Animal print

Irene Cuevas

Fragmento

cap-2

Animal print

En la noche de los disfraces, los animales salen a la calle. Te has vestido con un pijama que tiene forma y cabeza de leopardo. Vas a una fiesta de una chica de tu clase. Una chica rubia y sonrisa tímida a la que conoces bien poco. En otra época hubieras preferido llevar otro disfraz, quizá un parche de pirata o un sombrero de cowboy, pero estás en esa edad en que te has empezado a sentir atraída por otras chicas de tu clase y no quieres intimidarlas. Elegiste el pijama con tu madre para asegurarte de que era agradable y bonito.

Una vez soñaste que un tigre te devoraba. Estuviste tres meses sin poder dormir porque el tigre se encargaba de regresar e intentaba cazarte. El psicólogo te dijo que el tigre eras tú misma. Al llegar a casa te miraste al espejo y ensayaste un rugido. Le pudiste dar la vuelta al sueño y desde hace años caes en la noche sin despertar. Ahora miras las manchas negras de tu pijama y te parecen inofensivas. No sabes cómo has llegado a tener miedo de alguien como tú misma, pero lo cierto es que lo tuviste.

Bajo la capucha del pijama tus ojos se dibujan suaves y enigmáticos. Algo de felino siempre han tenido, por herencia de tu padre. Los labios son herencia de tu madre, carnosos, que nadie ha podido llegar a probar nunca. Estuviste a punto de besar a una chica, era tu mejor amiga, habíais bebido y os estabais acariciando, pero en el último momento tu amiga se asustó. Te mordiste con fuerza y llegaste a casa con el labio ensangrentado. Luego ya no volvisteis a hablar y a veces la veías con su nuevo novio pasear por el instituto. En esa época empezaste a soñar con un gato negro. El psicólogo te dijo que el gato negro era tu amiga y desde entonces cruzas siempre la calle cuando ves pasar un gato a tu lado.

Aún quedan restos de nieve en las aceras y en los jardines, pero vas envuelta en tu pijama y te sientes cómoda ahí dentro. Cerca de la casa de la chica te paras y ensayas un rugido. Los rugidos de los leopardos no son como los de los tigres, son más rápidos, veloces. Tensas las cuerdas de tu garganta y sacas algo profundo y convincente, un sonido que haría temblar a cualquiera. La pena es que no haya nadie en la calle para escucharlo. Te entra un escalofrío. A la fiesta

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