Qué pasa cuando lees todos los días, aunque solo sean diez minutos
Leer todos los días, aunque solo sean diez minutos, puede ayudarnos a convertir la lectura en un hábito con beneficios para nuestro bienestar y nuestra salud mental. Pero no solo es importante leer todos los días, sino también disfrutar de aquello que leemos.
Cuando nos vemos atrapados en la rutina, hay ciertas actividades que tienden a pasar a un segundo plano. Una de ellas puede ser la lectura. A menudo pensamos que no tenemos tiempo para leer y que, si solo podemos dedicarle diez minutos, quizá ni siquiera merezca la pena ponerse a ello. Sin embargo, incorporar la lectura a nuestra rutina diaria, incluso en pequeñas dosis, puede aportarnos muchos y muy diversos beneficios. De hecho, la clave se encuentra más en la constancia que en el tiempo de lectura.
Leer todos los días ayuda a crear un hábito de lectura
Uno de los primeros beneficios de leer todos los días es precisamente convertir la lectura en un hábito. Reservar un momento concreto de la jornada puede ayudarnos a reducir la fricción de tener que tomar la decisión de cuándo ponernos a leer. Algunos momentos clave pueden ser, por ejemplo, en el transporte público, durante la pausa de la comida o al final del día. Dependiendo de tus horarios, también puedes ir variando y encontrando los huecos disponibles en tu rutina para leer, dependiendo del día.
Lo importante es marcarnos un objetivo y sencillo y alcanzable. Ya sea leer durante diez minutos, varias páginas o un capítulo de un libro. La idea no es leer cuanto más mejor, sino conseguir encontrar un momento en nuestra rutina que nos permita mantener el hábito en el tiempo.
Aunque también es importante recordarnos que, si un día se falla, no pasa nada. No hace falta machacarnos o sentirnos culpables, lo importante es retomar el hábito al día siguiente e intentar mantener la constancia dentro de lo posible.
Leer puede ayudar a reducir el estrés y mejorar el sueño
Leer presenta múltiples beneficios para cuidar y mejorar nuestra salud mental. Uno de los más importantes es la reducción del estrés. En un mundo donde nuestras vidas cada vez son más ajetreadas y más personas sufren de condiciones relacionadas con el estrés elevado, la lectura puede ser un gran aliado para ayudarnos a estar más tranquilos. Al sumergirnos en un texto, sobre todo si conseguimos mantener la atención en la historia, dejamos en un segundo plano las preocupaciones cotidianas.
Pero no solo eso, sino que cuando leemos, nuestro cuerpo tiende a relajarse, a soltar tensión muscular y a reducir las pulsaciones. Esta respuesta fisiológica nos ayuda a reducir los efectos del estrés en nuestro cuerpo.
De hecho, hay estudios que muestran que la lectura antes de dormir, aunque solo sea durante unos pocos minutos, ayuda a conciliar mejor el sueño ya que reduce los niveles de estrés hasta en un 68%. Leer favorece la relajación, nos ayuda a conciliar el sueño y, también, a tener un descanso de calidad.
Aquí es importante hacer una distinción y es que no es lo mismo leer un libro físico que leer en el móvil antes de dormir, ya que la luz de las pantallas puede interferir en nuestra calidad de sueño. Así el objetivo de utilizar la lectura como parte de la rutina nocturna presenta mayores beneficios si lo que leemos es un libro en papel.
La lectura mantiene el cerebro activo
Leer es uno de los hábitos que nos ayudan a mantener un cerebro saludable. Leer de forma frecuente activa diversas áreas cerebrales y ayuda a frenar el deterioro cognitivo. No se trata de algo milagroso, ni una garantía de que vayamos a evitar enfermedades como la demencia, pero sí se trata de una herramienta muy eficaz para mantener nuestro cerebro activo.
Y es que la lectura no es una actividad pasiva, ya que comprender un texto implica poner en marcha múltiples procesos cerebrales. Cuando leemos, tenemos que procesar las palabras, mantener la atención, interpretar información y entender lo que estamos leyendo.
Por eso la lectura es una de las actividades cognitivamente estimulantes que pueden ayudarnos a mantener la mente activa y una de las más asequibles. Se trata de un hábito que, además, nos ayuda a mejorar la atención y la concentración, dos capacidades que en la sociedad actual se encuentran en declive. Y puede ayudarnos, incluso, a mejorar nuestra empatía y habilidades sociales.
Más vocabulario y mejores recursos a la hora de escribir
No por nada se dice siempre que para escribir mejor hay que leer. Y es que la lectura tiene un efecto evidente y positivo en nuestro lenguaje. Leer de forma habitual puede ayudarnos a ampliar nuestro vocabulario y familiarizarnos con distintos tipos de escritura.
Leer es la mejor herramienta para mejorar nuestra escritura. Ya que cuanto más nos exponemos a distintos textos, adquirimos una mayor familiaridad con palabras, expresiones, estructuras gramaticales y formas de organizar las ideas. Y es que existe una relación entre la comprensión lectora y el conocimiento de vocabulario.
Esto es útil para aquellas personas que quieran dedicarse a la escritura, pero también para cualquier persona que tenga que comunicarse por escrito en su día a día. Leer nos hace mejores escritores, pero no solo de libros, sino también de emails o cualquier otro tipo de texto que necesitemos usar en nuestra vida tanto laboral como personal. Pero, sobre todo, nos ayuda a expresarnos mejor y a organizar nuestras ideas, algo que siempre viene bien.
La clave está en disfrutar de lo que lees
Para convertir la lectura en un hábito, lo más importante es disfrutar de lo que lees. Elegir, por ejemplo, libros que despierten nuestra curiosidad y olvidarnos de compararnos con lo que leen otros. Puedes leer novelas, ensayos, relatos cortos, biografías o cualquier otro género que llame tu atención.
Todos los beneficios asociados a la lectura funcionan mejor o tienen mayor impacto cuando existe una relación positiva con la actividad. Es decir, cuando estamos disfrutando de lo que leemos. Y es que leer puede ofrecernos un espacio para alejarnos temporalmente de las preocupaciones, estimular la mente, explorar nuevas perspectivas o conectar con otras personas, pero, sobre todo, puede ser una fuente de disfrute y bienestar.
Así quizá la pregunta no sea de cuánto tiempo disponemos para leer, sino qué podemos leer durante los diez minutos de los que disponemos que vayamos a disfrutar. Porque a veces no se trata de invertir mucho tiempo, sino de hacerlo en algo que nos guste.
* Imagen de apertura: Kate Winslet y David Kross en un fotograma de The Reader (El lector) (Stephen Daldry, 2008). Crédito: D. R.
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