EL TEXTO
El discurso vacío es una novela armada a partir de dos vertientes, o grupos de textos: uno de ellos, titulado “Ejercicios”, es un conjunto de ejercicios caligráficos breves, escritos sin otro propósito; el otro, titulado “El discurso vacío”, es un texto unitario de intención más “literaria”.
La novela en su forma actual fue construida a semejanza de un diario íntimo. A los “Ejercicios”, ordenados cronológicamente, fui agregando los trozos de “El dis curso vacío” correspondientes a cada fecha, aunque conservando mediante subtítulos la separación entre uno y otro texto. Esta solución me fue sugerida por Eduardo Abel Giménez, en lugar de la que había utilizado previamente y que estaba basada en poco confiables variantes tipo gráficas.
En un trabajo posterior de corrección eliminé algunos pasajes e incluso algunos de los “Ejercicios” íntegros, a veces como protección de la intimidad propia o de otras personas, y siempre en favor de una lectura menos tediosa. Añadí algún párrafo y algunas frases para explicitar el sentido de ciertas referencias. Salvo esas pequeñas operaciones quirúrgicas, este texto es fiel a los originales.
M. L.
Colonia, mayo de 1993
Este libro, al igual que su contenido, existe en función de mi mujer, Alicia, y de su mundo. Aunque resulte redundante debo subrayar que esta novela está dedicada a Alicia, a Juan Ignacio y al perro Pongo, es decir, a mi familia.
M. L.
Montevideo, octubre de 1996
PRÓLOGO
22 de diciembre de 1989
Aquello que hay en mí, que no soy yo, y que busco.
Aquello que hay en mí, y que a veces pienso que
también soy yo, y no encuentro.
Aquello que aparece porque sí, brilla un instante y luego
se va por años
y años.
Aquello que yo también olvido.
Aquello
próximo al amor, que no es exactamente amor;
que podría confundirse con la libertad,
con la verdad
con la absoluta identidad del ser
—y que no puede, sin embargo, ser contenido en palabras
pensado en conceptos
no puede ser siquiera recordado como es.
Es lo que es, y no es mío, y a veces está en mí
(muy pocas veces); y cuando está,
se acuerda de sí mismo
lo recuerdo y lo pienso y lo conozco.
Es inútil buscarlo; cuanto más se le busca
más remoto parece, más se esconde.
Es preciso olvidarlo por completo,
llegar casi al suicidio
(porque sin ello la vida no vale)
(porque los que no conocieron aquello creen que la vida no vale)
(por eso el mundo rechina cuando gira).
Este es mi mal, y mi razón de ser.
* * *
He visto a Dios
cruzar por la mirada de una puta
hacerme señas con las antenas de una hormiga
hacerse vino en un racimo de uvas olvidado en la parra
visitarme en un sueño con el aspecto repulsivo de una babosa gigantesca;
he visto a Dios en un rayo de sol que oblicuamente animaba
la tarde;
en el buzo violeta de mi amante después de una tormenta;
en la luz roja de un semáforo
en una abeja que libaba empecinadamente de una florcita
miserable, mustia y pisoteada, en la plaza Congr
