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La mitad de la verdad (Un caso del fiscal Szacki 2)
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Zygmunt Miloszewski
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Zygmunt Miloszewski nació en Varsovia en 1976 y es uno de los principales nombres de la generación de jóvenes autores polacos. Escritor, periodista y escenógrafo, trabajó en la edición polaca de Newsweek. Debutó...
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Zygmunt Miloszewski nació en Varsovia en 1976 y es uno de los principales nombres de la generación de jóvenes autores polacos. Escritor, periodista y escenógrafo, trabajó en la edición polaca de Newsweek. Debutó en 2004 con el relato titulado Historia portfela (Historia de una cartera), publicado en el semanario Polityka, y con la novela de terror Domofon (Interfono, 2005). Un año más tarde publicó la novela juvenil Góry Zmijowe (La víbora). Con El caso Telak (Alfaguara, 2015, galardonada con el Nagroda Wielkiego Kalibru, que premia la mejor novela negra del año, y llevada al cine por el prestigioso director Jacek Bromski) inició la serie protagonizada por el fiscal Szacki, que incluye La mitad de la verdad (Alfaguara, 2016, ganadora del Premio Nagroda Wielkiego Kalibru y nominada al Paszport Polityki, y adaptada al cine por el premiado director Borys Lankosz con guion del propio Miloszewski) y La ira. En 2013 publicó Bezcenny (Inestimable), un thriller que ha tenido gran éxito en Polonia. Sus novelas están siendo traducidas en quince países.

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El nuevo caso del fiscal Szacki, «un personaje excepcional» (Babelia), por «el último de los grandes representantes de lujo de la novela negra» (ABC Cultural), ganador del Premio Nagroda Wielkiego Kalibru de novela negra.

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El nuevo caso del fiscal Szacki, «un personaje excepcional» (Babelia), por «el último de los grandes representantes de lujo de la novela negra» (ABC Cultural), ganador del Premio Nagroda Wielkiego Kalibru de novela negra.


Pronto dará comienzo la primavera en Sandomierz, la pequeña y pintoresca ciudad de provincias donde el fiscal Teodor Szacki ha decidido trasladarse para dar un vuelco a su fulgurante carrera en Varsovia, después de poner punto final a su matrimonio. Sus días de aparente placidez se verán interrumpidos por un nuevo caso de asesinato: el cuerpo de una mujer desangrada de acuerdo con los rito

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Pronto dará comienzo la primavera en Sandomierz, la pequeña y pintoresca ciudad de provincias donde el fiscal Teodor Szacki ha decidido trasladarse para dar un vuelco a su fulgurante carrera en Varsovia, después de poner punto final a su matrimonio. Sus días de aparente placidez se verán interrumpidos por un nuevo caso de asesinato: el cuerpo de una mujer desangrada de acuerdo con los ritos de sacrificio judíos ha sido hallado delante de la sinagoga.

Cuando el marido de la víctima corre la misma suerte, los vecinos reviven temores de hace décadas. Frente a un aumento sin precedentes de antisemitismo, Szacki tendrá que ahondar en un pasado con ecos dolorosos para encontrar la verdad de una historia que despierta demasiadas pasiones.

La crítica ha dicho...
«La intriga se resuelve con brillantez. Hay momentos emocionantes y de gran tensión narrativa y una galería de personajes que atrapan al lector de la forma más delicada: entre la emotividad y una paciente construcción literaria digna de un gran escritor. Añádase un sentido del humor cáustico, un tono narrativo arisco y antipático, paralelo al humor negro del fiscal Szacki, y una exuberante prosa que envuelve al lector con firmeza y podrá decirse que el libro es uno de los más relevantes títulos de esta temporada.»
Lluís Fernández, La Razón

«Su pluma es ágil, llena de vida, cruel a veces, siempre divertida. Destaca su uso del humor negro y juega maravillosamente con los códigos y recursos de las novelas policiacas.»
Michel Abescat, Télerama

«Como su maestro Larsson, apoya su ficción en un personaje excepcional.»
Manuel Rodríguez Rivero, El País

«La mitad de la verdad es una excelente novela policíaca, con un protagonista muy logrado y un estilo ágil que no duda en recurrir al humor negro en algunos momentos.»
Luis Martínez González, árealibros

«Una novela negra apasionante, inteligente, fantásticamente construida, una de las mejores que he leído este año. Espero con ansia la tercera entrega de Miloszewski.»
Jacques Teissier, Médiapart

«Recomiendo a Miloszewski con una trilogía de gran éxito en su país de origen; tiene ecos de Agatha Christie, Henning Mankell y Stieg Larsson.»
Luís Matías López, Público

«Un thriller formidable y un inteligente análisis de la sociedad polaca y sus valores.»
Crime Chronicles

«Miloszewski ofrece novelas negras impecablemente resueltas que contienen evocaciones históricas, magmas macabros y también cierta poética.»
Libération

«Nuestro polaco favorito firma otra gran novela.»
Julie Malaure, Le Point

«Un suspense perfecto... ¡Irresistible!»
Avantatges

«Una novela indispensable de un autor que está entre los grandes.»
Bob Polar Express

«¡Qué placer reencontrarse con el fiscal Szacki!»
Polars

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Zygmunt Miloszewski nació en Varsovia en 1976 y es uno de los principales nombres de la generación de jóvenes autores polacos. Escritor, periodista y escenógrafo, trabajó en la edición polaca de Newsweek. Debutó...
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Zygmunt Miloszewski nació en Varsovia en 1976 y es uno de los principales nombres de la generación de jóvenes autores polacos. Escritor, periodista y escenógrafo, trabajó en la edición polaca de Newsweek. Debutó en 2004 con el relato titulado Historia portfela (Historia de una cartera), publicado en el semanario Polityka, y con la novela de terror Domofon (Interfono, 2005). Un año más tarde publicó la novela juvenil Góry Zmijowe (La víbora). Con El caso Telak (Alfaguara, 2015, galardonada con el Nagroda Wielkiego Kalibru, que premia la mejor novela negra del año, y llevada al cine por el prestigioso director Jacek Bromski) inició la serie protagonizada por el fiscal Szacki, que incluye La mitad de la verdad (Alfaguara, 2016, ganadora del Premio Nagroda Wielkiego Kalibru y nominada al Paszport Polityki, y adaptada al cine por el premiado director Borys Lankosz con guion del propio Miloszewski) y La ira. En 2013 publicó Bezcenny (Inestimable), un thriller que ha tenido gran éxito en Polonia. Sus novelas están siendo traducidas en quince países.

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UN GENIO SUPREMO DE LA CRIMINALÍSTICA
«Jueves, 23 de abril de 2009En Turquía es el Día del Niño […] en todas partes, el Día Mundial del Libro…» Así comienza el capítulo noveno de La mitad de la verdad, y a mí no se me ocurre nada mejor que recomendar esta novela para celebrar, este año con mayor motivo, dicho aniversario. He disfrutado con ella hasta el final, entre otros motivos po... Leer más
«Jueves, 23 de abril de 2009En Turquía es el Día del Niño […] en todas partes, el Día Mundial del Libro…» Así comienza el capítulo noveno de La mitad de la verdad, y a mí no se me ocurre nada mejor que recomendar esta novela para celebrar, este año con mayor motivo, dicho aniversario. He disfrutado con ella hasta el final, entre otros motivos porque la novela tiene 451 páginas y la resolución del caso no llega hasta que, prácticamente, no termina.La estructura es muy original; está dividida en catorce capítulos; cada uno de ellos se abre con una fecha y los acontecimientos más importantes de ese día. Zygmunt Mi?oszewski lanza, ya al comienzo del capítulo, un guiño de ironía a ciertos periodistas pues la relación de sucesos va expuesta siguiendo un orden de lo general a lo particular; empieza con noticias relevantes en el mundo y termina contando lo más importante que ocurre en Sandomierz, una pequeña ciudad de provincias en la que, durante 13 días, sus habitantes se ven sorprendidos y aterrorizados por unos crímenes que tienen mucho que ver con los ritos de sacrificio judíos. Sin embargo, esas noticias periodísticas locales contrastan humorísticamente con la realidad pues, por el diario, nos enteraremos de la temperatura en la ciudad, de los delitos menores cometidos o de sucesos de poca importancia como el traslado del mercado. Tras la enumeración de incidentes periodísticos y efemérides en la fecha señalada aparecen varios subcapítulos que conforman los hechos ocurridos durante un día al protagonista, Teodor Szacki, en relación con el caso que lleva entre manos. Siguiendo esta gaceta periodística sabemos que le bastan trece jornadas para resolver el caso; algo que refleja a la perfección el carácter realista de la novela pues, normalmente, cuanto más tiempo pasa desde que ocurre un asesinato, más probabilidades hay de que el asesino pueda escapar. Asimismo el ambiente real viene de la propia narración. El narrador es, de manera habitual, omnisciente; esto permite que nos enteremos con todo lujo de detalles de los pensamientos del protagonista. Los hechos quedan relatados de forma lineal, siguiendo el orden diario, pero los subcapítulos tienen la función de separar los acontecimientos ocurridos a diferentes personajes en el mismo día; esto aporta una visión total de lo sucedido. Otras veces, en la narración, a modo de recuerdo o durante una conversación, aparecen analepsis que, bien ayudan a que el lector poco familiarizado con hechos históricos del holocausto no pierda detalle del argumento, bien median a que nos enfrentemos con la suficiente autoridad a los sucesos novelados. Aparecen diversas curiosidades históricas que ayudan a entender a otras religiones, otras tradiciones y otras culturas hasta darnos cuenta de que en la vida no hay bandos de buenos o malos sino personas que, traumatizadas por algo, llevan su dolor y venganza como única forma de poder sobrevivir. Podemos afirmar que esta credibilidad, derivada de la descripción detallada de todo lo ocurrido es un recurso tradicional de la novela policíaca, así como el mantener la intriga hasta el final. Los investigadores de la literatura negra utilizan una seña de identidad para retardar la resolución del conflicto, de hecho son famosas las disquisiciones de Holmes mientras fuma su pipa, las detalladas noticias gastronómicas que pueblan los casos de Carvalho o las imágenes chocantes de la señorita Marple; todas ellas técnicas que ayudan a posponer el final. En este caso, Teodor Szacki disfruta o se atormenta con pensamientos que tienen que ver con su vida privada anterior o actual, pero nada que pueda definirlo con una característica propia; de hecho algunas de esas percepciones le sirven para asociar algo nuevo al caso que lleva entre manos, otras, van dibujando ante el lector su manera de ser. Pero serán los diálogos mantenidos con el resto de personajes los que conformen su personalidad ante el lector, porque lo definitorio en Szacki no es individual sino en su relación con el resto y porque la intriga en La mitad de la verdad, no es un fin en sí mismo sino otra estrategia más del genial Mi?oszewski que ayuda a configurar todo el armazón novelesco. Esta modificación no es la única que encontramos; el autor incluye una serie de aspectos novedosos en el género, y el más llamativo, quizás, es precisamente la unión de la realidad con el argumento pues el lector cree en todo momento que sabe cómo se desenvuelven los hechos, incluso a veces puede atisbar al asesino, sin embargo esto no es más que otra técnica para llevarnos por donde le interesa; así nos confunde, nos guía, nos sorprende al tiempo que lo hace el detective Szacki. Creemos saber y no son más que pistas falsas; no nos enteraremos de la resolución hasta que nos la cuente el protagonista y con él unamos los hechos y encontremos el sentido —o la falta de él— a todo lo ocurrido. Asimismo, al mezclar el día real con los capítulos de la novela, se produce un choque antitético que unas veces nos despierta la sonrisa y otras hace aparecer la risa franca. En la subdivisión de capítulos, no de forma periódica pero sí regular, el narrador cambia su mirada para fijarse directamente en el asesino; no sabemos quién es pero sí sus pensamientos, los movimientos que realiza… esto, aunque causa intranquilidad y supone un suspense añadido en nuestro ánimo, permite que compartamos sus reflexiones mientras nos sumimos en la más absoluta confusión porque no adivinaremos nada hasta el final. «Sabe que se puede quedar allí […] su cuerpo entero está loco por salir huyendo. Pero debe aguantar hasta el sábado» «Dentro se está caliente y no hay humedad, si no fuera por los ojos llameantes del hombre que está sentado en el rincón hasta resultaría confortable. De baja estatura […] atado de pies y manos […] Solo un día más […] Suerte que el segundo acto ya está llegando a su fin.» «Para tener la mente ocupada, repite en su cabeza una y otra vez hasta la saciedad los elementos del plan […] Resulta muy, muy difícil aguantar.» «Se pregunta si ya habrán encontrado el cadáver.»«Por eso, mientras espera a su siguiente víctima siente tranquilidad […] en la vida sólo se pueden tener cosas nuevas.» «El aullido y los ladridos son de veras insoportables. A pesar de los tapones para los oídos, el aire vibra a causas de esos desagradables sonidos.» «Ahora hay que pensar con frialdad si ese hecho cambia algo.» «…ya no queda nada más por hacer, aparte de empezar una nueva vida […] Se estremece al escuchar que alguien llama a la puerta.» «Además…, además quizá el riesgo no sea tan grande.» Otra característica original es la que define al protagonista; el investigador del caso no es un policía ni un detective al uso sino un fiscal que, con inteligencia despierta y grandes dosis de intuición, se ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los grandes referentes de la novela negra; el mérito se amplía si tenemos en cuenta que Teodor no es el típico sabueso incansable, intachable, dotado para las relaciones sociales y con una moral ejemplar. Nuestro protagonista es humano, su vida no funciona como le gustaría, comete errores al juzgar a las personas, le cuesta empatizar y, sin embargo, o precisamente por ello, nos identificamos con él o, al menos, cuenta con nuestra simpatía. «Ir a las tiendas le suponía un suplicio […] El cajero bromeó diciendo que no andaba sobrado de apetito. Salió sin decir una palabra […] lloró mientras se preparaba el desayuno […] no podía parar, las lágrimas y los mocos le embadurnaban la cara. Y se puso a aullar […] Porque comprendió que había perdido todo lo que amaba y que jamás lo recuperaría.» El tema principal de La mitad de la verdad es el usual del género negro, la resolución de los asesinatos cometidos en una pequeña ciudad de Polonia; pero otra característica inusitada de esta novela negra es que el proceso de investigación no cumple sólo con la función habitual de despertar en el lector la incógnita y mantener el suspense hasta el final, sino que además lo obliga a replantearse conceptos como el de intolerancia o el de fanatismo; el lector piensa, relaciona los hechos del discurso con sus referentes reales, y toma partido por alguno. En este caso no somos meros espectadores dirigidos por el narrador —que también— sino piezas integrantes del todo argumentativo, debido en parte a la crítica evidente que surge hacia la xenofobia latente en las sociedades, a la intolerancia de las masas y al embrutecimiento fanático que conlleva.«—Se dice que en cada leyenda hay una mitad de verdad—Así es—Pero hay algunas, como esa maldita leyenda antisemita de la sangre, en las que no hay ni una gota de verdad, leyendas compuestas al cien por cien de mentiras y supersticiones.» Y, si es cierto que me ha gustado la estructura, que he llegado a admirar a este investigador atípico, humano, casi antihéroe, que he podido reflexionar con las diferentes originalidades encontradas, también es verdad, aunque parezca un contrasentido si tenemos en cuenta el tema, que he disfrutado hasta la última página. El estilo ágil envuelve la narración con una destreza excepcional. El humor aparece en todas sus expresiones y matices; no faltan los términos duros, las imágenes terribles (por supuesto, estamos en el género negro), en las que por fortuna no se ensaña; a veces esperamos con miedo que la siguiente página sea escatológica, escabrosa, y quedamos sorprendidos ante un lirismo absoluto, no exento de humor, que contrasta con lo más feo de la realidad como lo demuestra la epífora que martillea su mente una y otra vez «En lugar de familia, soledad. En lugar de amor, soledad. En lugar de intimidad, soledad.» O las enumeraciones paralelísticas mediante las que describe, con absoluta inclinación, lugares de Sandomierz «… se convertía en un lugar ideal para sumergirse en la observación de los turistas que se movían alrededor del ayuntamiento, de los recién casados que se hacían fotos, de los adolescentes pegados a sus teléfonos móviles, de los niños pegados al algodón de azúcar y de los enamorados pegados unos a otros». Siempre hay un momento para distinguir la belleza entre la mezquindad. Siempre una sonrisa con la que aplacar el espanto. El humor relaja la tensión «…en aquella ciudad de provincias que, a decir verdad, a partir de las seis de la tarde estaba muerta, aunque desgraciadamente no porque sus habitantes se asesinaran entre sí.». La ironía puebla los diálogos, los pensamientos, las descripciones; se convierte, ella sí, en una seña de identidad. Buena cuenta de ello es el comienzo de la novela. El subcapítulo 1 del capítulo primero comienza «Está claro que los espíritus no salen a medianoche […] Hay demasiada vida a medianoche como para que los espíritus de los muertos puedan asustar como es debido […] De madrugada la cosa es distinta; a esas horas los empleados de las gasolineras echan una cabezada y la luz grisácea empieza a sacar de la penumbras a seres y objetos cuya existencia ni siquiera sospechábamos […]» Y de madrugada es cuando avisan a Teodor Szacki porque han encontrado un cadáver. Empieza el caso. Trece días más tarde, en el capítulo decimotercero, cuando han resuelto los asesinatos y él está dispuesto a continuar una noche apasionada con una chica estupenda, el narrador mira atrás con una ironía no exenta de socarronería «El reloj de la torre del ayuntamiento dio las doce.—La hora de los espíritus— dijo Basia Sobieraj, y se metió en la cama.El fiscal Teodor Szacki pensó que, sin duda alguna, los espíritus no aparecían a medianoche». ¡Impresionante! Impresionante la historia, el protagonista, los personajes y el estilo. Leer menos
LA MITAD DE LA VERDAD
La mitad de la verdad, en este segundo libro de la trilogía, nos sigue mostrando un poco más de la historia de nuestro fiscal investigador de homicidios, Szacki, quien esta vez se ha mudado a la pequeña población de provincias, Sandomierz y está haciendo balance, evaluando lo bueno que puede tener ese lugar aburrido y algo pintoresco para él, si... Leer más
La mitad de la verdad, en este segundo libro de la trilogía, nos sigue mostrando un poco más de la historia de nuestro fiscal investigador de homicidios, Szacki, quien esta vez se ha mudado a la pequeña población de provincias, Sandomierz y está haciendo balance, evaluando lo bueno que puede tener ese lugar aburrido y algo pintoresco para él, sin saber que su vida está a punto de complicarse tras aparecer el cuerpo desnudo y sin vida de una mujer. Todo parece indicar que este asesinato ha sido fruto de algunos ritos judíos, lo que provoca ciertos entresijos no tan enterrados en el pasado entre los habitantes de esta comunidad. Además, cuando ya parece que lo tiene resuelto, la trama da un giro inesperado para nuestro peculiar protagonista apareciendo otro cadáver, lo que hará que tanto la investigación como su vida se le compliquen de sobre manera. La pluma de Mitoszewski sigue siendo tan ligera y sorprendente como en el primer libro, provocando engancharte desde el principio sumergiéndote de lleno en el misterio y atando cabos hasta llegar a un final que te deja con un gran sabor de boca y con unas ganas inmensas por continuar con la tercera parte de la trilogía y saber con que sorpresas nos deleitará esta vez el autor. Con respecto a los personajes, Szacki continua en sus trece, con su tan peculiar sentido del humor y chocando con todo el mundo, como siempre y rodeado de fantásticos personajes secundarios, de una trama de fondo bien pincelada y muy interesante al presentarnos varios puntos de vista, como el de un polaco. Algo que no me gustó de este libro fue la sinopsis, pues si bien cuenta algo que ocurre en las primeras páginas de la novela, hay ciertas cosas que tan solo transcurren cuando ya llevas algo avanzada la lectura y en mi opinión podrían haber prescindido de ese detalle a la hora de presentar la sinopsis ya que hubiera dado pie a que la sorpresa de semejante giro en la historia hubiera sido mayor. En resumen, un libro con el que te ríes por la forma de presentarnos ese humor negro tan característico de Mitoszewski durante la narración, que a pesar de la crueldad de la historia, no puedes evitar una sonrisa divertida. Qué te hará viajar y descubrir distintos lugares. Con capítulos algo largos pues, siguiendo la misma línea de El caso Telak, estos siguen estando divididos en una serie de subtítulos, pero que te engancharán de tal manera que no podrás dejar de leer hasta llegar hasta el final. Un final con el cual el autor nos sigue sorprendiendo como la primera vez y que nos dejará con unas inmensas ganas de poder leer la siguiente parte. Leer menos
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