El nombre de la rosa (la novela gráfica) 2

Umberto Eco
Milo Manara

Fragmento

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Milo Manara
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mberto Eco
Volumen 2 (de 2)Volumen 2 (de 2)Color: Simona Manara
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Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla: Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.
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¿Qué sentí? ¿Qué vi? Solo recuerdo que las emociones del primer instante fueron indecibles, porque ni mi lengua ni mi mente habían sido educadas para nombrar ese tipo de sensaciones."¡Oh, amor, hija de las delicias! Un rey ha quedado preso en tu trenza', musitaba para mí, y caí en sus brazosY me besó con los besos de su boca, y sus amores fueron más deliciosos que el vino, y delicias para el olfato eran sus perfumesQue Dios, la Beata Virgen y todos los santos del Paraíso me asistan ahora en el relato de lo que entonces me sucedió. El pudor y la dignidad propia de mi condición (de monje ya anciano en este bello monasterio de Melk) me aconsejarían atenerme a la más pía prudencia, pero me he comprometido a contar toda la verdad, y la verdad es indivisible, resplandece con su propia luz, y no admite particiones dictadas por nuestra vergüenza… 5
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¡Oh, Señor!, cuando el alma cae en éxtasis, la ´Unica virtud reside en amar, porque allí se saborea la vida verdadera que después de esta, mortal, nos tocará vivir junto a los ángeles en la ETERNIDADY juntos nos desplomamos sobre el suelo de la cocina y no sé si fue mi iniciativa ofueron las artesde ella, pero meencontré librede mi sayo denovicio y notuvimos vergüenzade nuestroscuerpos "et cunetaerant bona'.Con un movimiento muy leve, su mano seguía tocando por sí sola mi cuerpo, bañado ahora de sudor. No dudaría en llamar bienaventurado a quien le fuera concedido sentir algo similar, aunque solo pocas veces, EN ESTA VIDA (y de hecho aquella fue la ´Unica ocasión en que lo sentí).6
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Cuando, poco más tarde, volví a abrir los ojos, la luz de la noche era mucho menos intensa. Tendí la mano hacia un lado y no sentí el cuerpo de la muchacha. Volví la cabeza: ya no estaba.Inmerso en esas sensaciones de inenarrable goce interior, me adormecí.Me vestí, con la sensación de estar afiebrado. Entonces divisé en un rincón el envoltorio que la muchacha había abandonado al huir.Lo abrí y al principio no reconocí su contenido.Después comprendí: entre coágulos de sangre, lo que mis ojos contemplaban era un corazón de gran tamaño.Un velo oscuro cayó sobre mis ojos, una saliva acídula me llenó la bocaLancé un grito y me desplomé como se desploma un cuerpo muerto.7
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Cuando volví en mí, alguien estaba mojándome la cara.¿Qué ha sucedido, Adso, para que andes de noche por la cocina robando despojos?¡Pero Adso! ¿Qué hombre tendría uncorazón tan grande? Es de vaca, o debuey; justo hoy han matado un animal.Mejor explícame cómo es que se encuentra en tus manos.Sin duda, Adso, has pecado, no solo contra el mandamiento que te obliga a no fornicar, sino también contra tus deberes de novicio.Así que ve con Dios, y no hablemos más de esto.Pero el Señor, que todo lo puede, habría podido encarnarse en un hombre de alguna manera milagrosa, y en cambio prefirió vivir en el vientre de una mujer, signo de que esta no era tan inmunda.De la mujer dice el Eclesiastés que su conversación es como fuego ardiente, y los Proverbios dicen que se apodera de la preciosa alma del hombre.En tu descargo obra que te has visto en una de aquellas situaciones en las

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