Conectados para el amor

Stan Tatkin

Fragmento

Conectados para el amor Conectados para el amor

INTRODUCCIÓN

CONECTADOS PARA EL AMOR

Mira a tu alrededor. Vivimos en un mundo muy complejo. La variedad de dispositivos, maquinaria y procesos que lo mueven es abrumadora. Durante el transcurso de la vida de muchos que aún viven el día de hoy, la humanidad se ha habituado a los viajes alrededor del planeta, la repetición instantánea de eventos del otro lado del mundo, y la capacidad de hablar y ver casi a cualquier persona a la hora que sea en el lugar que sea, entre otras varias cosas. Disfrutamos los beneficios que nos han traído estos avances tecnológicos y los maldecimos cuando fallan. Y claro que fallan en algunas ocasiones. Por esta razón, recurrimos a los instructivos: desde el manual de propietario de un automóvil, que nos muestra cuánto debemos inflar los neumáticos, hasta las instrucciones que nos muestran cuánta masa hay que colocar en la waflera. Podemos odiar tener que recurrir a un manual (o llamar al soporte técnico, excepto, quizá, en un aprieto); sin embargo, ¿realmente puedes utilizar todos esos dispositivos con la simple intuición?

Las relaciones también son complejas. Aun así, las abordamos con orientación y apoyo mínimos. No sugiero que sigas un plan de tres pasos al relacionarte con tu pareja. Las relaciones nunca vendrán con manuales que automaticen el proceso. No somos robots. Lo que funciona para una pareja, no funcionará necesariamente en otra. Sin embargo, tampoco funciona ir a tientas, como muchas parejas lo hacen, y esperar a que todo se acomode solo. De aquí la necesidad de orientación bien informada que apoye tu relación.

Y ¿qué podría considerarse orientación bien informada en este contexto? De hecho, un enorme y maravilloso corpus de conocimiento científico y teoría con el potencial de influir en cómo se relacionan los compañeros en una relación ha estado gestándose en las décadas recientes. Esto incluye el trabajo revolucionario en los campos de la neurociencia y neurobiología, psicofisiología y psicología. Creo que las parejas pueden beneficiarse de esta riqueza de investigaciones. Esta idea podría parecerte intimidante, pero no te preocupes: no estoy sugiriendo que renuncies a tu trabajo y vuelvas a la escuela. Creo que las teorías básicas te parecerán muy sencillas cuando las escuches explicadas en lenguaje simple.

En breve, me parece que saber mejor cómo funciona nuestro cerebro —en otras palabras, cómo estamos conectados— nos coloca en una mejor posición para tomar decisiones bien informadas en nuestras relaciones. La evidencia científica sugiere que, desde un punto de vista biológico, los humanos estamos conectados con propósitos más bien bélicos que de naturaleza amorosa. Ésas son las malas noticias. Pero las buenas son que investigaciones recientes sugieren que existe una variedad de estrategias y técnicas para revertir esta predisposición. Podemos, en efecto, dar pasos para garantizar que estamos conectados para el amor. Estas estrategias pueden ayudarnos a crear una relación afectiva y estable en la cual estemos preparados para dirimir conflictos cuando surjan.

Así que, ¿por qué no utilizarlas? En los primeros tres capítulos del libro enumero principios generales, extraídos de la investigación de vanguardia, para ayudarte a entender lo que vuelve a una relación exitosa y trabajar en ello con tu pareja. Los capítulos que siguen ahondan en estos principios con ejemplos prácticos. Por ejemplo, si tienes una idea clara del estilo de relación con tu pareja basado en la ciencia de vanguardia, les será más sencillo trabajar juntos y arreglar los problemas que pudiesen surgir. En esencia, este libro puede servir como un instructivo para comprenderte a ti mismo, tu pareja y tu relación.

Ahora bien, quizá tengas reservas con respecto de la noción de instructivo. Tu pareja no es una propiedad, después de todo. No podría estar más de acuerdo. Sin embargo, me gusta esta metáfora porque transmite el nivel de responsabilidad mutua y conocimiento detallado de la relación que la pareja necesita para tener éxito. De hecho, me atrevería a proponer que todas las parejas sí siguen un conjunto u otro de reglas y principios en su relación. Tal vez no estén conscientes, pero ya cuentan con algo parecido a un instructivo. Desafortunadamente, muchas parejas cuentan con el instructivo equivocado. Y, en el caso de las parejas con problemas, siempre tienen el instructivo equivocado.

En mi trabajo con parejas, he notado que éstas suelen formar sus propias teorías sobre la causa de sus problemas. Lo hacen por desesperanza y aflicción y por la necesidad de saber por qué: “¿Por qué siento dolor?” “¿Por qué me siento amenazado o inseguro?” “¿Por qué esta relación no está funcionando como lo esperaba?” Trabajan arduamente para encontrar respuestas a tales preguntas, y en algunas ocasiones sus respuestas les brindan una sensación inmediata de alivio (“Ahora sé por qué sucede esto”).

Sin embargo, a la larga, estas teorías por lo general no funcionan. No son lo suficientemente precisas para ayudar a la relación. No detienen el dolor. No alteran nuestras conexiones fundamentales. En última instancia, apoyarnos en estas teorías es una manera de ir a ciegas. De hecho, en algunas ocasiones, las teorías imprecisas socavan aún más la sensación de seguridad y felicidad de una pareja. En la mayoría de los casos, en lugar de acabar la guerra entre la pareja, aferrarse a teorías y razones sólo refuerza la construcción de una fortaleza. Únicamente brinda más municiones para que las parejas se lancen entre ellas.

He notado que las teorías de los miembros de las parejas suelen ser en favor de sí mismos y no en favor de la relación. Por ejemplo, un compañero dice: “Discutimos porque no le gustan las mismas cosas que a mí”. Otro dice: “Es tan desconsiderada; no es de extrañar que me sienta lastimado”. O: “Esta relación no está funcionando porque él no es la persona con la que me casé”. En cada caso, el enfoque se centra en la invención de teorías por parte de un miembro de la relación. Uno de los descubrimientos más i

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