
Después de todo, habían trabajado juntos cuando lo mandaron al Subterráneo por primera vez, un año atrás. —Tómate la pastilla y entra en la cápsula, Leónidas. Ante la orden de la mujer, el aludido sacudió la cabeza para dejar las preocupaciones a un lado. Tenía que convencerse de que todo saldría bien, de que a él no le pasaría nada y Ruga estaría seguro. Violette, Luna y todos los demás también lo estarían. Debían avanzar en las siguientes fases de la misión que Azul había planificado y, para ello, lo que estaba a punto de hacer era clave. Con más seguridad que antes, y sin que el terror se llegara a desprenderde sus ojos, Leo se metió la píldora en la boca y se la tragó sin pensárselo. Anteel gesto de asentimiento de Azul para que diera el segundo paso, se introdujodentro de la cápsula llena de un líquido del mismo color violáceo que la pastilla y se tumbó en su suelo metálico, siguiendo las indicaciones de la mujer.Mientras Azul le colocaba algunos cables y sensores en las manos y lacabeza, se volvió a repetir que todo iría bien, y que lo que iba a hacer los acercaría más al objetivo final de todo aquello por lo que habían estado luchando.El sistema de Exced se derrumbaría.El Límite caería y el sol volvería a llegar al Subterráneo.Cuando terminó de colocar todas las conexiones, Azul se apartó de lacápsula, sin dejar de mirarlo. Leo suspiró mientras el cristal de la cápsula secerraba: el líquido brillante empezó a ascender y lo cubrió cada vez más.—No dejes que le pase nada —dijo, justo antes de que la cabeza le quedara envuelta por la viscosidad del fluido.Unos instantes después, su corazón ya se estaba ralentizando y todo su mundo se llenaba de penumbra.Azul, que contemplaba cómo la consciencia del chico se perdía del todo, asintió a la nada. Ya sabía que no era una persona que amenazara, sino que más bien tendía a pedir las cosas por favor, si es que se atrevía a pedir algo. Aquella vez, sin embargo, sí que había suplicado. Dejando escapar un suspiro, la mujer susurró que sí, que cuidaría deél, aunque ya nadie la escuchara. No sabía cuándo el chico volvería a hacerlo. Tal vez nunca volvería a escucharla.6CUANDO VIMOS LA LUZ