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Stephen King es autor de más de sesenta libros, todos ellos best sellers internacionales. Sus títulos más recientes son Holly , Cuento de Hadas , Billy Summers , Después , La sangre manda , El Instituto ,...
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Stephen King es autor de más de sesenta libros, todos ellos best sellers internacionales. Sus títulos más recientes son Holly, Cuento de Hadas, Billy Summers, Después, La sangre manda, El Instituto, Elevación, El visitante (cuya adaptación audiovisual se estrenó en HBO en enero de 2020), La caja de botones de Gwendy (con Richard Chizmar), Bellas durmientes (con su hijo Owen King), El bazar de los malos sueños, la trilogía «Bill Hodges» (Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia), Revival y Doctor Sueño. La novela 22/11/63 (convertida en serie de televisión en Hulu) fue elegida por The New York Times Book Review como una de las diez mejores novelas de 2011 y por Los Angeles Times como la mejor novela de intriga del año. Los libros de la serie «La Torre Oscura» e It han sido adaptados al cine, así como gran parte de sus clásicos, desde Misery hasta El resplandor pasando por Carrie, El juego de Gerald y La zona muerta.

En reconocimiento a su trayectoria profesional, le han sido concedidos los premios PEN American Literary Service Award en 2018, National Medal of Arts en 2014 y National Book Foundation Medal for Distinguished Contribution to American Letters en 2003.

Vive en Bangor, Maine, con su esposa Tabitha King, también novelista.

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Una extraordinaria novedad literaria del maestro Stephen King: una historia con varios hilos narrativos, protagonizada por la querida detective Holly Gibney y con un dinámico elenco de personajes nuevos.

Emocionante, salvaje, adictiva y absorbente, No tengas miedo es una de las novelas más ambiciosas y propulsivas de King.

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Una extraordinaria novedad literaria del maestro Stephen King: una historia con varios hilos narrativos, protagonizada por la querida detective Holly Gibney y con un dinámico elenco de personajes nuevos.

Emocionante, salvaje, adictiva y absorbente, No tengas miedo es una de las novelas más ambiciosas y propulsivas de King.


Cuando el Departamento de Policía de Buckeye City recibe una carta de alguien que pretende «matar a trece inocentes y a un culpable» para expiar una muerte innecesaria, la detective Izzy Jaynes no sabe qué pensar. ¿Están a punto de asesinar a catorce personas por venganza? Preocupada, decide acudir a Holly Gibney para que la ayude.

Mientras tanto, la activista por los derechos de l

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Cuando el Departamento de Policía de Buckeye City recibe una carta de alguien que pretende «matar a trece inocentes y a un culpable» para expiar una muerte innecesaria, la detective Izzy Jaynes no sabe qué pensar. ¿Están a punto de asesinar a catorce personas por venganza? Preocupada, decide acudir a Holly Gibney para que la ayude.

Mientras tanto, la activista por los derechos de la mujer Kate McKay se embarca en una gira de conferencias, atrayendo a tantos seguidores como detractores. Alguien que se opone vehementemente a su mensaje ataca sus eventos y, aunque al principio nadie resulta herido, el acosador se vuelve cada vez más atrevido, y contactan a Holly Gibney para proteger a Kate. Con un fascinante elenco de personajes conocidos y nuevos, estos dos hilos narrativos se unen en un tapiz escalofriante y espectacular.

Sobre Holly y sobre el autor:
«Cuando Stephen King se mete en el género está a la altura de los clásicos. Con Holly ha vuelto a regalarnos una excelente novela».
Juan Carlos Galindo, El País

«King está enamorado de este personaje y vuelve a poner aquí en evidencia que es uno de los más talentosos creadores de mujeres: un auténtico y comprometido feminista dentro de la literatura norteamericana».
Rodrigo Fresán, ABC

«Stephen King es indiscutiblemente uno de los mejores narradores del siglo, y un maestro a la hora de retratar los horrores que habitan bajo la superficie de lo que parece la vida normal».
Daily Mail

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Stephen King es autor de más de sesenta libros, todos ellos best sellers internacionales. Sus títulos más recientes son Holly , Cuento de Hadas , Billy Summers , Después , La sangre manda , El Instituto ,...
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Stephen King es autor de más de sesenta libros, todos ellos best sellers internacionales. Sus títulos más recientes son Holly, Cuento de Hadas, Billy Summers, Después, La sangre manda, El Instituto, Elevación, El visitante (cuya adaptación audiovisual se estrenó en HBO en enero de 2020), La caja de botones de Gwendy (con Richard Chizmar), Bellas durmientes (con su hijo Owen King), El bazar de los malos sueños, la trilogía «Bill Hodges» (Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia), Revival y Doctor Sueño. La novela 22/11/63 (convertida en serie de televisión en Hulu) fue elegida por The New York Times Book Review como una de las diez mejores novelas de 2011 y por Los Angeles Times como la mejor novela de intriga del año. Los libros de la serie «La Torre Oscura» e It han sido adaptados al cine, así como gran parte de sus clásicos, desde Misery hasta El resplandor pasando por Carrie, El juego de Gerald y La zona muerta.

En reconocimiento a su trayectoria profesional, le han sido concedidos los premios PEN American Literary Service Award en 2018, National Medal of Arts en 2014 y National Book Foundation Medal for Distinguished Contribution to American Letters en 2003.

Vive en Bangor, Maine, con su esposa Tabitha King, también novelista.

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Una novela inquietante que desenmascara el horror cotidiano con
El maestro de terror, Stephen King ha regresado este mes de junio con NO TENGAS MIEDO / NEVER FLINCH, nueva entrega protagonizada por Holly Gibney, uno de los personajes más queridos —y también divisivos— de su universo narrativo reciente. En esta ocasión, King deja de lado los elementos sobrenaturales que han caracterizado buena parte de su obr... Leer más
El maestro de terror, Stephen King ha regresado este mes de junio con NO TENGAS MIEDO / NEVER FLINCH, nueva entrega protagonizada por Holly Gibney, uno de los personajes más queridos —y también divisivos— de su universo narrativo reciente. En esta ocasión, King deja de lado los elementos sobrenaturales que han caracterizado buena parte de su obra y apuesta por un horror mucho más real y perturbador: el que nace de las acciones humanas. El resultado es una novela que mezcla tensión, crítica social, personajes complejos y un villano memorable. Si estás alejado de las últimas producciones literarias de Stephen King y esperas encontrar una historia de terror como aquellas míticas de los años 70 y 80, no es este el libro que estás buscando. El maestro del terror se siente en los últimos años mucho más cómodo escribiendo títulos donde los horrores cotidianos son los motores del terror más real y cercano. De hecho, esta novela supone la cuarta de la serie protagonizada por Holly Gibney, la excéntrica investigadora que ha crecido en carisma y profundidad desde su primera aparición en MR. MERCEDES, y que en esta ocasión ha sido contratada como guardaespaldas improvisada de una figura pública con una notable controversia. mientras una serie de asesinatos brutales comienzan a tomar forma en el trasfondo. A través de esta estructura, King construye una red de personajes cuyas vidas se entrelazan de forma cada vez más intensa. En la historia, un hombre es encarcelado por pruebas comprometedoras que lo hacen parecer culpable de delitos terribles. Clama su inocencia hasta el final, pero es asesinado en prisión antes de que la verdad salga a la luz. El testigo clave, que más tarde admite haber mentido, había informado a la fiscalía semanas antes del crimen, sin que nadie actuara para evitar la tragedia. *** Uno de los aspectos más destacables de la novela es la construcción de sus antagonistas. Especialmente Trig, un asesino en serie que se presenta al lector desde el inicio. No hay misterio sobre su identidad, sino una tensión construida alrededor del cómo y el por qué actúa, más que del quién. Trig es escalofriante por su frialdad y aleatoriedad. Este tipo de violencia sin sentido, sin conexión emocional con la víctima, amplifica la inquietud del lector y genera a su vez interés en conocer la motivación del asesino. La otra figura oscura de la trama —un acosador con una historia personal compleja— también aporta interés. King permite al lector entrar en su mente, explorando cómo se justifica internamente sus acciones, lo que aporta profundidad psicológica sin eximirlo de su peligrosidad. Ambos villanos ofrecen una contraparte convincente a los protagonistas y mantienen al lector en vilo, especialmente en los capítulos finales, que son vertiginosos y tensos. Desde una perspectiva literaria, lo primero que llama la atención es el manejo de múltiples líneas argumentales que, a pesar de su aparente disparidad inicial, terminan hilándose con eficacia en un clímax tenso y cargado de acción. La novela exige paciencia: su primera mitad avanza con una cadencia mesurada, casi meditativa, donde los personajes se van desplegando lentamente ante el lector. Sin embargo, esta pausa inicial no implica pasividad narrativa. Al contrario, el autor emplea este ritmo para construir un mundo denso en detalles psicológicos, poblado por personajes que se debaten entre la culpa, la necesidad de redención, el miedo y el deseo de justicia. El estilo narrativo es directo, con un lenguaje que oscila entre la descripción minuciosa y el diálogo ágil. A nivel estilístico, la prosa evita florituras innecesarias y apuesta por una eficacia narrativa que sirve a la trama. No obstante, en ciertos pasajes se percibe una tensión entre lo literario y lo funcional: algunas escenas tienden a sobrecargar detalles banales o reiteraciones que podrían haberse depurado con algo más de rigor editorial. Este desequilibrio no empaña el conjunto, pero introduce altibajos en la fluidez del relato. A nivel personal, sí que sufro mucho cuando existe una excesiva presentación de nombres de personajes que me obligan a hacer un esfuerzo para no olvidarlos y después no tienen parte esencial en la trama. Uno de los aspectos más destacables de la novela es la construcción del antagonista. A diferencia de otras obras del mismo universo narrativo donde el suspense se alimenta del misterio en torno al culpable, aquí se opta por una inversión del modelo clásico: desde el inicio sabemos quién es el asesino. El interés, entonces, no reside en el «quién lo hizo», sino en el «cómo», el «por qué» y, sobre todo, en el «quién será la siguiente víctima». Este enfoque genera una tensión narrativa sostenida, donde la atención se desplaza hacia la psicología del villano. Se trata de un personaje gélido, calculador, pero también inestable, cuya progresiva descomposición mental añade una capa de inquietud a cada aparición en la historia. La frialdad con la que actúa, su desprecio absoluto por el valor de la vida humana y la banalidad con la que toma decisiones devastadoras lo convierten en un antagonista particularmente perturbador. A nivel temático, la novela aborda con inteligencia cuestiones de gran actualidad: la manipulación mediática, la instrumentalización de las creencias políticas, los peligros del culto a la personalidad, la vulnerabilidad del sistema judicial y los límites difusos entre justicia y venganza. Estos elementos no se presentan como consignas ni como tesis cerradas, sino que se entretejen en la trama con una ambigüedad deliberada que deja espacio para la interpretación del lector. El texto no toma partido explícito, pero sitúa al lector frente a dilemas éticos complejos que le obligan a cuestionar sus propias certezas. El protagonismo de Holly Gibney introduce un contrapunto interesante. Lejos de ser una heroína tradicional, se muestra aquí más segura de sí misma, más sociable y dispuesta a asumir riesgos. Esta evolución del personaje —que se ha ido desarrollando a lo largo de varias novelas anteriores— la aleja de la figura excéntrica y tímida del pasado, para convertirla en una presencia más centrada y resolutiva. Sin embargo, esta madurez narrativa del personaje también genera cierta tensión dentro del universo diegético: muchos personajes secundarios parecen orbitar alrededor de Holly con una admiración excesiva, rozando en ocasiones lo inverosímil. Este tratamiento casi reverencial, que otros personajes manifiestan hacia ella, debilita por momentos la verosimilitud de sus relaciones y resta fuerza a los conflictos interpersonales. El elenco secundario ofrece luces y sombras. Por un lado, algunos personajes aportan riqueza emocional e introducen subtramas atractivas que amplían el universo narrativo —como el camino introspectivo de una figura pública amenazada, o la irrupción de una cantante legendaria cuya historia personal introduce un tono casi lírico a ciertos pasajes—. Por otro lado, algunas de estas figuras quedan algo desdibujadas o se desarrollan de forma desigual. Hay quienes parecen existir únicamente para resaltar la valía de los protagonistas, lo que resta profundidad al conjunto. Uno de los mayores logros de la novela es su tramo final. Si bien la primera parte puede resultar lenta, el desenlace compensa ampliamente con un ritmo trepidante, cargado de tensión y giros bien calculados. A medida que las tramas confluyen, el texto acelera y mantiene al lector en vilo, desplegando una coreografía de eventos que se entrecruzan con precisión milimétrica. El cierre no solo resuelve las intrigas principales, sino que también deja espacio para la reflexión, sin caer en un final demasiado cerrado o complaciente. Cabe destacar también el uso de ciertos recursos formales que enriquecen la experiencia de lectura: el acceso a los pensamientos de distintos personajes —incluido el antagonista— permite una comprensión más matizada de sus motivaciones, y el juego con la focalización múltiple añade dinamismo sin confundir al lector. Además, la estructura episódica de algunos capítulos contribuye a generar una sensación de simultaneidad narrativa que favorece la tensión general de la obra. Ahora bien, no todo funciona con la misma eficacia. Algunas subtramas se perciben como poco necesarias o estiradas, introduciendo cierta fatiga en la lectura. Del mismo modo, ciertos elementos de caracterización, especialmente aquellos que rozan el estereotipo o la caricatura, restan profundidad a lo que podría haber sido una exploración más sobria de ciertos perfiles. También puede señalarse que, en ocasiones, la novela parece confiar demasiado en el carisma de personajes ya conocidos, sin arriesgarse lo suficiente a desafiarlos o a sacarlos de sus zonas de confort. En conjunto, NO TENGAS MIEDO es una novela sólida que, si bien no alcanza las cotas más brillantes de su tradición narrativa, ofrece momentos de gran intensidad y pasajes de notable destreza literaria. Su mayor virtud radica en su capacidad para mantener al lector en un estado de expectación constante, combinando una estructura compleja con una tensión emocional sostenida. Es una obra que interroga al lector sin imponer respuestas, que juega con los límites del género criminal y que apuesta por la exploración psicológica antes que por el efectismo. Es posible que los lectores más tradiciones de Stephen King se sientan huérfanos por la falta de títulos novedosos o por la ausencia de terror en sus últimas obras, o también incluso por la presencia reiterada de personajes cuya evolución parece haber tocado techo. Sin embargo, quienes aprecian las historias de investigación con trasfondo social, y quienes disfrutan del retrato de antagonistas profundamente humanos y aterradores en su banalidad, encontrarán aquí suficientes razones para sentirse plenamente satisfechos. La obra no pretende reinventar el género, pero sí ofrece una lectura inquietante y sugestiva, que nos recuerda que los peores monstruos no siempre vienen de la oscuridad… a veces, viven entre nosotros, disfrazados de ciudadanos comunes. Leer menos
Una novela inquietante que desenmascara el horror cotidiano con
El maestro de terror, Stephen King ha regresado este mes de junio con NO TENGAS MIEDO / NEVER FLINCH, nueva entrega protagonizada por Holly Gibney, uno de los personajes más queridos —y también divisivos— de su universo narrativo reciente. En esta ocasión, King deja de lado los elementos sobrenaturales que han caracterizado buena parte de su obr... Leer más
El maestro de terror, Stephen King ha regresado este mes de junio con NO TENGAS MIEDO / NEVER FLINCH, nueva entrega protagonizada por Holly Gibney, uno de los personajes más queridos —y también divisivos— de su universo narrativo reciente. En esta ocasión, King deja de lado los elementos sobrenaturales que han caracterizado buena parte de su obra y apuesta por un horror mucho más real y perturbador: el que nace de las acciones humanas. El resultado es una novela que mezcla tensión, crítica social, personajes complejos y un villano memorable. Si estás alejado de las últimas producciones literarias de Stephen King y esperas encontrar una historia de terror como aquellas míticas de los años 70 y 80, no es este el libro que estás buscando. El maestro del terror se siente en los últimos años mucho más cómodo escribiendo títulos donde los horrores cotidianos son los motores del terror más real y cercano. De hecho, esta novela supone la cuarta de la serie protagonizada por Holly Gibney, la excéntrica investigadora que ha crecido en carisma y profundidad desde su primera aparición en MR. MERCEDES, y que en esta ocasión ha sido contratada como guardaespaldas improvisada de una figura pública con una notable controversia. mientras una serie de asesinatos brutales comienzan a tomar forma en el trasfondo. A través de esta estructura, King construye una red de personajes cuyas vidas se entrelazan de forma cada vez más intensa. En la historia, un hombre es encarcelado por pruebas comprometedoras que lo hacen parecer culpable de delitos terribles. Clama su inocencia hasta el final, pero es asesinado en prisión antes de que la verdad salga a la luz. El testigo clave, que más tarde admite haber mentido, había informado a la fiscalía semanas antes del crimen, sin que nadie actuara para evitar la tragedia. *** Uno de los aspectos más destacables de la novela es la construcción de sus antagonistas. Especialmente Trig, un asesino en serie que se presenta al lector desde el inicio. No hay misterio sobre su identidad, sino una tensión construida alrededor del cómo y el por qué actúa, más que del quién. Trig es escalofriante por su frialdad y aleatoriedad. Este tipo de violencia sin sentido, sin conexión emocional con la víctima, amplifica la inquietud del lector y genera a su vez interés en conocer la motivación del asesino. La otra figura oscura de la trama —un acosador con una historia personal compleja— también aporta interés. King permite al lector entrar en su mente, explorando cómo se justifica internamente sus acciones, lo que aporta profundidad psicológica sin eximirlo de su peligrosidad. Ambos villanos ofrecen una contraparte convincente a los protagonistas y mantienen al lector en vilo, especialmente en los capítulos finales, que son vertiginosos y tensos. Desde una perspectiva literaria, lo primero que llama la atención es el manejo de múltiples líneas argumentales que, a pesar de su aparente disparidad inicial, terminan hilándose con eficacia en un clímax tenso y cargado de acción. La novela exige paciencia: su primera mitad avanza con una cadencia mesurada, casi meditativa, donde los personajes se van desplegando lentamente ante el lector. Sin embargo, esta pausa inicial no implica pasividad narrativa. Al contrario, el autor emplea este ritmo para construir un mundo denso en detalles psicológicos, poblado por personajes que se debaten entre la culpa, la necesidad de redención, el miedo y el deseo de justicia. El estilo narrativo es directo, con un lenguaje que oscila entre la descripción minuciosa y el diálogo ágil. A nivel estilístico, la prosa evita florituras innecesarias y apuesta por una eficacia narrativa que sirve a la trama. No obstante, en ciertos pasajes se percibe una tensión entre lo literario y lo funcional: algunas escenas tienden a sobrecargar detalles banales o reiteraciones que podrían haberse depurado con algo más de rigor editorial. Este desequilibrio no empaña el conjunto, pero introduce altibajos en la fluidez del relato. A nivel personal, sí que sufro mucho cuando existe una excesiva presentación de nombres de personajes que me obligan a hacer un esfuerzo para no olvidarlos y después no tienen parte esencial en la trama. Uno de los aspectos más destacables de la novela es la construcción del antagonista. A diferencia de otras obras del mismo universo narrativo donde el suspense se alimenta del misterio en torno al culpable, aquí se opta por una inversión del modelo clásico: desde el inicio sabemos quién es el asesino. El interés, entonces, no reside en el «quién lo hizo», sino en el «cómo», el «por qué» y, sobre todo, en el «quién será la siguiente víctima». Este enfoque genera una tensión narrativa sostenida, donde la atención se desplaza hacia la psicología del villano. Se trata de un personaje gélido, calculador, pero también inestable, cuya progresiva descomposición mental añade una capa de inquietud a cada aparición en la historia. La frialdad con la que actúa, su desprecio absoluto por el valor de la vida humana y la banalidad con la que toma decisiones devastadoras lo convierten en un antagonista particularmente perturbador. A nivel temático, la novela aborda con inteligencia cuestiones de gran actualidad: la manipulación mediática, la instrumentalización de las creencias políticas, los peligros del culto a la personalidad, la vulnerabilidad del sistema judicial y los límites difusos entre justicia y venganza. Estos elementos no se presentan como consignas ni como tesis cerradas, sino que se entretejen en la trama con una ambigüedad deliberada que deja espacio para la interpretación del lector. El texto no toma partido explícito, pero sitúa al lector frente a dilemas éticos complejos que le obligan a cuestionar sus propias certezas. El protagonismo de Holly Gibney introduce un contrapunto interesante. Lejos de ser una heroína tradicional, se muestra aquí más segura de sí misma, más sociable y dispuesta a asumir riesgos. Esta evolución del personaje —que se ha ido desarrollando a lo largo de varias novelas anteriores— la aleja de la figura excéntrica y tímida del pasado, para convertirla en una presencia más centrada y resolutiva. Sin embargo, esta madurez narrativa del personaje también genera cierta tensión dentro del universo diegético: muchos personajes secundarios parecen orbitar alrededor de Holly con una admiración excesiva, rozando en ocasiones lo inverosímil. Este tratamiento casi reverencial, que otros personajes manifiestan hacia ella, debilita por momentos la verosimilitud de sus relaciones y resta fuerza a los conflictos interpersonales. El elenco secundario ofrece luces y sombras. Por un lado, algunos personajes aportan riqueza emocional e introducen subtramas atractivas que amplían el universo narrativo —como el camino introspectivo de una figura pública amenazada, o la irrupción de una cantante legendaria cuya historia personal introduce un tono casi lírico a ciertos pasajes—. Por otro lado, algunas de estas figuras quedan algo desdibujadas o se desarrollan de forma desigual. Hay quienes parecen existir únicamente para resaltar la valía de los protagonistas, lo que resta profundidad al conjunto. Uno de los mayores logros de la novela es su tramo final. Si bien la primera parte puede resultar lenta, el desenlace compensa ampliamente con un ritmo trepidante, cargado de tensión y giros bien calculados. A medida que las tramas confluyen, el texto acelera y mantiene al lector en vilo, desplegando una coreografía de eventos que se entrecruzan con precisión milimétrica. El cierre no solo resuelve las intrigas principales, sino que también deja espacio para la reflexión, sin caer en un final demasiado cerrado o complaciente. Cabe destacar también el uso de ciertos recursos formales que enriquecen la experiencia de lectura: el acceso a los pensamientos de distintos personajes —incluido el antagonista— permite una comprensión más matizada de sus motivaciones, y el juego con la focalización múltiple añade dinamismo sin confundir al lector. Además, la estructura episódica de algunos capítulos contribuye a generar una sensación de simultaneidad narrativa que favorece la tensión general de la obra. Ahora bien, no todo funciona con la misma eficacia. Algunas subtramas se perciben como poco necesarias o estiradas, introduciendo cierta fatiga en la lectura. Del mismo modo, ciertos elementos de caracterización, especialmente aquellos que rozan el estereotipo o la caricatura, restan profundidad a lo que podría haber sido una exploración más sobria de ciertos perfiles. También puede señalarse que, en ocasiones, la novela parece confiar demasiado en el carisma de personajes ya conocidos, sin arriesgarse lo suficiente a desafiarlos o a sacarlos de sus zonas de confort. En conjunto, NO TENGAS MIEDO es una novela sólida que, si bien no alcanza las cotas más brillantes de su tradición narrativa, ofrece momentos de gran intensidad y pasajes de notable destreza literaria. Su mayor virtud radica en su capacidad para mantener al lector en un estado de expectación constante, combinando una estructura compleja con una tensión emocional sostenida. Es una obra que interroga al lector sin imponer respuestas, que juega con los límites del género criminal y que apuesta por la exploración psicológica antes que por el efectismo. Es posible que los lectores más tradiciones de Stephen King se sientan huérfanos por la falta de títulos novedosos o por la ausencia de terror en sus últimas obras, o también incluso por la presencia reiterada de personajes cuya evolución parece haber tocado techo. Sin embargo, quienes aprecian las historias de investigación con trasfondo social, y quienes disfrutan del retrato de antagonistas profundamente humanos y aterradores en su banalidad, encontrarán aquí suficientes razones para sentirse plenamente satisfechos. La obra no pretende reinventar el género, pero sí ofrece una lectura inquietante y sugestiva, que nos recuerda que los peores monstruos no siempre vienen de la oscuridad… a veces, viven entre nosotros, disfrazados de ciudadanos comunes. Leer menos
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