Marcelo Bielsa. Los 11 caminos al gol

Eduardo Rojas
Eduardo Rojas

Fragmento

INTRODUCCIÓN

No creo que vaya a ser mencionado en ningún libro.
En todo caso, no querría que fuera por ganar un título.
Me gustaría más que fuera por las normas de conducta
que usé para desarrollar mi tarea.

MARCELO BIELSA

No quiero ni puedo desmarcarme de los sentimientos de cercanía que despierta en mí la figura de Marcelo Bielsa, pese a que no soy su amigo; apenas si conversé con él en un puñado de ocasiones. La primera vez que coincidimos fue en Los Aromos, el complejo deportivo que el club Atlas posee en la ciudad de Guadalajara, México. Allí había viajado el rosarino en 1992 para montar un verdadero laboratorio que reviviera la perdida estirpe futbolística mexicana y produjera jugadores de valía. El año anterior, otro argentino, César Luis Menotti, se había hecho cargo de la dirección técnica del seleccionado mexicano de fútbol. En ese país, la labor de ambos técnicos iba a redundar en el desarrollo de una personalidad futbolística que echaría raíces, a punto tal que en 2005 la categoría sub 17 del seleccionado mexicano conquistó el campeonato mundial.

Años después, en 2010, con Bielsa a cargo del seleccionado nacional de Chile, acompañé a Franklin Lobos en una visita que le hizo al técnico. Lobos, conviene recordar, integró en 1984 la selección de fútbol chilena, y poco antes del encuentro con Bielsa había permanecido setenta días atrapado junto con treinta y dos compañeros de trabajo en la mina San José, cerca de Copiapó, en el norte de Chile. Esa noche, el DT y el minero compartieron experiencias y emociones, y en el transcurso de la charla, pude escuchar a Bielsa describiendo su filosofía futbolística, las motivaciones que lo llevaron a aceptar ese puesto y las metas que se había propuesto.

* * *

Cuando el rosarino aceptó ese desafío, la selección chilena se destacaba por su pésimo juego colectivo, al que se sumaban bochornosos actos de indisciplina. Bielsa, sin embargo, eligió confiar en el proyecto deportivo que le acercó Harold Mayne-Nicholls, por aquel entonces presidente de la Asociación Nacional Profesional de Fútbol. Chile contaba, además, con un buen semillero de jóvenes a los que podía moldear, y jugadores experimentados que, encarrilados, podían dar frutos valiosos.

El DT empezó por fijar las prioridades del cuerpo técnico: funcionar siempre en equipo, con todos los integrantes informados de los pasos a seguir, y dispuestos a trabajar sin descanso hasta que el proyecto estuviera en marcha. Con claridad y precisión, definió asimismo las metas a alcanzar:

  • Fortalecer el seleccionado de manera tal que llegara a ser reconocido y respetado a nivel mundial.
  • Restituir el maltratado orgullo del pueblo chileno por su selección.
  • Estimular un sueño colectivo: la Copa del Mundo de Sudáfrica podía ser una hermosa realidad.
  • Empezando por el propio cuerpo técnico, motivar a jugadores, dirigentes y empleados de la ANFP en la conquista de esas metas.

En cuanto a los jugadores, Bielsa elaboró un decálogo de principios que debían obedecerse sin dudas ni titubeos:

  • Todos los integrantes de la selección están calificados para serlo.
  • Todos los jugadores serán tratados del mismo modo por el cuerpo técnico.
  • Todos los jugadores comparten idénticas responsabilidades.
  • Ningún jugador tiene prerrogativas especiales.
  • El interés particular nunca estará por encima del interés del equipo.
  • Para el jugador, lo más importante es su selección, y debe sacrificarse por permanecer en ella.
  • El respeto por los horarios debe ser absoluto.
  • Bajo ninguna circunstancia está permitido el consumo de alcohol.
  • Dentro y fuera de la cancha, la voluntad del jugador por hacer siempre lo que se le exige es innegociable.
  • Para un jugador que aspire a integrar la selección nacional, es condición muy importante el deseo de vestir la camiseta y representar dignamente a su país.

Esta es la matriz del programa de Marcelo Bielsa. No es necesario hurgar demasiado para encontrarla en los pasos que dio durante los tres años que permaneció al frente de la selección chilena.

El rosarino inculcó en todos aquellos a quienes dirigió su amor por el ataque, la obsesión por la recuperación de la pelota en el área rival, la llegada ofensiva construida por las orillas, la salida limpia con los defensas sin caer en la trampa del pelotazo, el respeto al rival, al reglamento, a los árbitros. En síntesis, una manera única de vivir el fútbol, que atravesó las fronteras ideológicas del pueblo futbolero chileno.

* * *

Durante sus entrenamientos a puertas cerradas en Nelspruit, Sudáfrica, acompañado por su ayudante Eduardo Berizzo y por el preparador físico Luis María Bonini —acaso sus más fieles compañeros en la expedición a Chile—, Bielsa fue recopilando apuntes que más tarde desgranaría en jornadas oficiales y en giras de norte a sur por el territorio chileno, a los que se suma una importante cantidad de grabaciones de los partidos que dirigió. Ese material reúne su visión sobre temas como el estilo de juego, la disciplina, los valores, la planificación, el reglamento, el movimiento, la táctica, la metodología del entrenamiento, los elementos en la formación del jugador joven, el comunicador, la logíst

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