Un regalo en El Café de la Luna Llena (El Café de la Luna Llena 2)

Mai Mochizuki
Mai Mochizuki

Fragmento

Introducción

Introducción

Una media luna de cristalina blancura asomaba en el cielo. Eran precisamente esas noches iluminadas por la luna en cuarto creciente las más idóneas para estudiar.

La fuerza que emanaba de la luna, en su gradual crecimiento hasta convertirse en llena, insuflaba energía en todo aquello que también se encontrase en pleno desarrollo bajo el cielo, impulsándolo.

Por dicha razón, era en esas noches en cuarto creciente cuando el Café de la Luna Llena abría sus puertas para celebrar sus reuniones de estudio.

Una amplia planicie dentro de un extenso parque bañado por la luz lunar acogía nuestro remolque del Café de la Luna Llena, con su suave y cálida iluminación. Los participantes tomaban asiento ante unas mesas dispuestas en abanico frente a la luz, alrededor del maestro: el gran gato tricolor.

Además de maestro, también era dueño del Café de la Luna Llena y, por si fuera poco, astrólogo.

Al anochecer, teñida de violeta oscuro la cúpula celeste, soplaba la suave brisa de un recién inaugurado invierno. Nada podía alterar la paz del ambiente de estudio bajo aquella acogedora luz.

Todos los que se daban cita aquella noche mantenían una conexión primordial entre sí: eran mensajeros de las estrellas. Su pequeño problema consistía en que, faltos de conocimiento de nada que no fuese ellos mismos, necesitaban de ocasionales sesiones de preparación bajo la tutela del maestro.

Sobre cada una de las mesas, a disposición de cada alumno, descansaba un vaso de limonada de luz de luna.

Elaborada con limones bañados por la luz lunar, tenía un gusto ácido y dulce que traspasaba los sentidos hasta llegar al fondo. Era altamente recomendable para quienes, terminada la jornada de trabajo, regresaban a sus casas y, cómo no, para aquellos aplicados estudiantes que se disponían a comenzar su sesión de estudio.

—¡El color de esta limonada es igual que el de mi pelo! —exclamé entre risas, mientras me acariciaba el cabello y me llevaba el vaso a los labios. Al poco, alcé la mano mirando al maestro—. ¡Maestro, tengo una pregunta!

—Dime, Afrodita.

—El paso de la era de Piscis a la de Acuario se produjo en el 2000, ¿no es así? ¿Cómo es posible que solo unos años después, en el 2020, el mundo se haya vuelto tan turbulento?

El maestro asintió con la cabeza y deslizó la mirada por los asistentes.

—¿Alguien conoce la respuesta? —preguntó.

Un joven pelirrojo apoyó las manos sobre la mesa y se puso en pie.

—La era de Piscis terminó en el año 2000. Entonces comenzó la de Acuario. El motivo por el que arrastramos muchos de los problemas de la era de Piscis es que seguimos en un ciclo del elemento Tierra. Sin embargo, en diciembre de este 2020, este ciclo llega a su fin y, en 2021, comienza un ciclo de Aire. El año 2020 ha manifestado los efectos de ese cambio.

Tras lo dicho, el joven pelirrojo tomó asiento de nuevo.

Se llamaba Ares. Tenía un rostro viril y el pelo de un rojo brillante como el fuego, al igual que el iris de sus ojos.

—Ar, me has sorprendido. Veo que te has aplicado en el estudio —susurró Hermes, de pelo plateado y aspecto asexuado. Tenía fama de joven guapo.

—¿Harías el favor de llamarme por mi nombre completo? —protestó Ares—. Ar se puede confundir con Her, la primera sílaba de tu nombre.

—Pues nada, a mand… Ar —replicó Hermes, riendo, ante la mirada furibunda de Ares.

Tampoco el maestro, que había oído la réplica, pudo evitar una risa sofocada.

—Ares, tu respuesta es correcta —concedió el maestro—. Así es. El siglo XIX nos trajo el ciclo de Tierra durante más de doscientos años.

Fruncí el ceño. Nunca había oído hablar de aquello.

—Pero, si estoy en lo cierto, la era de Piscis se inició tras la era anterior —señalé— y se prolongó dos mil años, hasta el 2000. ¿Qué es todo eso de los ciclos de la Tierra y del Aire?

Mi inocente desconcierto debió de reflejárseme en el rostro, porque Hermes, sentado a mi lado, me miró boquiabierto.

—¿No sabes nada de eso? ¿Cómo te las has arreglado para atender a los clientes todo este tiempo?

—Conozco cualquier cosa referente al horóscopo, la alineación de planetas, todo. Los misterios me son revelados y yo los transmito, como una sacerdotisa.

—¿Por intuición?

—¡Nada de intuición! Soy fiel a lo que me dicta el universo.

A pesar de la seguridad con que respondí, me sentí incómoda y me encogí en mi asiento.

—De acuerdo, de acuerdo —zanjó Hermes con un resoplido.

«Tan insolente como siempre», pensé.

Ares lanzó una nueva mirada fulminante a Hermes.

—Afrodita es muy sensible. ¡Se merece más respeto! —bramó.

—Lo que tu digas —respondió Hermes con desgana.

—Volvamos al asunto que nos ocupa —terció el maestro al tiempo que echaba mano de su reloj de bolsillo. En apariencia, aquel reloj era como cualquier otro, pero en ocasiones podía ser algo más que un reloj común.

Las constelaciones de Piscis y de Acuario se dibujaron en el cielo nocturno.

—Como bien ha dicho Ares, durante alrededor de dos mil años, hasta el 2000, fue la era de Piscis. Ahora nos hemos adentrado en la de Acuario. Preguntémonos qué caracteriza a Acuario: el equinoccio de primavera. El equinoccio de primavera estaba en Piscis, pero ahora se ha trasladado a Acuario.

—¡El equinoccio de primavera! —exclamé, asintiendo con la cabeza sin comprender nada.

—El cambio de estación conlleva cambios en la ropa que llevamos y en nuestros hábitos —continuó el maestro—. Cambia, en definitiva, el modo en que vivimos. De la misma manera, el paso de una era a otra trae consigo las más diversas transformaciones.

Contuve las ganas de volver a preguntar; de momento, era mejor mantener la boca cerrada y escuchar.

El maestro vino a decirnos que, durante la era de Piscis, los cuatro elementos —Fuego, Tierra, Aire y Agua— sufrieron transformaciones.

El primero de los elementos es el Fuego, asociado a los signos del zodiaco Aries, Leo y Sagitario.

El segundo, la Tierra. Sus signos son Tauro, Virgo y Capricornio.

Aire es el tercero. A él pertenecen los signos Géminis, Libra y Acuario.

Finalmente, el cuarto: Agua. Sus signos son Cáncer, Escorpio y Piscis.

A los cambios que se producen de un elemento a otro se los llama «mutaciones». Estas suceden aproximadamente una vez cada doscientos años.

—Os preguntaréis cómo suceden dichas mutaciones…

El maestro, que había estado caminando a paso ligero, se detuvo y apoyó las manos en los hombros de Cronos, un hombre de mediana edad y aspecto inteligente, enfundado en un traje, y de Zeus, una rolliza mujer de mediana edad y aspecto agradable.

—Saturno y Júpiter[1] tienen un gran poder de influencia sobre la sociedad. Ambos se alinean una vez cada veinte años, fenómeno que recibe el nombre de «Gran Conjunción».

«Conjunción» era la palabra que usaban los astrólogos para referirse a la alineación entre planetas.

Anoté diligentemente en mi cuaderno: «Gran Conjunción».

—Saturno y Júpiter se juntan una vez cada veinte años… —musité.

—Dicho así… —protestó Cronos, frunciendo el ceño.

—Deja a la chica expresarse —medió Zeus, riendo divertida.

—Así es —confirmó el maestro, moviendo la cabeza en señal de asentimiento—. Saturno y Júpiter entran en conjunción una vez cada veinte años. Lo interesante es que, una vez cada doscientos años, cambia la posición en que se alinean. Digamos que pasan de una posición de Fuego a una posición de Tierra. Así, desde comienzos del siglo XIX hasta el año 2020, ambos han estado agrupándose bajo los signos de Tauro, Virgo y Capricornio, asociados al elemento Tierra. Sin embargo…

El maestro dio cuerda dos veces a su reloj de bolsillo.

—Durante los últimos días del mes de diciembre de 2020, Saturno y Júpiter se alinearon bajo el signo de Acuario, asociado al elemento Aire. A partir de ese momento y a lo largo de los siguientes doscientos años, entrarán en conjunción bajo los signos de Géminis, Libra y el mencionado Acuario, es decir, signos de Aire.

Apenas dijo aquello, el reloj de bolsillo brilló y proyectó dos constelaciones sobre el firmamento nocturno.

Al comprenderlo, me puse en pie.

—Ahora lo entiendo. Lo ha explicado perfectamente. Por favor, permítame hacer un resumen a mi manera.

Sin dilación, comencé a exponerlo con mis propias palabras.

Piscis había dominado nuestra era, desde el año 0 hasta el año 2000. En dicho escenario, el foco iba pasando de Fuego a Tierra, después a Aire y luego a Agua.

Círculo con los doce signos del zodiaco con una flecha que indica el sentido de traslación del equinoccio de primavera. Tauro sería durante los años 4000 a.C. y 2000 a.C., Aries del año 2000 a.C. al año 0.  Piscis del año 0 al año 2000 y acuario del año 2000 al año 4000. De modo que actualmente la tierra está entre piscis y acuario. Esfera con los símbolos del zodiaco en la que se indica que durante los últimos dísa de diciembre de 2020 la gran conjunción entre saturno y júpiter tuvo lugar bajo el signo de acuario, asociado al elemento aire. La anterior se había producido bajo el signo de Capricornio, asociado con el elemento tierra. Mientras el equinoccio de primavera se traslada de Piscis a Acuario, los planetas lo hacen de Capricornio a Acuario, en dirección contraria.

El escenario no cambiaba, solo lo hacía el foco. Con cada cambio, se transformaba el ambiente reinante.

Durante los doscientos años aproximados transcurridos desde los albores del siglo XIX hasta nuestros días, el foco había puesto de relieve el elemento Tierra, mientras —bajo esa misma luz del elemento Tierra— el turno de Piscis llegaba a su fin.

Cayó el telón para Piscis y, al volver a levantarse, el escenario lo ocupó Acuario. Comenzaba su historia.

Pero la luz que iluminaba el escenario seguía siendo la del elemento tierra, y, debido a ello, los espectadores apenas se dieron cuenta del comienzo de un nuevo turno. Al fin y al cabo, un mismo foco de luz implicaba un mismo ambiente reinante.

Fue en las postrimerías del año 2020 cuando, por fin, se produjo un salto de luz: el foco dejó de estar dominado por el elemento Tierra para empezar a estarlo por el elemento Aire. En ese momento los espectadores se percataron del cambio de turno, de que allí, sobre el escenario, había un nuevo actor, por decirlo así.

—El foco de luz del elemento Aire baña el escenario y este se llena del color del signo Acuario —concluí.

—Muy bien —elogió el maestro mientras asentía con la cabeza, complacido con mi explicación—. Continuando con el ejemplo de Afrodita, podemos decir que los meses anteriores al traspaso del foco de luz del elemento Tierra al elemento Aire, es decir, casi todo el año 2020, han sido una época de transición. Y un cambio esencial de ciclo como ese tiene ecos en la sociedad, transforma su estructura. De ahí que, últimamente, hayan estado produciéndose acontecimientos que quiebran el sentido común. Durante algunos años, después de uno de estos cambios de ciclo, se produce cierta confusión y desorden. Nosotros, mensajeros de las estrellas, tratamos de ofrecer una humilde guía a la humanidad, que ha quedado un poco desorientada, y de alumbrar su camino. Si lo logramos, habremos cumplido con nuestro cometido.

Atentos a las palabras del maestro, asentimos con la cabeza en silencio.

—Ya queda poco para diciembre de 2020. Nos encontramos en un momento muy delicado para los humanos. Así pues, este año, una vez más, abriremos de manera extraordinaria el Café de la Luna Llena para la Nochebuena.

Se nos iluminó el rostro al escuchar decir eso al maestro.

En principio, el Café de la Luna Llena se abría —en correspondencia con su nombre— solamente las noches de luna llena.

Este año de 2020, sin embargo, abriría sus puertas de manera especial en la noche del 24 de diciembre, aunque no hubiera luna.

—Celebraremos una cena de Navidad también este año, ¿verdad?

—¡Por supuesto!

Zeus y yo nos sentíamos radiantes de alegría. Hermes, a nuestro lado, se encogió de hombros.

—Qué ganas de fiesta tenéis las chicas —comentó. Como era habitual, solo él permanecía lacónico ante la cercanía de la Navidad. Su rostro expresaba una total falta de interés por las fiestas, pese a lo cual participaba sin falta, año tras año, en la celebración de la Navidad: era una persona íntegra.

El maestro nos contemplaba satisfecho. Entornó sus finos ojos.

—Una cosa más. Por fin, a finales de año, creo que podré cumplir la petición de él y la de ella.

Fruncí el ceño. ¿A qué se refería?

—Aah —musitó Selene asintiendo con la cabeza, como si hubiera captado la idea—. Con «ella» se refiere a aquella pequeña de hace veintiún años, ¿verdad?

—¿Eh? ¿Hace veintiún años…? —pregunté.

—¡Claro! Aquella pequeña amiga nuestra nos hizo una petición antes de salir de viaje. Sí…, se acerca el momento.

—Así es —confirmó el maestro,

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