Cómo el flujo de armas desde Estados Unidos ali...
Venezuela después de Maduro: claves políticas y culturales frente a un futuro incierto
Los días posteriores al secuestro militar internacional de Nicolás Maduro han transformado a Venezuela en un relato de fracasar y recomenzar. En la madrugada del 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses irrumpieron en Caracas en una operación relámpago que culminó con la captura y traslado del expresidente -junto a su esposa, Cilia Flores- a Nueva York, donde compareció ante un tribunal federal acusado de narcotráfico y tráfico de armas. Su detención, inédita en la historia latinoamericana, ha desatado una crisis de legitimidad y una tormenta de reacciones globales: mientras sectores celebran la caída del que fue símbolo de un chavismo agotado, voces diplomáticas y sociales advierten sobre la soberanía, el derecho internacional y la sombra de la represión interna. En este escenario de incertidumbre -donde Venezuela redefine su rumbo político, económico y social- el escritor José Natanson, autor de «Venezuela. Ensayo sobre la descomposición» (Debate, 2025), ofrece una mirada profunda sobre las raíces del colapso venezolano y las posibles narrativas que surgen tras una de las intervenciones más controvertidas del nuevo milenio. Su editor en España, Miguel Aguilar, conversa con Natanson en exclusiva para LENGUA.
Por Miguel Aguilar

Panamá, enero de 2026. Venezolanos residentes en Panamá celebran con banderas nacionales y una máscara del presidente estadounidense Donald Trump tras la captura del líder venezolano Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos. Crédito: Getty Images.
Miguel Aguilar: ¿Era viable la continuidad del régimen a medio plazo sin la intervención estadounidense?
José Natanson: Sí, era viable. De hecho, la decisión de Trump secuestrar a Maduro, pero no promover un cambio de régimen se explica por la estrategia de no repetir la experiencia de Irak, cuando desmantelaron el partido Baaz y las fuerzas armadas y fue un caos, pero también porque sabían que el chavismo seguía controlando los principales resortes de poder. En Venezuela, manejar el país implica manejar dos cosas: los militares y el petróleo. Trump fue por lo segundo, dejando en pie lo primero justamente para evitar un escenario de anarquía. No hay que subestimar al chavismo. Es un régimen autoritario, que viola los derechos humanos, que cometió fraude, etc., pero que tiene la capacidad de controlar -militar, territorial y socialmente- el país. Si Trump no intervenía, seguían como venían, con Maduro al frente y el país hecho un desastre, pero bajo su control.
Miguel Aguilar: ¿Tiene la oposición venezolana dentro y fuera del país la capacidad de hacerse con el país frente a lo que parece opinar Trump?
José Natanson: En el corto plazo diría que no. La oposición venezolana está muy fragmentada, entre los que están adentro y los que salieron al exilio, los más radicales y los más dialoguistas. Son un conjunto de dirigentes y grupos que en general se detestan. María Corina emergió como el gran referente popular luego de las elecciones presidenciales que el chavismo se robó. Pero no pudo «cobrar» su triunfo. Eso creó una decepción en muchos de los mismos que la votaron. Ahora está fuera de Venezuela. Sus posiciones, contrarias a cualquier diálogo con el chavismo, hacen difícil que pueda jugar un rol en un escenario en el que el chavismo va a seguir existiendo, guste o no guste. Por otra parte, los dirigentes que aceptaron las reglas de juego del chavismo, como Capriles, están muy desprestigiados. Creo que eso es lo leyó -acertadamente- Trump cuando entendió que el actor con el que hablar era Delcy, y no la oposición.
Miguel Aguilar: ¿Cómo de sólido es el liderazgo de Delcy Rodríguez?
José Natanson: Es la que quedó en pie. Desde la muerte de Chávez, el chavismo está conformado por diferentes grupos. Padrino controla los militares, Diosdado el partido, las calle, parte de los servicios de inteligencia. Delcy y su hermano Jorge manejan la dimensión política, el diálogo con los otros países, y en los últimos años la cuestión económica. Sin Maduro, el chavismo perdió a su líder, el que zanjaba las diferencias entre los diferentes grupos, el articulador. Delcy va a dejar las cosas como están, va a tratar de mostrarse -ante Estados Unidos, ante los empresarios que ya habían acordado con el chavismo, ante la Fuerza Armada- como la garantía de que puede llevar adelante la transición sin que haya un segundo ataque. Va a tener que mostrar mucha cintura.

Las portadas de la prensa británica exhiben noticias sobre la captura y detención del presidente venezolano Nicolás Maduro en un quiosco. Crédito: Getty Images.
Miguel Aguilar: ¿Cabe la posibilidad de que sometido a esta presión el régimen se fraccione en bandos enfrentados e implosione?
José Natanson: No lo veo, salvo un nuevo ataque de Trump que vaya por las cabezas de otros dirigentes y ahí sí haya respuesta militar venezolana, al menos de parte de la Fuerza Armada. Ese sí sería un escenario más anárquico e imprevisible. La principal obsesión del chavismo siempre ha sido mantenerse en el poder, y para eso la primera condición es evitar fisuras o quiebres. Podrá haber puntos de vista, incluso división del trabajo: algún dirigente se puede mostrar más combativo, otro aceptar más pasivamente las condiciones de Estados Unidos. Pero no hay dimensión ideológica, hace muchos años ya que el chavismo carece de ideología. Nadie va a decir que no a Trump por una cuestión ideológica o de nacionalismo. Seguir cohesionados es la prioridad máxima de una estructura político-militar que antes que cualquier otra cosa quiere sobrevivir.
Miguel Aguilar: ¿Cuál sería el mejor escenario posible?
José Natanson: Lo mejor que podría pasar es que en un tiempo se convoque nuevamente a elecciones. Esas elecciones deberían contar con verificación internacional, deberían ser impecables, y todos los actores que participan deberían comprometerse a aceptar sus resultados. Seguramente el chavismo buscará un candidato, que podrá ser Delcy o un chavista menos contaminado por el desastre del madurismo, un gobernador, por ejemplo. La oposición tendrá el desafío de unificarse, de presentar un candidato único, cosa que no siempre logra. María Corina obviamente es la más factible, aunque hay que ver si tiene la flexibilidad necesaria para adaptarse a estas nuevas circunstancias y si la sociedad sigue confiando en ella. Una vez concretadas las elecciones, sea cual fuere el resultado, ambos bandos tendrían que empezar a reconocerse como legítimos y convivir. Va a ser difícil, porque son años y años de autoritarismo, heridas abiertas, traiciones, violaciones a los derechos humanos. Pero como muestran otras experiencias, pienso en Chile, no es imposible.

