Filiaciones
CLAN DEL TRUENO
• Líder
– ESTRELLA DE FUEGO: hermoso gato rojizo.
• Lugarteniente
– LÁTIGO GRIS: gato de pelo largo y gris.
• Curandera
– CARBONILLA: gata gris oscuro.
– Aprendiza: HOJARASCA ACUÁTICA
• Guerreros (gatos y gatas sin crías)
– MANTO POLVOROSO: gato atigrado marrón oscuro.
– TORMENTA DE ARENA: gata de color melado claro.
– NIMBO BLANCO: gato blanco de pelo largo.
– FRONDE DORADO: gato atigrado marrón dorado.
– Aprendiza: ZARPA CANDEAL
– ESPINARDO: gato atigrado marrón dorado.
– CENTELLA: gata blanca con manchas canela.
– ZARZOSO: gato atigrado marrón oscuro de ojos ámbar.
– CENIZO: gato gris claro con motas más oscuras, de ojos azul oscuro.
– ORVALLO: gato gris oscuro de ojos azules.
– HOLLÍN: gato gris de ojos ámbar.
– ESQUIRUELA: gata de color rojizo oscuro de ojos verdes.
– ZANCUDO: gato negro de largas patas, con la barriga marrón y los ojos ámbar.
• Aprendices (de más de seis lunas de edad, se entrenan para convertirse en guerreros)
– HOJARASCA ACUÁTICA: gata atigrada marrón claro de zarpas blancas y ojos ámbar.
– ZARPA CANDEAL: gata blanca de ojos verdes.
• Reinas (gatas embarazadas o al cuidado de crías pequeñas)
– FRONDA: gata gris claro con motas más oscuras, de ojos verde claro, madre del único cachorro superviviente de Manto Polvoroso.
– ACEDERA: gata parda y blanca de ojos ámbar.
• Veteranos (antiguos guerreros y reinas, ya retirados)
– FLOR DORADA: gata de pelaje rojizo claro.
– RABO LARGO: gato atigrado de color claro con rayas muy oscuras, retirado anticipadamente por problemas de vista.
– MUSARAÑA: pequeña gata marrón oscuro.
CLAN DE LA SOMBRA
• Líder
– ESTRELLA NEGRA: gran gato blanco con enormes patas negras como el azabache.
• Lugarteniente
– BERMEJA: gata de color rojizo oscuro.
• Curandero
– CIRRO: atigrado muy pequeño.
• Guerreros
– ROBLEDO: pequeño gato marrón.
– CEDRO: gato gris oscuro.
– SERBAL: gata rojiza.
– Aprendiz: GARRUNDO
– TRIGUEÑA: gata parda de ojos verdes.
• Reina
– AMAPOLA: gata atigrada marrón claro de patas muy largas.
• Veteranos
– GUIJARRO: gato gris muy flaco.
CLAN DEL VIENTO
• Líder
– ESTRELLA DE BIGOTES: gato atigrado marrón.
• Lugarteniente
– PERLADA: gata gris.
• Curandero
– CASCARÓN: gato marrón de cola corta.
• Guerreros
– OREJA PARTIDA: gato atigrado.
– MANTO TRENZADO: gato atigrado gris oscuro.
– CORVINO PLUMOSO: gato gris oscuro, casi negro, de ojos azules.
– CÁRABO: gato atigrado marrón claro.
– NUBE NEGRA: gata negra.
– TURÓN: gato rojizo de patas blancas.
• Reinas
– COLA BLANCA: pequeña gata blanca.
• Veteranos
– FLOR MATINAL: reina color carey.
– TORRENTE: gato marrón claro.
CLAN DEL RÍO
• Líder
– ESTRELLA LEOPARDINA: gata atigrada con insólitas manchas doradas.
• Lugarteniente
– VAHARINA: gata gris oscuro de ojos azules.
• Curandera
– ALA DE MARIPOSA: preciosa gata atigrada dorada.
• Guerreros
– PRIETO: gato negro grisáceo.
– Aprendiz: FABUCO
– ALCOTÁN: gato marrón oscuro de barriga blanca y ojos azules como el hielo.
– MUSGAÑO: pequeño gato atigrado marrón.
– GOLONDRINA: gata atigrada oscura.
– PIZARRO: gato gris.
– JUNCAL: gato negro.
– Aprendiz: TORRENTINO
• Reinas
– MUSGOSA: gata parda de ojos azules.
– FLOR ALBINA: gata gris muy claro.
– Cachorros: PALOMETA (negra) y GUIJEÑO (gris)
• Veteranos
– PASO POTENTE: corpulento gato atigrado.
– HIEDRA: gata atigrada marrón.
LA TRIBU DE LAS AGUAS RÁPIDAS
– RIVERA DONDE NADA EL PEQUEÑO PEZ (RIVERA): gata atigrada marrón.
– BORRASCOSO: gato gris oscuro de ojos ámbar.
OTROS ANIMALES
– HUMAZO: musculoso gato blanco y gris que viveen un granero cerca de las caballerizas.
– DALIA: gata de pelo largo color tostado que vive con Humazo.
– PELUSA: pequeña gata gris y blanca que vive con Humazo y Dalia.
– PIPO: terrier blanco y negro que vive con los Dos Patas cerca de las caballerizas.
– MEDIANOCHE: tejona observadora de las estrellas que vive junto al mar.



Prólogo
—¡No! ¡Debe de haber algún error! —La gata levantó la cabeza desde donde estaba, sentada al borde del agua, y su pelaje brilló bajo la luz de la luna—. ¡Todavía me queda mucho por hacer!
Una gata de cara ancha y de pelo gris azulado rodeó la laguna. Su mirada estaba cargada de compasión.
—Lo lamento —maulló—. Sé que esperabas pasar muchas lunas más con tus compañeros de clan antes de reunirte con nosotros.
La otra gata bajó la vista hacia el agua. El reflejo de la luna temblaba como una hoja flotante, y la superficie de la laguna resplandecía con la luz estelar que emitían las incontables figuras relucientes que ocupaban la hondonada. Por un instante, el único sonido fue el de la cascada que caía por la parte rocosa más escarpada. Los gatos del Clan Estelar aguardaban en un silencio expectante, como si todos y cada uno de ellos compartieran su pesar.
—Has servido a tu clan con más lealtad de la que algunos gatos muestran en toda una vida —continuó la gata de pelaje azulado—. Debe de parecerte muy injusto tener que dejar a los tuyos.
La aludida alzó su resplandeciente mirada hacia la guerrera estelar.
—Estrella Azul, sé que esto no es culpa tuya. No tienes por qué disculparte.
Estrella Azul sacudió la cola.
—Por supuesto que tengo que hacerlo. Has de saber cuánto te debe tu clan.
—Todos los clanes —apostilló un gato blanco y negro de larga cola, que se levantó y rodeó la laguna para situarse junto a Estrella Azul—. Y también el Clan Estelar. Ninguno de nosotros habría encontrado un nuevo hogar sin tu ayuda. —Inclinó la cabeza con gesto respetuoso, y la luz de las estrellas que brillaba en el agua se estremeció.
La gata parpadeó levemente.
—Gracias, Estrella Alta. Todos hemos cometido errores, pero yo siempre he intentado hacer lo que consideraba correcto.
—El Clan Estelar no les pide más a sus guerreros. —Un gato negro y delgado se acercó a ella por las rocas cubiertas de musgo—. Si pudiéramos cambiar tu destino, lo haríamos.
—Pero recuerda —le advirtió Estrella Azul—, ni siquiera el Clan Estelar puede rechazar el abrazo del destino, por mucho que en ocasiones lo desee.
La gata que se hallaba junto al agua asintió.
—Lo comprendo. E intentaré afrontarlo con valentía. ¿Podéis decirme cuándo...?
Estrella Azul negó con la cabeza.
—Ni siquiera nosotros podemos ver el futuro con tanta claridad. Lo sabrás cuando llegue el momento, y nosotros estaremos esperándote.
Un cuarto guerrero se puso en pie y, desde la ladera, descendió entre las resplandecientes hileras del Clan Estelar. Era un atigrado claro con la mandíbula torcida.
—Siempre que el Clan Estelar cuente historias sobre el gran viaje, honrará tu nombre —prometió.
—Gracias, Estrella Doblada —maulló la gata.
Los cuatro guerreros resplandecientes se agruparon a su alrededor. Todos ellos habían sido líderes de clan cuando sus patas pisaban la tierra.
—Has de saber que la fuerza del Clan Estelar estará contigo —maulló Estrella Azul—. No dejaremos que te enfrentes a esto tu sola.
La gata alzó la vista para encontrarse con la intensa mirada azul de la líder.
—El Clan Estelar siempre ha estado conmigo.
—¿Y dices eso, a pesar de lo dura que ha sido tu vida? —Estrella Alta parecía sorprendido.
—Por supuesto. —Los ojos de la gata centellearon bajo la luz de las estrellas—. He hecho buenos amigos en todos los clanes. He visto nacer a muchos cachorros, y he visto a tantos otros veteranos emprender su último viaje hacia el Manto Plateado. He podido vivir el largo viaje hasta el nuevo hogar de los clanes. Creedme, no cambiaría ni un solo día de mi vida. —Hizo una pausa y volvió a mirar hacia la laguna—. Sé que no tenéis el poder de concederme más tiempo con mi clan, pero no puedo evitar querer más...
Estrella Azul entornó los ojos.
—Cuando un gato joven es llamado a reunirse con el Clan Estelar, todos lo lamentamos. Sé que tú seguirías sirviendo lealmente a tu clan durante muchas estaciones más.
Su voz se quebró, llena de tristeza, y la gata la miró, alargando una pata en un gesto de consuelo.
—No te apenes, Estrella Azul. Sé que mi clan estará bien cuidado cuando me vaya.
Por toda la hondonada se elevó un murmullo de respeto. Estrella Azul inclinó la cabeza hacia la gata, bañando con su aroma su pelaje iluminado por la luna.
—Siempre estaremos a tu lado —maulló.
Uno por uno, los demás se inclinaron ante ella añadiendo su aroma a su pelaje y llenando el aire con el olor de las estrellas, el hielo y la brisa nocturna. Otros guerreros los imitaron —una grácil gata parda moteada, un corpulento gato marrón rojizo, una atigrada de pelaje plateado...—, envolviendo a la gata con el valor y la fuerza del Clan Estelar.
Sus voces se elevaron en un agudo lamento de pesar que flotó hasta las estrellas. Las relucientes figuras comenzaron a desvanecerse una por una, hasta que la hondonada se quedó vacía.
Y las estrellas brillaron sobre un único felino, la gata que permanecía inmóvil al borde de la laguna.

1
—¡Que todos los gatos lo bastante mayores para cazar sus propias presas acudan al pie de la Cornisa Alta para una reunión del clan!
Esquiruela se despertó sobresaltada cuando el aullido del líder del Clan del Trueno resonó por toda la hondonada rocosa. Nimbo Blanco ya estaba abriéndose paso a través de las ramas espinosas que protegían la guarida de los guerreros, y su compañera, Centella, se desperezó en su lecho musgoso y lo siguió.
—¿Qué quiere ahora Estrella de Fuego? —masculló Manto Polvoroso, poniéndose en pie con esfuerzo y sacudiéndose trocitos de musgo del pelaje, antes de salir al exterior, irritado y con las orejas hacia atrás, siguiendo a sus compañeros.
Con un interminable bostezo, Esquiruela se incorporó y se atusó el pelo a toda prisa. Aquella mañana, parecía que el mal genio de Manto Polvoroso era todavía peor de lo habitual. Por los torpes movimientos del guerrero, la joven se dio cuenta de que todavía le dolían las heridas del enfrentamiento contra Enlodado. La mayoría de los gatos del Clan del Trueno aún mostraban algún que otro zarpazo de los rebeldes. Incluso ella misma tenía un corte en el costado. Todavía le escocía, y se lo limpió con rápidos y reconfortantes lametazos.
Enlodado había sido el lugarteniente del Clan del Viento hasta que los clanes llegaron a su nuevo territorio, alrededor del lago. Sin embargo, el anterior líder, Estrella Alta, decidió nombrar a Bigotes su sucesor apenas unos minutos antes de morir, y Enlodado, furioso, había encabezado una rebelión contra Bigotes antes de que éste recibiera sus nueve vidas de manos del Clan Estelar. Alcotán, del Clan del Río, lo había ayudado. Esquiruela sintió una oleada de rabia al recordar que Zarzoso seguía insistiendo en confiar en su medio hermano, incluso después de ver que el hijo de Estrella de Tigre estaba metido hasta las orejas en la traición de Enlodado.
«Gracias al Clan Estelar, el Clan del Trueno descubrió la conspiración a tiempo y se unió a la batalla contra Enlodado y sus seguidores», pensó Esquiruela. El Clan Estelar había demostrado quién era el verdadero líder al derribar con un rayo un árbol que cayó sobre Enlodado y lo mató.
Con un último lametón a su pelaje rojizo, Esquiruela se deslizó entre los arbustos y salió al claro, estremeciéndose con el frío aire del exterior. El pálido sol de la estación sin hojas acababa de asomar por encima de los árboles que rodeaban la hondonada en la que el Clan del Trueno se había instalado al final del largo viaje. Una ligera brisa sacudía las ramas desnudas, pero allí abajo todo estaba quieto. El aire olía a fresco, y la escarcha todavía ribeteaba de blanco la hierba y los arbustos. Aun así, Esquiruela adivinaba ya leves indicios que indicaban que la estación de la hoja nueva estaba a punto de llegar.
Clavando las uñas en el suelo, se desperezó con placer. Su padre, Estrella de Fuego, estaba sentado fuera de su guarida, sobre la Cornisa Alta, a cierta altura en la pared rocosa. Su pelaje rojo llameaba bajo los oblicuos rayos del sol, y sus ojos verdes centelleaban con orgullo contemplando a su clan. Esquiruela pensó que no parecería tan tranquilo si tuviera que advertirles de algún peligro.
Los gatos se congregaron en el claro. Musaraña y Flor Dorada salieron la una tras la otra de la guarida de los veteranos. La veterana reina iba guiando al ciego Rabo Largo, posando la punta de la cola sobre su lomo.
—Hola. —Hojarasca Acuática, la hermana de Esquiruela, se le acercó y entrechocó la nariz con la suya—. ¿Cómo van esos cortes? ¿Quieres un poco de caléndula?
—No. Estoy bien, gracias —respondió. Hojarasca Acuática y su mentora, Carbonilla, habían estado muy atareadas desde la batalla, buscando las hierbas adecuadas y tratando las heridas de los combatientes—. Hay muchos que la necesitan más que yo —añadió.
Hojarasca Acuática olfateó las heridas de su hermana y asintió, satisfecha.
—Tienes razón. Están curándose bien.
Un chillido de emoción surgió de la maternidad cuando Betulino salió a toda prisa de allí, tropezando torpemente con sus propias patas, y se situó al lado de su padre, Manto Polvoroso. Su madre, Fronda, salió tras él, se sentó junto al cachorro y le dio unos lametazos para alisarle el pelo alborotado.
Esquiruela ronroneó divertida. Su mirada se desvió entonces hacia el túnel que cruzaba la barrera de espinos, en la entrada del campamento, y sintió cómo su pelaje se erizaba levemente. Al parecer, la patrulla del alba acababa de regresar: Zarzoso apareció por el túnel de espinos, seguido por Tormenta de Arena y Orvallo.
—¿Qué pasa? —le preguntó Hojarasca Acuática.
Esquiruela contuvo un suspiro. Ellas dos estaban mucho más unidas que la mayoría de los hermanos, y la una siempre percibía lo que estaba sintiendo la otra.
—Es Zarzoso... —respondió de mala gana—. No puedo creer que siga siendo amigo de Alcotán, después de que apoyara a Enlodado.
—A Enlodado lo apoyaron muchos gatos —señaló Hojarasca Acuática—. Y lo hicieron porque creían de verdad que Bigotes no era el gato apropiado para liderar al Clan del Viento. Tras la caída del árbol, Alcotán admitió que se había equivocado, y contó que Enlodado lo había engañado para conseguir su ayuda. Bigotes ya lo ha perdonado, tanto a él como a todos los que se opusieron a su nombramiento.
Esquiruela sacudió la cola.
—¡Alcotán mintió! Él participó en el complot desde el principio. Yo pude oír lo que dijo Enlodado antes de morir: que Alcotán estaba intentando ganar poder para ser nombrado líder del Clan del Río.
La afligida mirada de Hojarasca Acuática pareció atravesar a su hermana.
—No tienes pruebas de eso, Esquiruela. ¿Por qué deberíamos creer a Enlodado en vez de a Alcotán? ¿No crees que quizá estés juzgando a Alcotán sólo por ser hijo de quien es?
Esquiruela abrió la boca para replicar, pero no había nada que pudiera decir.
—Recuerda que Estrella de Tigre también es el padre de Zarzoso —continuó Hojarasca Acuática—. Quizá Estrella de Tigre fuera un traidor y un asesino, pero eso no significa que sus hijos tengan que seguir sus pasos. Yo no me fío de Alcotán más que tú, pero sin pruebas no podemos dar por hecho que sea tan malvado como su padre. Además, aunque Alcotán sea peligroso, eso no significa que Zarzoso tenga que ser como él... o como Estrella de Tigre.
La guerrera sacudió la cola, incómoda.
—Supongo que tienes razón... —Los tres guerreros atigrados estaban entrelazados como los zarcillos de un espino, y Esquiruela se preguntó si alguno de los hijos de Estrella de Tigre podría liberarse alguna vez del traicionero legado de su padre—. Es sólo que... ¡Zarzoso no escucha nada de lo que le digo! —exclamó—. Alcotán parece importarle mucho más que yo. No comprendo cómo puede confiar más en ese gato que en mí.
—Bueno, Alcotán es su hermano, ¿no? —le recordó Hojarasca Acuática. Su mirada ámbar era cálida y comprensiva—. ¿No te parece que deberías juzgar a Zarzoso por lo que hace ahora, en vez de por lo que hizo su padre... o por lo que temas que pueda hacer en el futuro?
—¿Crees que estoy siendo injusta? —preguntó Esquiruela.
En el viaje al lugar donde se ahoga el sol, cuando el Clan Estelar los envió a descubrir el peligro que amenazaba a todos los clanes, ella había confiado ciegamente en Zarzoso. Pero al observar la creciente amistad del joven guerrero con Alcotán, su medio hermano, la gata sentía que su confianza se estaba evaporando como el rocío.
—Creo que te angustias por nada —contestó Hojarasca Acuática.
—No estoy angustiada. —Esquiruela no soportaba admitir, ni siquiera ante su hermana, el dolor que sentía en su interior al pensar en lo que había perdido—. Me preocupa el clan, eso es todo. Si Zarzoso prefiere largarse con Alcotán, no es asunto mío —gruñó.
Hojarasca Acuática posó la punta de la cola en el lomo de su hermana.
—No finjas que te da igual... —maulló—. Y menos aún conmigo. —Su voz era suave, pero su mirada se mantenía firme.
—¡Hola, Esquiruela! —Cenizo la saludó antes de que la joven guerrera pudiese responder a su hermana, y le hizo un gesto con la cola—. Ven a sentarte a mi lado.
Esquiruela se acercó al joven guerrero de pelaje gris, consciente de cómo brillaban sus ojos azul oscuro al mirarla. Hojarasca Acuática la siguió y le dio un lametazo en la oreja.
—Intenta no preocuparte —murmuró—. Todo irá bien. —Luego saludó a Cenizo amablemente y fue a sentarse con Carbonilla, al pie de la Cornisa Alta.
Con el rabillo del ojo, Esquiruela vio que Zarzoso daba unos pasos hacia ella, indeciso. La expresión del gato se ensombreció al ver que la joven se sentaba al lado de Cenizo, y el guerrero se volvió entonces bruscamente para colocarse junto a Fronde Dorado y Acedera. Esquiruela notó un hormigueo en el lomo, aunque no supo decir si era de alivio o de desilusión. Cuando Estrella de Fuego comenzó a hablar, ella miró hacia delante, sintiendo la ardiente mirada ámbar de Zarzoso sobre ella.
—Gatos del Clan del Trueno, han pasado tres días desde la batalla contra Enlodado —maulló el líder—, y en el exterior de nuestro campamento aún yacen los cuerpos de los dos guerreros que murieron aquí. Ahora que hemos recuperado fuerzas, debemos devolvérselos al Clan de la Sombra.
Esquiruela sintió un escalofrío. Había descubierto aquella hondonada rocosa al caer en ella, mientras exploraba por primera vez el bosque con otros cuatro gatos. Fue pura suerte que la parte del barranco por la que cayó fuera demasiado baja como para hacerse daño. Durante la batalla, sin embargo, dos gatos del Clan de la Sombra se habían precipitado por el punto más elevado del barranco y se habían roto el cuello al estrellarse en el claro.
—¿Crees que el Clan de la Sombra los querrá? —preguntó Nimbo Blanco—. Al fin y al cabo, estaban ayudando a ese traidor de Enlodado.
—No es cosa nuestra decidir la lealtad de otro clan hacia sus guerreros —repuso Estrella de Fuego—. Enlodado no era un traidor cualquiera. Incluso miembros de otros clanes creían que era el verdadero líder del Clan del Viento.
Nimbo Blanco agitó la punta de la cola, claramente insatisfecho, aunque Esquiruela vio que Zarzoso asentía, como si estuviera pensando en Alcotán.
—Los gatos muertos eran guerreros del Clan de la Sombra —continuó Estrella de Fuego—, y sus compañeros querrán honrarlos en su viaje hacia el Clan Estelar. Una patrulla debe trasladar los cuerpos hasta la frontera de su territorio.
—Yo iré —se ofreció Espinardo.
—Gracias. —Estrella de Fuego inclinó la cabeza—. Fronde Dorado, tú también irás, y...
El líder del Clan del Trueno pareció vacilar, y miró indeciso a sus guerreros más experimentados. Esquiruela comprendió que esa misión podía ser peligrosa. Aunque en la conspiración sólo se habían involucrado unos pocos gatos del Clan de la Sombra, su líder, Estrella Negra, podría culpar al Clan del Trueno de la muerte de sus guerreros y usarlo como excusa para lanzar un ataque.
—Manto Polvoroso y Nimbo Blanco, vosotros iréis con ellos —decidió al cabo—. Llevad los cuerpos hasta la frontera del árbol muerto, y luego localizad a una patrulla del Clan de la Sombra y contadles lo sucedido. Pero no busquéis problemas —añadió, mirando fugazmente a Nimbo Blanco, como si temiera que el impetuoso guerrero blanco pudiese decir algo inapropiado—. Si el Clan de la Sombra se muestra hostil, salid de allí a toda prisa.
Espinardo se levantó y llamó a los demás componentes de la patrulla con un movimiento de la cola. Todos juntos se encaminaron al túnel de espinos. Los cuerpos de los guerreros del Clan de la Sombra yacían a pocos metros de la entrada al campamento, ocultos en una densa extensión de zarzas, donde estaban a salvo de zorros y otros carroñeros.
Estrella de Fuego esperó hasta que las ramas dejaron de moverse tras el paso de la patrulla.
—Anoche, Bigotes debería haber ido hasta la Laguna Lunar para recibir sus nueve vidas y su nombre de líder. Pero su liderazgo no será firme hasta que sea aceptado por todos los miembros de su clan. Voy a encabezar una patrulla hasta el territorio del Clan del Viento para comprobarlo.
—¡Eso es sin duda un problema del Clan del Viento! —protestó Musaraña—. Los guerreros del Clan del Trueno ya se han dejado la piel una vez para ayudar a Bigotes. ¿No hemos hecho bastante?
A pesar de que notó una punzada en su costado herido, Esquiruela no estaba de acuerdo:
—Pero, si hemos arriesgado nuestras vidas por Bigotes —replicó—, ¿por qué no asegurarnos de que el esfuerzo ha valido la pena?
Musaraña la miró, ceñuda, pero Estrella de Fuego sacudió la cola para detener la discusión antes de que llegara demasiado lejos.
Carbonilla se levantó.
—No sé quién encabezará esa patrulla, Estrella de Fuego, pero desde luego no serás tú. Te dislocaste el hombro en la batalla, y debes permanecer en el campamento hasta que se te haya curado.
El líder erizó el pelo del cuello, pero luego dejó que se alisara de nuevo e inclinó la cabeza ante la curandera.
—Está bien, Carbonilla.
—¡Yo dirigiré la patrulla! —exclamó Zarzoso, levantándose de un salto.
—Gracias, Zarzoso —maulló Estrella de Fuego—. Aunque será mejor que no entréis en el territorio del Clan del Viento. Debemos demostrar que respetamos sus lindes. Lleva la patrulla a lo largo de la frontera, a ver si encontráis a alguno de sus gatos.
Zarzoso asintió.
—No te preocupes, Estrella de Fuego. Me aseguraré de que nadie traspase la frontera.
Zancudo, que estaba sentado al otro lado de Cenizo, soltó un resoplido.
—Esa bola de pelo mandona... —masculló mirando a Zarzoso—. ¿Quién se cree que es? ¿El lugarteniente del Clan del Trueno?
—Es un buen guerrero —respondió Cenizo—. No tiene nada de malo que quiera ser lugarteniente...
—Tal vez no, si el Clan del Trueno no tuviera ya un lugarteniente... —replicó Zancudo.
—Pero Látigo Gris no está aquí. Y, antes o desp
