Tengo la excusa perfecta para escribirte estas líneas. Estas y todas las del mundo. Tú no me las has pedido, pero yo tengo la necesidad de dedicártelas aunque ni siquiera sepas por qué. Está escrito y no pienso oponerme a ello.
No hace demasiado tiempo que sé lo que he venido a hacer aquí. Era tan sencillo de entender y tan claro, que para poder verlo necesité décadas de oscuridad y que amaneciera en el planeta en el que vivía. Es muy irónico, pero tengo la certeza de que la vida funciona así. De una manera mucho más simple y cristalina de lo que imaginamos. Y por eso sé que todas las historias hablan siempre de lo mismo. Del único relato posible.
Eso es lo que hace extremadamente importante despertar cuanto antes y entender esto pronto:

No hay más historia que esa.
Yo llegué tarde, muy tarde. Cuando en mi historia habían pasado ya un montón de cosas. Aun así, crecí siendo el protagonista de ella y con una bailarina cerca de mí. No aprendí a verlas hasta hace muy poco, pero enseguida me di cuenta de que siempre habían estado a mi lado. Aunque yo no lo advirtiera. No son hadas, ni musas, ni nada parecido, y tal vez no puedas verlas a simple vista. Pero sí sentirlas y reconocer sus señales. Algún día, prometo contar todo lo que de ellas sé en un libro que tal vez titule El buscador de bailarinas. Me gusta cómo suena. En él detallaré bien cómo llegué a ser uno de ellos en cuanto fui capaz de quitarme la venda que me cubría los ojos. Estoy seguro de que el libro podría generar una auténtica revolución porque el mundo está completamente lleno de ellas. No, corrijo. El mundo está completamente loco por ellas. Sin embargo, casi nadie las llega a comprender realmente. Con lo fácil que en verdad es…
En el libro escribiré acerca de lo que les dije y lo mucho que las escuché. Y dedicaré gran parte de sus páginas sobre todo a relatar cómo aprendí a mirarlas siempre a los ojos para que nunca se sintieran solas. Para que siempre pudieran bailar. Esa será la mejor parte. Seguro. Porque las conozco bien, y sé cómo encontrarlas. Soy todo un experto en eso. Las bailarinas se esconden detrás de muchas, muchas cosas, incluidas las tazas de café, las estampidas y los disfraces. Eso sí, hay algo a lo que no pueden resistirse o rara vez lo hacen: el chocolate. Tienen una gran fuerza de voluntad para todo lo demás, hasta para mover el mundo, pero no pueden resistirse al chocolate.
Es siempre su punto débil.
Así que, si quieres que bailen para ti, no las obligues, ni les grites, ni les metas miedo. Háblales con el corazón, escúchalas mirándolas fijamente a los ojos y ármate de paciencia, de una buena dosis de paciencia, y de al menos un poquito de chocolate (por si acaso). Te aseguro que bailarán para ti. Y si además les llevas un beso y un abrazo, se quedarán ya para siempre contigo.
Palabra de buscador de bailarinas.
Os regalo un adelanto del libro:


Los buscadores y el mundo de las bailarinas
Al desprenderse de su venda, un buscador de bailarinas ha de tener muy claro que para poder reconocerlas tiene que llegar a entender muy bien el mundo en el que habitan. El mundo de las bailarinas. Y así, poder disfrutar plenamente de toda la luz que desprenden. Porque a pesar de lo fácil que es comprenderlas, lo increíble es que casi nadie lo consigue. Como dije palabras antes. Y esto es algo muy curioso, porque cuando somos niños todos podemos verlas y sentirlas en su plenitud. Se puede comprobar fácilmente. Cuando tengas un niño ante ti, presta atención, porque con seguridad verás que junto a él o muy cerca hay una o varias bailarinas pendientes de si las mira. Ellas saben perfectamente que los niños pueden sentirlas desde que nacen. Como si ya fueran buscadores. Es algo inherente a ellos. Y cuanto más pequeños son, más facilidad tienen para reconocerlas. Es así. Por eso las bailarinas bailan siempre para ellos, para que sonrían cuando quieran hacerlo y puedan crecer y disfrutar con total libertad de su niñez.
Pero entonces ¿cómo es posible que al nacer seamos capaces de verlas y sentirlas, pero después, con el paso del tiempo, desaparezcan de delante de nuestros ojos? ¿Es tal vez porque al llegar a un momento concreto de la vida nuestra mirada deja de poder contemplarlas? ¿O es que al madurar perdemos la sensibilidad necesaria para apreciarlas y admirar el majestuoso silencio de sus pasos? Para la mayoría de los hombres sería este un misterio inabarcable, pero no para nosotros, los buscadores, que sabemos perfectamente por qué este acontecimiento sucede. Si me lo permites, te lo aclararé un poco más adelante, ¿de acuerdo?
Aun así, ellas siguen estando ahí y, aunque perdamos nuestra capacidad innata para apreciarlas, nunca desaparecen del todo. Las estrellas lo saben y los buscadores de bailarinas también. Ese es el motivo que da sentido a nuestra existencia. Las estrellas alumbran su destino y los buscadores las encontramos cuando se pierden o se quedan dormidas. Por eso nos quieren tanto y por eso siempre tenemos un lugar privilegiado entre sus abrazos, y las mejores butacas para ver sus coreografías. La clave es tratar de conseguir que puedan seguir bailando. No entender eso, es no entender nada.


De bailarina a durmiente
Así que estas son algunas de las cosas que no pueden dejar de comprenderse plenamente si uno quiere conocer más a fondo el lenguaje de las bailarinas. Los buscadores tenemos una habilidad extraordinaria para comprender ese lenguaje y ser capaces de encontrarlas incluso cuando se esconden en lugares inaccesibles, cuando creen haberse perdido o cuando están convencidas de que se les ha olvidado bailar, cosa que les ocurre con frecuencia a muchísimas de ellas. Cuando esto sucede, las bailarinas se convierten en durmientes, o al menos es así como las llamamos los buscadores. Son bailarinas que han dejado de bailar por algún motivo que para ellas se vuelve insuperable, durante un tiempo (que puede llegar a ser mucho), o para siempre.
Es ahí cuando uno se da cuenta de lo extremadamente sensibles que son y de por qué suele pensarse que son tan frágiles. ¿Frágiles? ¿He dicho frágiles? Creo que esa no es la palabra más adecuada para referirse a ellas, porque en realidad a mí no me lo parecen en absoluto. Más bien al contrario. Son muy fuertes, y tremendamente resistentes y flexibles, y hasta son capaces de bailar casi en cualquier momento y lugar, ya sea en grupo, en pareja o solas. Yo diría que son casi invencibles y con una creatividad infinita. Sin límites. Porque a los ojos de los incrédulos, cualquiera puede parecer débil o vulnerable, y son muchos los que piensan que en el caso de las bailarinas también es así. Nada más poco acertado que eso. Las bailarinas son muy, muy poderosas, y pueden bailar durante vidas enteras siempre que reciban la energía que necesitan. Eso es todo lo que tiene que suceder.
¿Que cuál es la energía que necesitan? Mi querido acompañante, este será el primero de los secretos que voy a revelarte. Lo único que realmente necesitan las bailarinas para seguir bailando es…

Las bailarinas lo saben todo sobre Amor. Todo. Desde que nacen, son parte de él, y se dejan llevar por el impulso de expresarlo, de sentirlo y de acompañarlo allá adondequiera que se dirija. No pueden no hacerlo. No pueden no vivirlo. Y la forma que eligen las bailarinas para transmitir Amor es bailar. Siempre bailar. Por eso
