Cuando Leo Messi quiso irse del Barcelona el año pasado, la opción parecía ser el Manchester City; cuando se tuvo que ir este año, la opción fue el PSG. ¿Por qué? ¿Qué tienen en común esos dos clubes con ningún otro? Ser ambos lo que se ha bautizado como clubes-Estado. En el flamante «El circo de los pueblos» (Sudamericana), dedicado la compleja y ya larga relación del fútbol con el poder (de Hitler y Mussolini a Pablo Escobar y Berlusconi), el periodista José Ignacio Lladós dedica un capítulo a este nuevo fenómeno del fútbol mundial, emporios con arcas insondables, fondos de sospechada procedencia, acusados de competencia desleal y -ahora con acusaciones resucitadas, tras el regreso de los talibanes al poder- vinculados a organizaciones terroristas.