
Jueves, 15 de abril.
19.00 horas
Bip. Bip. Bip. Lo sabía. En el momento en que consigo organizarme y concentrarme para estudiar, siempre hay alguien a quien se le ocurre mandarme un mensaje. Sí, ya sé que debería apagar el móvil cuando me pongo a estudiar pero... ¿y si pasa algo importante y no me entero? Por eso me he inventado una norma que consiste en silenciar las notificaciones de las redes sociales para así no estar recibiendo avisos de Twitter, Instagram, Musical.ly y del resto de las apps mientras estudio. Las únicas notificaciones que dejo activadas son las del WhatsApp, ya que si alguien me escribe por ahí quiere decir que tiene mi móvil y que, por tanto, es de mi entorno cercano. Esta es la teoría, claro, porque una vez, no sé cómo, mi número de teléfono empezó a circular por ahí y tuve que cambiármelo porque no dejaba de recibir llamadas y mensajes de gente que no conocía. En fin, que digo yo que si alguien me escribe un whatsapp puede que lo que me esté diciendo sea algo urgente. ¿Quién te manda un privado por Insta si tiene una emergencia? ¡Nadie!
Bip. Bip.
—¡Me rindo!
Lanzo el bolígrafo contra la mesa con tanta energía que rebota contra el marco de una foto. Estoy sola en mi cuarto y sí, acabo de hablarle al móvil. Prometo que he intentado ignorar las primeras vibraciones, pero tanta insistencia me alarma un poco.
¡Estoy flipando! 
¡¡¡No me lo puedo creer!!!
¿Cuándo lo celebramos? 
María. Sonrío al leer sus mensajes porque no puedo evitar imaginarme el tono de voz con el que me estaría diciendo eso en persona, gesticulando sin parar y con una emoción contagiosa. ¿Qué es lo que tenemos que celebrar?
Acabas de hacer que desvíe mi atención de los apuntes
de literatura, así que más te vale decirme ya mismo
qué es lo que hay que celebrar.
[Escribiendo...]
[En línea]
??? 
[Grabando audio...]
A ver... Conozco los audios de María y miedo me da. Con lo que le gusta hablar... ¡me veo aquí hasta mañana! Compruebo el móvil y veo que su estado ha vuelto a ser En línea pero sigo sin recibir el audio. ¡Me estoy poniendo nerviosa con tanto misterio!
Argh, voy por la calle y estoy sin datos.
¡Cuéntame!
Ahí va...
www.popteen.com/news/luv-awards-nominations
Ah, que ahora tengo que pinchar en el link para enterarme. Pero ¿tanto le cuesta escribirlo? ¡Qué intriga, por favor! Pongo el dedo sobre el enlace y el navegador del móvil sale de WhatsApp para abrir una pestaña de lo que parece ser un portal de noticias en inglés. La información se va cargando pero ya puedo leer el titular: «These are the nominations for the LUV AWARDS». Unos segundos más y la página estará lista para descubrir al fin el misterio de María.
De repente, una notificación de WhatsApp aparece en mi pantalla. Es Manu. ¿Qué pasa, que soy la única que estudia mientras el resto de mis amigos está en plan chilling? A ver, Laura, por pasos, que, si no, no acabas nunca. Primero lees lo de María y luego respondes a Manu.

¡Por fin! La página se ha cargado por completo y empiezo a leer a toda prisa la introducción. Vale, están hablando de los artistas nominados a los premios LUV, unos galardones muy destacados que se entregan en verano en Los Ángeles. Por eso no me extraña ver entre los nominados a gente como Taylor Swift, Miley Cyrus o... ¡The Rocks! Los whatsapps de Manu me siguen entrando en el móvil, pero en estos momentos mi atención solo puede centrarse en lo que acabo de leer. Mis ojos recorren la pantalla y puedo comprobar que el nombre del grupo no solo aparece en una categoría, sino en cinco: Mejor Álbum, Mejor Canción, Mejor Grupo, Mejor Single y...
—¿Quééé?
Mi grito va acompañado de un golpe seco. El móvil se me ha caído al suelo. Me he quedado paralizada con los ojos abiertos como platos. Sigo oyendo la vibración del teléfono a mis pies (lo que quiere decir que el móvil sigue vivo tras el trompazo) pero necesito unos segundos para reaccionar. Me están temblando las manos. ¡No me extraña!
Me agacho, recojo el teléfono y toco la pantalla, que se ilumina de nuevo. Ahí sigue el artículo de Pop Teen enumerando uno por uno a los nominados a los LUV AWARDS en todas sus categorías. Busco el nombre de The Rocks a toda velocidad porque necesito comprobar que lo que he leído es real. Y sí, lo es: «Categoría: Mejor Videoclip por “Dancing with you”». ¡Nuestro videoclip está nominado a uno de los premios más importantes de la música!
Bip. Bip. Bip. Bip.
El móvil me vibra en la mano mientras leo manu escrito en la pantalla. Me está llamando.
—¡Hey!
—¿A quién has sobornado para que nos hayan nominado? —me pregunta Manu.
—¡Acabo de verlo! ¡No me lo creo, es muuuy fuerte!
—¡Ja, ja, ja! Ya... Estoy en estado de shock. Tenía que llamarte para saber que no era una broma...
—¡Claro que no! Lo publica Pop Teen, son fiables cien por cien.
—Ya me parece heavy que el videoclip lleve más de seis millones de reproducciones, pero esto... esto ya es too much.
—Oye, que lo hicimos genial... ¡No te quites mérito!
—A ver, Laurita... Tengo MUY claro que si el vídeo está nominado es por lo bien que bailamos nosotros y no por cómo actúa tu querido Jack...
—Halaaa, sin modestia, ¿eh?
—¡Ja, ja, ja! ¿Modestia? ¿Eso qué es?
El móvil me vibra de nuevo y tengo que apartarlo de la oreja para ver qué nombre aparece en pantalla. María me está llamando. Ay, pobre... la dejé colgada sin responder a su whats. ¡Debe de pensar que me he desmayado por el notición!
—Oye, te cuelgo que me está llamando María —le digo a Manu—. Que no se te suban los humos, ¿eh?
—Qué va, pero deberíamos empezar a contratar guardaespaldas...
—Anda, tonto. Hablamos luego, muacs.
—Vale, chao.
Me separo del teléfono y deslizo el dedo sobre la pantalla para responder a la llamada de María, quien me grita en toda la oreja antes de que pueda decirle hola.
—Tía, tíatíatíaaa...
—¡Muy fuerte! —Yo también estoy gritando.
—¿Fuerte? Esto es lo más importante que me ha pasado en toooda mi vida... ¡Nominados a un premio!
—Pues si no me lo dices tú, no me entero...
—Ya lo he visto. Como no respondías me he dicho: «A esta le ha dado un ataque o algo».
—¡Ja, ja, ja! No, no. Es que me ha llamado Manu por lo mismo. Va de duro pero está igual de emocionado que nosotras.
—Es Manu, ya lo conoces... ¿Y qué te vas a poner?
—¿Qué me voy a poner cuándo? —pregunto confundida.
—¿Cómo que cuándo? Pues para los premios, hija. ¡Hay que ir divinísimas!
—Frena, frena... ¿Quién te ha dicho que vamos a ir a los premios? Eso es solo para famosos...
—Ya, bueno, pero nosotros salimos en el vídeo y deberían invitarnos. ¡Sería lo justo!
—¡Ja, ja, ja! No creo que invitarnos a nosotros esté entre las prioridades de los organizadores de los LUV AWARDS.
—¡Pues deberías quejarte a quien tú ya sabes!
Bip. Bip. Más vibraciones. Cualquiera diría que se está produciendo un terremoto en mi cuarto. Aparto el teléfono de la oreja mientras oigo la voz de María en la lejanía, que sigue quejándose porque no hemos sido invitados a la gala de premios. Mi respiración se corta cuando compruebo que lo que tengo en la pantalla es una llamada de Skype.
—Hablando de quejarme... ¡me está llamando! —le digo a María.
—¡Tía, pues cógelo!
—Eso voy a hacer. ¡Hablamos luego!
—Byeee.
La foto de Jack parpadea en la pantalla de mi móvil. Llevamos varias semanas hablando por Skype y, aun así, no puedo dejar de ponerme nerviosa cada vez que tengo una llamada suya. ¡Es mi ídolo... y el chico de mis sueños! ¿Cómo no voy a temblar cada vez que hablamos?
Ups. La llamada se corta. He tardado mucho en responder. ¿Qué hago? ¿Le llamo yo? Puede que haya colgado él porque tiene algo que hacer... No quiero molestarle, aunque me parece de mala educación no contestar.
Bip. Bip. La vibración indica que tengo un mensaje en el chat. ¡Es Jack!
Hey! You disponible para videocall?
¡Argh! Abro la puerta del armario y me miro en el espejo de arriba abajo. Compruebo que mi pelo está presentable. Mi camiseta blanca con el cuello de terciopelo es un buen outfit para hacer una videollamada. ¿Me pongo un poco de pintalabios? Bueno, un poquito de brillo, que no parezca que me he arreglado para hablar con él. Aunque la verdad es que eso es lo que estoy haciendo. ¡Laura, relájate!
Bip. Bip.
Laura, are you there?
Sí, sí. Lo siento, my mum called me.
No preocuparte. Yo espero.
Desde que recibí aquel privado por Instagram a mi regreso de Londres, Jack ha mejorado muchísimo su español. En cuatro meses ha aprendido mucho y aunque comete algunos errores, tengo que admitir que estoy sorprendida con sus avances. ¡Nuestro idioma es supercomplicado de aprender! Vale, he ganado unos segundos diciéndole lo de mi madre. ¿Brillo sí o brillo no? Al final me pongo un poco de bálsamo labial para tener un aspecto natural. Respira hondo, Laura. ¡Venga, que tú puedes!
Ready!
Ok, te llamo.
Uno, dos, tres... Cuento los segundos hasta que la pantalla de mi teléfono cambia. El chat desaparece y la cara de Jack, esta vez con la indicación de «videollamada», vuelve a parpadear ante mí. Mi dedo índice tiembla cuando se desliza sobre la pantalla. Allá vamos.

—¡Hola! —le digo con una sonrisa.
—Hey! ¿Cómo estás?
—Bien, muy bien... ¿Y tú?
—I’m fine también. ¿Qué hora es en España?
—Pues son... las 19.15. ¡Te has levantado pronto!
—¿Levantado?
—Oh... You woke up early.
—Oh, yes! Madrugo, is it right?
—¡Ja, ja, ja! Sí, madrugar.
—Well... Son las 10 de la mañana. Buena hora para... ¿levantado?
—Buena hora para... LE-VAN-TAR-SE.
—Oh, God! Verbs are killing me!
—I know, so difficult!
—Yes! Pero tú eres muy buena profesora.
—Y tú muy buen alumno.
Creo que me he puesto roja. Con el piropo que Jack me acaba de lanzar he notado que mis mejillas arden. Espero que a través de la pantalla del móvil
