «marcos analíticos».
5. Por ejemplo, la conversión adecuada de la hormona tiroidal T4 en la hormona T3, más termogénicamente activa.
6. Los genes por sí solos no explican la diversidad de características que vemos en torno a nosotros. Ahora se atribuye al ARN mensajero (ARNm) la responsabilidad de gran parte de la diversidad, y hay una buena noticia: del mismo modo que se pueden encender y apagar los genes, se puede influir en el ARNm de un modo espectacular a través del medio ambiente, incluso interrumpir ciertos procesos por completo mediante intervenciones.
7. Las proteínas, por decir algo, originan un efecto térmico de los alimentos (ETA), mayor que los carbohidratos o las grasas. Dicho en términos sencillos, en la digestión se «pierde» en forma de calor un porcentaje mayor de calorías con las proteínas que con los carbohidratos o las grasas. Esto ha llevado a algunos científicos a afirmar que las cuatro calorías por gramo atribuidas a las proteínas deberían reducirse en un 20 por ciento, es decir, a 3,2 calorías por gramo.
ZONA CERO
Empezar y el Swaraj
En el plano individual, el Swaraj guarda una relación esencial con la capacidad de autoevaluación desapasionada, la incesante autopurificación y la creciente autosuficiencia… Es Swaraj cuando aprendemos a gobernarnos.
Mahatma Gandhi, Joven India, 28 de junio de 1928, pág. 772
EL MOMENTO HARAJUKU
La decisión de convertirse en un ser humano completo
No debo tener miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la muerte menor que acarrea la destrucción total. Haré frente al miedo. Le permitiré que pase por encima de mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, volveré el ojo interior para ver el camino por donde se ha ido. Allí adonde el miedo haya ido no habrá nada. Sólo permaneceré yo.
Frank Herbert, Dune,
«La letanía contra el miedo» de la hermandad Bene Gesserit
Para la mayoría de nosotros, los libros de autoayuda en nuestras estanterías representan una creciente lista de tareas pendientes, no los consejos que hemos seguido.
Varios de los altos ejecutivos del sector tecnológico más conocidos de San Francisco me han pedido en distintas ocasiones un mismo favor: una ficha con instrucciones concretas para perder grasa abdominal. Todos ellos se expresaron con toda claridad: «Dime exactamente qué hacer y lo haré».
Les di todos los consejos tácticos necesarios en una tarjeta de 3 por 5 pulgadas, sabiendo de antemano cuál sería el resultado. El índice de éxito fue impresionante: un cero por ciento.
A la gente se le da fatal seguir consejos. Incluso las personas más eficaces lo hacen pésimamente. Existen dos razones:
- La mayoría de la gente no tiene razones suficientes para actuar. El dolor no es lo bastante doloroso. Es un «me gustaría conseguir», no un «debo conseguir». No ha habido un «momento Harajuku».
- No hay recordatorios. No hay un seguimiento consistente = no hay conciencia = no hay cambio conductual. Un seguimiento consistente, aunque no se sepa nada de la pérdida de grasa o del ejercicio, a menudo podrá más que los consejos de entrenadores de talla mundial.
Pero ¿qué es este «momento Harajuku» tan importante?
Es una epifanía que convierte el «me gustaría conseguir» en el «debo conseguir». No tiene sentido empezar antes de que eso suceda. Es aplicable tanto a la pérdida de grasa como al aumento de la fuerza, a la resistencia tanto como al sexo. Por muchas instrucciones concretas y recetas que yo dé, necesitarás un momento Harajuku para impulsar tu propio cambio.
Chad Fowler lo sabe.
Chad, director tecnológico de InfoEther, Inc., dedica gran parte de su tiempo a resolver difíciles problemas para sus clientes en el lenguaje de programación Ruby. Asimismo, es coorganizador de los congresos anuales Ruby Conf y RailsConf, que es donde yo lo conocí. Nuestro segundo encuentro fue en Boulder, Colorado, donde empleó su experiencia en el aprendizaje de una lengua natural como el hindi para enseñar a un cabeza de alcornoque (yo) los rudimentos del Ruby.
Chad es un profesor increíble, con un gran talento para las analogías, pero en nuestra sesión me distrajo algo que mencionó de pasada. En fecha reciente había perdido más de 70 libras en menos de 12 meses.
No fue el peso en sí lo que me fascinó. Fue la duración del proceso. Había sido obeso durante más de una década, y el cambio parecía haber surgido de la nada. En cuanto volví a San Francisco, le pregunté por correo electrónico:
¿Cuáles fueron los puntos de inflexión, los momentos y las percepciones que te llevaron a perder esas 70 libras?
Yo quería saber cuál era el momento definitorio, la conversación o toma de conciencia que lo empujó a apretar el gatillo después de diez años sin cambios.
Su respuesta aparece en este capítulo.
Incluso si no te interesa la pérdida de grasa, las ideas clave (entre otras, la plenitud parcial, los datos y la supersimplificación) te ayudarán a levantar 500 libras, correr 50 kilómetros, aumentar 50 libras de peso o hacer cualquiera de las cosas incluidas en este libro.
Pero antes hablemos de una rareza: el recuento de calorías. Acabo de echar por tierra el recuento de calorías, e incluyo el enfoque de Chad basado en las calorías para demostrar una cosa.
Este libro no existía cuando Chad perdió sus libras, y hay cosas a las que hacer un seguimiento más interesantes que las calorías. Pero… ¿recomendaría yo el seguimiento de las calorías como una alternativa al seguimiento de nada? Por descontado. El seguimiento de algo es mejor que el seguimiento de nada.
Si tienes un gran sobrepeso, eres muy débil o muy poco elástico, o muy cualquier cosa negativa, el seguimiento incluso de una variable mediocre te ayudará a desarrollar una conciencia que te lleve a los cambios de conducta adecuados.
Esto pone de relieve una lección alentadora: no tienes por qué hacerlo todo bien. Basta con que tengas las cosas clarísimas respecto a unos cuantos conceptos.
Ya vendrán después los resultados.
Entra Chad Fowler.
El momento Harajuku
«¿Por qué había estado deteriorándome físicamente durante diez años (partiendo ya de un estado de salud bastante pobre), y no lo he resuelto hasta ahora?
»De hecho, recuerdo el momento en que decidí tomar medidas.
»Estaba en Tokio con un grupo de amigos. Fuimos todos a Harajuku para ver a unos jóvenes vestidos artísticamente y también para comprar una ropa fabulosa, a la que debe su fama esa zona. Un par de personas del grupo vestían muy a la moda y tenían la intención de comprar unas prendas muy concretas. Tras entrar en varias tiendas y salir sin contemplar seriamente la compra de nada, uno de mis amigos y yo abandonamos y nos quedamos esperando fuera mientras los demás seguían comprando.
»Ambos lamentamos lo desfasados que estábamos en cuanto a moda.
»A continuación, sin poder contenerme, le dije lo siguiente: “En mi caso, da igual lo que me ponga. De todos modos, me quedará mal”.
»Creo que coincidió conmigo. No lo recuerdo, pero no es esa la cuestión. La cuestión es que esas palabras se quedaron flotando en el aire, como cuando dices algo muy bochornoso en una sala con mucho ruido pero casualmente hablas en el único instante de silencio que se produce en toda la noche. Todo el mundo te mira como si fueras idiota. Pero en esa ocasión era yo quien me miraba a mí mismo con ojo crítico. Me oí pronunciar esas palabras y reconocí en ellas no su contenido, sino su tono de impotencia. En la mayoría de mis actividades, soy una persona con un sólido éxito. Decido que quiero las cosas de una manera determinada, y lo consigo. Lo he hecho con mi vida profesional, con el aprendizaje de la música, la comprensión de lenguas extranjeras y básicamente con todo aquello que me propongo.
»Durante mucho tiempo, he sabido que la clave para emprender el camino que te llevará a destacar en algo es sencillamente actuar con la intención de destacar.
»Si deseo una carrera profesional por encima de la media, no puedo limitarme a “dejarme llevar por la corriente” para conseguirlo. Eso es lo que hace la mayoría de la gente: desea un resultado pero no emprende las acciones dirigidas hacia ese resultado. Si la mayoría de la gente sólo hiciera algo, por poco que fuera, descubriría que consigue una versión del resultado que busca. Ese ha sido mi secreto. Dejar de desear y empezar a actuar.
»Y sin embargo, allí estaba yo, hablando de la parte indiscutiblemente más importante de mi vida —mi salud—, sobre la que no ejercía el menor control. Me había dejado llevar por la corriente durante años. Deseando un resultado y esperando a ver si se producía. Yo era el ser impotente y desvalido que detesto en los demás.
»Pero, de algún modo, como el estudioso en el colegio que siempre era elegido el último para todo, me había permitido considerar que «no ser bueno en el deporte» o «no estar en forma» eran atributos inherentes a mí. El resultado neto es que me quedé con una imagen de mí mismo de persona incompleta. Y aunque había (tal vez) compensado sobradamente esa falta de plenitud, destacando en cualquier otro campo que me fuera posible, seguía acarreando conmigo esa impotencia, que poco a poco y muy sutilmente me corroía por dentro.
»Así pues, si bien es cierto que no me habría quedado demasiado bien la ropa elegante, el catalizador aparentemente superficial que me llevó por fin a hacer algo no fue en absoluto superficial. De hecho arrancó una profunda raíz que, creo, había dirigido una parte importante de mí durante casi toda mi vida.
»Y ahora reconozco que esa es una pauta. En el entorno en el que me muevo (los programadores informáticos y la gente del mundo de la tecnología), esta plenitud parcial no sólo es común, sino quizás incluso sea la norma. De un tiempo a esta parte mi vida se centra en algo nuevo: en desenterrar esas raíces malas; en descubrir los agujeros que no veía en mí mismo. Y ahora los estoy llenando uno por uno.
»En cuanto empecé a perder peso, el proceso en su conjunto no sólo fue fácil, sino que lo disfruté.
»Al principio me lo tomé con calma. Sólo me fijaba en la comida y hacía ejercicio cardio relajadamente tres o cuatro veces por semana. Fue entonces cuando me planteé mejorar un poco cada día. El primer día fue fácil. Todo ejercicio era mejor que lo que venía haciendo hasta ese momento.
»Si preguntaras al obeso medio: “Si pudieras hacer ejercicio durante UN año y al final se te considerara ‘en forma’, ¿lo harías?” Supongo que prácticamente todos contestarían con un sí rotundo. El problema es que para la mayoría de las personas normales no hay un camino claro desde la gordura hasta el peso correcto en un año. Para casi todo el mundo el camino está ahí y muy a la vista si uno sabe lo que se hace, pero es casi imposible imaginar un resultado así desde una distancia tan lejana.
»La primera toma de conciencia que me permitió seguir adelante y decantarme por las decisiones adecuadas fue que debía usar datos.
»Averigüé qué era el índice metabólico basal (IMB), también llamado índice metabólico en estado de reposo, y me asombró descubrir la cantidad de calorías que debía ingerir para quedarme en el mismo peso. Era enorme. En cuanto empecé a consultar el contenido calórico de los alimentos que no eran manifiestamente nocivos, tuve la sensación de que habría tenido que comer vorazmente a todas horas del día para seguir estando gordo. El IMB me demostró que (1) no sería difícil reducir las calorías, y (2) debía de haber cometido GRANDES errores para consumir esas calorías, no pocas. Eso fue una buena noticia. Los grandes errores implican mucha comida a mano.1
»Lo siguiente fue descubrir que 4.000 calorías equivalen aproximadamente a una libra de grasa. Sé que eso es una simplificación, pero da igual. La simplificación es una de las herramientas que mencionaré a continuación. Pero si 4.000 es poco más o menos una libra de grasa, y mi IMB me permite reducir un número enorme de calorías al día, de pronto se ve con toda claridad cómo perder mucho peso sin hacer siquiera ejercicio. Si a eso le sumas unos cuantos cálculos sobre el número de calorías que quemas haciendo, pongamos, 30 minutos de ejercicio, enseguida consigues una fórmula como esta:
IMB = 2.900
Ingestión real = 1.800
Déficit por la dieta = IMB – ingestión real = 1.100
Quemadas en 30 minutos de cardio = 500
Déficit total = déficit por dieta – quemadas en 30 minutos de cardio = 1.600
»De modo que eso viene a ser 1.600 calorías menos en un día, o casi media libra de peso malo que podía perder en un solo día. Así que, redondeando, puedo perder 5 libras en una semana y media sin siquiera hacer un gran esfuerzo. Cuando pesas 50 libras de más, conseguir el diez por ciento de tu objetivo así de deprisa es un logro real.
»Una cosa importante que he mencionado antes es que todos estos números son en cierto modo una necedad. Da igual, y tomar conciencia de que daba igual fue uno de los cambios más drásticos que tuve que hacer. Cuando estás entre 50 y 70 libras por encima de tu peso (o mejor dicho, siempre que tienes que hacer un GRAN cambio), preocuparte por si cuentas de manera más o menos imprecisa las calorías consumidas o quemadas puede llegar a ser mortal. El hecho es que no existen herramientas disponibles para las personas normales que nos indiquen con exactitud cuánta energía quemamos o consumimos. Pero si aciertas vagamente y, sobre todo, si las cifras apuntan en una dirección correcta, pueden representar una gran diferencia para ti.
»He aquí otra cifra pseudocientífica útil: por lo visto, la pérdida de diez libras representa aproximadamente una talla de ropa [XL → L → M]. Eso fue un motivador ENORME. Me encantó donar ropa durante todo el año e ir de compras sin sentirme culpable.
»Como estudioso que soy, me desanimo con demasiada facilidad ante los proyectos de recolección de datos en los que es difícil o imposible reunir datos precisos. Acostumbrarme a olvidarme de eso fue lo principal.
»A este conocimiento se suma un entendimiento básico de cómo funciona el metabolismo. Estas son las cosas más importantes que cambié: el desayuno en los primeros 30 minutos después de despertar y
