«Clover», de Darlis Stefany: así empieza la nueva novela de la autora de «Saga: Inspírame»

Publicamos íntegramente y en exclusiva el prólogo inédito y el primer capítulo de «Clover», primera entrega de la nueva serie de Darlis Stefany, la creadora de «+18» y «+21», los dos títulos que componen «Saga: Inspírame». Editado por Montena dentro de la colección Wattpad, el título estará disponible en librerías y plataformas digitales desde el 12 de enero de 2023.

24 noviembre,2022
«Clover», de Darlis Stefany: así empieza la nueva novela de la autora de «Saga: Inspírame»

Prólogo

Hace tres años…


Iniciar la vida universitaria no me pone nerviosa ni ansiosa, cosa que papá no cree. Me parece que mi amoroso, protector e increíble padre piensa que arroja a un corderito a los leones, pero lo que no sabe es que su angelito es una fuerte leona. «¡Papá, rujo incluso más fuerte!». Pero tiene sentido que piense eso cuando siempre me ha visto como su bebita pura e inocente. No es que yo me haya esforzado en darle esa idea de mí, sino que para él es lógico que yo sea la cuna de la inocencia.

Ingresar en la Universidad Ocrox de Nottingham se siente como uno de los logros más grandes de mi vida y uno de mis sueños, ya que este centro figuraba como mi primera opción y conseguir la plaza para Ciencias Forenses me hizo llorar cuando me llegó la carta de admisión. Es una universidad ubicada al norte de Nottingham con un arquitectura rica y preciosa. La última vez que consulté su página web, la población estudiantil era de quince mil trescientas personas, y la de profesores, de cinco mil trece.

Esta universidad es prestigiosa y reconocida mundialmente, y de ella han salido grandes profesionales, figuras públicas, líderes políticos, de la ciencia e incluso filósofos. Un título universitario de la Universidad Ocrox de Nottingham te abre un sinfín de puertas, y eso tal vez justifica que su matrícula anual para los estudiantes nacionales oscile entre las diez mil y las quince mil libras esterlinas, y para estudiantes internacionales, entre veintiocho mil y treinta mil libras esterlinas. Cuenta con una gran oferta de especialidades y abarca profesiones que ni siquiera conocía.

En cuanto a la vida social universitaria dentro del campus, llevo muy pocos días como para saberlo, pero he escuchado que las fiestas rivalizan las celebraciones de las películas estadounidenses y que hacer vida social es tan importante como estudiar. Dispone de cuatro fraternidades oficiales y conocidas, y dos algo más pequeñas que están olvidadas, y también posee cinco hermandades (no pertenezco a ninguna). Tiene diez edificios residenciales para estudiantes (resido en uno de ellos) con un coste bastante elevado que no todos se pueden permitir, y luego se encuentra la zona residencial más reducida para los alumnos becados.

Estoy muy emocionada de estar aquí, de que finalmente esté sucediendo.

—Papá, en serio, me estoy adaptando muy bien, no estoy nerviosa —digo en nuestra llamada telefónica.

Generalmente papá no es muy charlatán; de hecho, poco habla en esta llamada, pero lo poco que dice deja en evidencia que siente la necesidad de protegerme.

Me está desesperando un poquito. Trato de entenderlo, pero tiene que respirar y entender que estoy en camino a convertirme en una adulta.

Me detengo cuando localizo finalmente el auditorio donde tendré mi segunda clase y una de las más esperadas. No puedo creer que realmente esté aquí para estudiar Ciencias Forenses, que esté en otra ciudad, viviendo con mi mejor amiga, Edna, y adentrándome en la vida universitaria.

—Oye, creo que eres tú quien está nervioso. Estaré bien, sé cuidarme y todos han sido agradables —comento en persa, subiendo los escalones y asintiendo al único muchacho que se encuentra en el lugar.

Apenas alcanzo a ver su cabello rojo mientras escucho la respuesta de papá, que parece algo más calmado. Me parece que tener nuestro espacio nos irá bastante bien. Además, sé que mi madrastra, Valentina, hará que su preocupación disminuya, ella es del equipo «Clover estará muy bien».

Como una tonta, porque no encuentro otra explicación, permanezco de pie mientras hablo con papá cambiando con facilidad del persa al inglés. Noto que los estudiantes se van uniendo a la clase y algunos me lanzan miradas amistosas que respondo con una sonrisa.

—Papá, debo colgar, cuídate y deja de preocuparte tanto. Te amo.

—También te amo, cariño —dice tras un suspiro, y finaliza la llamada.

Río por lo bajo y me saco el bolso de estilo mensajero para tomar asiento, y entonces cometo el error de ver al frente. Primero me fijo en un par de estudiantes que entran conversando, luego en una chica riendo con un chico en la tercera fila, y finalmente mis ojos son atraídos por la cabellera rojiza de un muchacho con una media sonrisa que escribe a toda prisa en el móvil.

Solo alcanzo a ver su perfil, pero eso consigue cautivarme por alguna razón: desde su cabello pelirrojo despeinado, pasando por las pestañas rizadas que protegen el color de sus ojos, el puente recto de la nariz y los labios rosa con un grosor no demasiado carnoso, aunque tampoco son delgados. Veo muy poco de él, pero la cuestión es que no puedo dejar de hacerlo.

Emite una risa ronca por lo que sea que reciba en el móvil y sonrío porque es un sonido encantador.

Sin dejar de mirarlo, retrocedo para tomar asiento y parece que todo pasa demasiado rápido: en un momento estoy suspendida en el aire y al siguiente emito un grito cuando siento la fuerza de la gravedad tirar de mí en cuanto el asiento colapsa, lo que me hace caer de culo de una manera dolorosa, pero sobre todo vergonzosa.

El sonido de mi caída es fuerte y estrepitoso, tanto que por un momento solo hay silencio, antes de que algunas risas y susurros resuenen en el auditorio. Pensé que mi culo voluminoso me protegería del dolor, pero ¡carajo! En realidad, me duele.

Me doy cuenta de que tendría que levantarme y acortar este vergonzoso momento, pero un rápido meneo me hace saber que estoy atascada. ¿Tendré que pedir ayuda? Por favor, no, necesito sacar el culo de aquí y levantarme dignamente, ese es mi plan, pero la aparición de unas piernas cubiertas en tejano lo cancelan.

Una persona está frente a mí, y el lento alzar de mi mirada me hace encontrarme con una mano que se extiende hacia mí. Cuando mis ojos continúan el recorrido y llego al dueño de la mano que me ofrece ayuda, puede que una exhalación profunda me abandone.

De acuerdo, así que el chico pelirrojo era guapo de perfil, pero ¿de frente? Guau, simplemente guau. La manera en la que me sonríe de costado, con lo que parece picardía, y cómo sus vibrantes ojos verdes me miran me aturde durante unos segundos.

—¿Le das el permiso a mi mano para tocarte? —pregunta, arqueando una ceja sin dejar de sonreírme.

Hay un rastro irlandés en su acento y también me parece que un tono coqueto en su voz.

Tragando, estiro la mano y tomo la suya, sorprendentemente suave y firme.

—Te lo permito —murmuro.

—Gracias. —Me guiña un ojo antes de tirar de mí.

Veo cómo su bíceps sobresale con la fuerza que ejerce para levantar mi cuerpo, nada ligero, y quizá demoro demasiado mi atención en las venas que se le marcan en el brazo. ¿Una persona se puede sentir tan atraída por unas venas? Sí, tal vez los vampiros.

Hago una mueca de dolor cuando consigo estar de pie y con la mano libre me tanteo el culo adolorido. Aparentemente, nada está roto.

—¿Todo bien allá atrás? —me pregunta el chico irlandés, haciendo que, de nuevo, clave la mirada en él. Bueno, tengo que inclinar la cabeza hacia atrás porque es significativamente más alto que yo y por un momento siento que estoy mirando al sol, un sol de puntas rojizas. Es increíble cómo brilla, no literalmente, pero irradia un tipo de alegría y confianza difícil de ignorar.

—Todo bien. —Le sonrío—. Por fortuna no tengo el culo roto.

Me doy cuenta de cómo suena lo que acabo de decir, pero finjo que no me avergüenza mientras él me dedica una sonrisa ladeada.

—Eso es bueno, un culo roto no es algo muy cómodo de tener.

Me suelta la mano con lentitud y mantiene esos vivaces ojos verdes mirándome con fijeza.

—Gracias por levantarme.

—Siempre que quieras. —Hace una breve pausa—. Gracias por darle permiso a mi mano de tocarte. Supongo que ahora el permiso será retirado… ¿Correcto?

«No, puedes volver a tocarme».

Eso es lo que pienso, pero no lo que digo, porque intento no ser una muchacha hormonal y ser más sensata sobre mis rollos, aventuras o relaciones.

—Tengo que retirarlo, comprenderás que resulta más sensato pedirme permiso para el próximo contacto. No puedo darte uno definitivo teniendo en cuenta que apenas nos acabamos de conocer…, irlandés.

—Irlandés —repite sonriendo—, suena bien, pero, por si te interesa, me llamo Callum. Sin embargo, irlandés no me molesta, soy una buena representación de Irlanda, lo prometo.

—Clover —digo, y parpadea.

—Sí, me gustan los tréboles.

No puedo evitar reír. Me muerdo el labio inferior para controlarlo y consigo volver a hablar.

—Quise decir que me llamo Clover.

—Clover, Clover, Clover —canturrea, y la manera en la que suena me hace tragar—. Me gusta.

Parpadeo y él también, a la vez que su sonrisa se vuelve más pequeña, pero sin perder la picardía.

—Bueno, Clover, me alegra que estés bien y que no tengas el culo roto.

—Ríe ante esto último—. Espero que no haya más caídas.

—Trataré de que no las haya.

Se lame el labio inferior, se gira y baja los escalones con tranquilidad y vuelve a su asiento. En cuanto está sentado, voltea y me hace un saludo con la mano que le devuelvo sonriendo.

Algo desconfiada por los asientos, cambio a una fila por debajo, justo al lado de un muchacho de cabello castaño y ojos verdes bastante claros. Me dedica una larga mirada antes de volver la vista al teléfono.

—Me gusta tu delineado —dice sin mirarme.

—Gracias —respondo, tomando asiento, y respiro aliviada cuando no caigo de nuevo.

—Soy Kevin. —Sigue hablando sin mirarme.

—Me llamo Clover.

Kevin alza la vista y me sonríe.

—Es un buen nombre… Ahora. —Mira hacia delante—. ¿No crees que el pelirrojo que te levantó del suelo está caliente?

Vuelvo a mirar al irlandés, que ahora habla con el muchacho que se ha sentado a su lado, y simplemente asiento a Kevin. Sin embargo, me obligo a desplazar la mirada al frente antes de que Callum me note mirándolo o, peor aún, antes de volverme rara y desarrollar algún tipo de flechazo.

Para ti, irlandés

Hola, Callum:

Te escribo esta nota porque recientemente te vi y tú también me viste. Pero mientras que mi mirada te follaba, la tuya fue amistosa.

Te digo que la primera vez que te vi me pareciste un hermoso sol de puntas rojizas y sonrisa cautivadora y te confieso que, cuando te veo sonreír, me haces sonreír.

Esta noche creo que te gusta el chico con el que te he visto o, bueno, su polla. No sé si quieres su polla en tu boca, tu culo o la tuya en su culo… 

Pero te vi con la lengua dentro de un chico y me pareció la cosa más sexy. Sin embargo, me entristeció pensar que nunca seré yo (lo de tu lengua en mi boca, aunque podemos negociar lo de la polla en la boca —mía— y en el culo —mío—, estoy abierta a propuestas). Quisiera probar tus labios. Bueno, lo otro también.

Para ti, irlandés. ️ ️

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Clover. Libro 1

Darlis Stefany vuelve con una nueva bilogía de éxito con un único objetivo:

¡volver a enamorarnos!

Capítulo 1

Una nota para Callum

Clover

Presente

Otra vez San Valentín y yo sin hacer nada más que deslizar una nota en el parabrisas de su auto.

Me gustaría quedarme a ver su reacción al encontrar la nota, pero la vergüenza me lo impide, porque una cosa es armarme de valor cada 14 de febrero y en otras fechas especiales para dejarle una nota anónima y otra es quedarme a ver su reacción. ¿Las lee? ¿Las tira? ¿Se ríe de ellas? ¿Le asusta?

La primera nevada, al inicio del verano, antes de partir por Navidad, San Valentín y su cumpleaños: esas son las ocasiones en las que una nota escrita por mí aparecerá en el auto de Callum Byrne.

Callum Byrne es un atractivo, sexy e inteligente pelirrojo de ojos verdes, poseedor de una sonrisa ladeada llena de picardía. Es el tipo de persona que parece encajar en cualquier lugar, agradarles a todos y sacar lo mejor de cada situación. También es popular entre las chicas… y los chicos, lo que hace difícil no saber cada conquista que ha tenido con un hombre o una mujer que ha tenido en las fiestas.

Entramos en la OUON el mismo año y coincidimos en una clase desde el inicio. Más allá de su impresionante atractivo y el cálido acento irlandés, lo que me sorprendió fue su sonrisa, la confianza con la que me habló y el hecho de que coqueteó conmigo… Claro, luego entendería que esa era su forma de ser, el coqueteo parecía ser algo tan natural para él como respirar.

No fui una chica invisible, no lo soy. Ocasionalmente me saludaba en clases o me comentaba algo, y si nos topábamos en una fiesta me saludaba o simplemente me sonreía. Se dirigía a mí por mi nombre y a veces en clase lo encontraba mirándome.

Durante estos últimos tres años universitarios hemos tenido al menos más de tres clases juntos debido a que estudiamos en la misma facultad, pero mientras que yo estudio Ciencias Forenses, él estudia Criminalística.

La primera vez que le dejé una nota fue estando ebria, días antes de las vacaciones de Navidad, en una fiesta en un bar fuera del campus. Me pareció una idea superdivertida y mi amiga Edna pensó que yo era una genio. Así que escribí una nota de más de ocho líneas con una caligrafía borracha, pero buena ortografía, donde le hacía saber muchas cosas que trato de olvidar. En mi defensa, había bebido mucho, tanto que vomité dos cuadras después y lloré sentada en la acera.

La próxima vez que lo vi estaba avergonzada y esperaba que viniera hacia mí y se riera o me preguntara qué estaba mal conmigo, pero recordé la magia del anonimato y pensé que tal vez él ni siquiera lo había visto. No pasó nada.

Entonces llegó San Valentín. No estaba ebria, pero de nuevo vi su auto solo y la zona estaba despejada, así que saqué el lapicero y escribí una nota conscientemente, divagando sobre si San Valentín era un día especial o solo comercial, sobre que cada día debería ser especial y que en un mundo paralelo tal vez íbamos a cenar. Tampoco supe si la vio, también fue anónima.

Y así estuve los últimos tres años, escribiéndole sin dejar mi nombre, solo el dibujo de un trébol al final, donde le escribía: «Para ti, irlandés».

No sé qué hace con mis notas, pero está bien, porque cuando las escribo libero algo de mí que se queda con él.

No es una obsesión. Tampoco espero que suceda algo ni me guardo para él ni ninguna locura así. He tenido dos novios durante estos tres años y he ido a citas, pero siempre he dejado mis notas en su auto.

Giro sobre mis talones, dejo ir un largo suspiro y camino hacia una de las cafeterías, donde sé que Edna me espera para almorzar antes de que cada una se dirija a su clase. No tardo en llegar y localizo a mi amiga antes de hacer un pedido. Ella se encuentra con un rubio atractivo de primer año que reconozco como James.

Normalmente Edna no miraría dos veces a un chico de primer año o menor que ella, pero James es uno de esos chicos nuevos que parece estar causando estragos, y mi amiga no es inmune a sus encantos. Ambas sabemos que James quiere acostarse con ella y que ella también lo desea, solo que Edna prefiere hacerle trabajar y lo hace esperar. Los dos también saben que hay otros en la ecuación, porque son iguales cuando se trata de diversión. No creo que nada serio vaya a nacer de ahí, pero intuyo que lo pasarán muy bien.

Hago mi pedido. Como solo deben recalentarla, pronto tengo una hamburguesa con papas fritas y una Coca-Cola en mi bandeja. Camino hacia la mesa donde ahora no solo se encuentra James; su amigo, el chico del que todos están hablando, está sentado al lado de la única silla vacía: Jagger Castleraigh, estudiante de primer año de la escuela de negocios. Parece estar causando todo un revuelo por ser «el hombre de las soluciones». Todavía no entiendo muy bien cómo alguien de primer año y nuevo tiene tanta popularidad y poder, pero de verdad parece que sabe muchas cosas.

Cuando me dejo caer en el asiento vacío, devuelvo el saludo colectivo con el que soy recibida. A James lo conozco por el tira y afloja con Edna, y a Jagger solo de pasada en algunas fiestas y porque me saluda por mi nombre, aun cuando nunca se lo he dicho. No me siento incómoda de que estén en nuestra mesa; no soy una persona precisamente tímida, tiendo a ser muy social y extrovertida.

—Clover, ¿es cierto que Edna y tú tendrán una noche de chicas y por eso no irán a la fiesta del amor? —me pregunta James antes de que pueda darle un mordisco a mi hamburguesa.

Mientras mastico paseo la mirada de mi amiga de toda la vida a James. Me resulta un poco perturbador que, aunque sus ojos son de un azul diferente, ambos se parecen mucho físicamente, como si fuesen hermanos perdidos, pero pensar eso es pensar en hermanos que quieren cometer incesto, por lo que rechazo el pensamiento de cuan parecidos son.

—La realidad es que planeo estudiar para mi clase de mañana —respondo.

—Abrirá a un muerto —comenta Edna, y se estremece— y no tiene miedo.

—Siento respeto por los cadáveres y es un cuerpo humano como el nuestro.

—Excepto que no respira —dice Jagger a mi lado, y al volverme veo que me sonríe—. Tienes una carrera bastante interesante y eres buena.

—¿Cómo lo sa…? —No termino la pregunta. Cierto, este chico lo sabe todo—. Olvídalo.

Se ríe por lo bajo, seguramente ante la expresión de mi rostro, y se pone de pie. Cuando se estira la camisa, se alza lo suficiente como para revelar una franja de piel y unos oblicuos marcados. Honestamente, Jagger se las trae.

—Me retiro, señoritas. Tengo una novia con la que encontrarme. ¿Vienes, James? Lind está esperándonos.

—Ven a la fiesta, sabes que quieres —le pide James a Edna con una sonrisa.

—¿Qué hay de Maddison y tú?

Hasta donde sé, Maddison es una amiga bastante cercana de ellos y Edna cree que James tiene una relación más que amistosa con ella.

—Ya te dije que somos amigos-enemigos, no es mi novia. Yo no tengo novias.

Quiero divertirme y tú también, hagámoslo juntos. Hagámoslo mucho.

—Iré si Clover va.

—¿Y a mí por qué me metes en tus asuntos? —me quejo después de masticar—. Debo estudiar.

—Vamos, Clover, estoy seguro de que has estudiado un montón. ¡Ven a la fiesta! ¡Vamos, vamos!

—No, no iré —digo sin caer en el juego de ojos conmovedores. James es bueno en ello.

—Jagger, ayúdame —le pide a su amigo, uniendo las manos en súplica y poniéndose de pie.

Edna disfruta demasiado de esto. Estoy segura de que conmigo o sin mí piensa ir a divertirse y finalmente tener sexo con James.

—Clover, eres buena estudiante —dice Jagger, y muerdo la hamburguesa sin mirarlo—. Sé lo de tu evaluación de mañana porque conozco a alguien que también la hará. —Hace una pausa—. ¿Tal vez conozcas a Callum Byrne? Lo suelen llamar «el irlandés».

Me ahogo con un pedazo de hamburguesa y Edna me patea por debajo de la mesa mientras Jagger me da unas suaves palmadas en la espalda. Tomo un poco del agua de Edna y consigo sobrevivir, pero con el corazón me late deprisa.

—Parece que sí lo conoces. Va a esa misma clase y sé que estará en la fiesta. Por lo que sé, ambos tienen un promedio similar, aunque él es el primero de la clase. ¿Qué tal si vienes a la fiesta y descansas un poco el cerebro?

Te prometo que siento que me está gritando: «¡Sé que le dejas notas a Callum Byrne! Ven a la fiesta porque lo sé».

—Tal vez vaya —digo tras unos segundos de silencio.

—¡Genial! Allá las veo, chicas —dice James con una sonrisa.

—Oh, y Clover… —me llama Jagger. Me volteo para mirarlo y veo que está sonriendo—. Sé de alguien que te está buscando.

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Estoy tensa cuando nos quedamos solas en la mesa. Mi mejor amiga está parloteando sobre ropa interior sensual y que hoy James y ella se divertirán; por mi parte, me encuentro presa de la paranoia sobre que alguien más que ella sepa lo de mis notas, y esa despedida de Jagger me ha dejado más que un poco nerviosa.

Asiento y doy respuestas cortas a todo lo que ella me dice, pero mi mente está muy lejos mientras continúo comiendo. Hay algo que deberías saber de mí: no importa si estoy nerviosa, asustada, triste o angustiada, eso no me impedirá comer. Me gusta decir que tengo un apetito saludable y que la comida y yo tenemos una estrecha relación.

No tengo problemas con mi alimentación, pero soy una de esas personas que podrían hacer dieta y ejercicio, bajar unos pocos kilos, pero aun así mantener una complexión curvilínea-rellenita.

Soy una joven de escasa estatura —un metro y sesenta y un centímetros—, curvilínea, con más tetas de las necesarias para mi estatura y con un culo que me hace tener el molesto problema de tener los pantalones flojos en la cintura pero apretadísimos en la retaguardia. Tal vez sea porque camino por las mañanas y corro por las tardes y por eso me mantengo en una condición saludable; lo de la cintura más pequeña que mis caderas ya es cosa de genética. He sido una chica de curvas excesivas, muslos gruesos, cintura más pequeña, estómago algo sobresaliente y, como diría mi madrastra, Valentina, con su acento venezolano, culo de avispa, pero no me quejo ni odio mi cuerpo. Es lo que es y entendí que no lo puedo cambiar y que tengo mi encanto. Aprendí a entender que caer en la etiqueta de ser gorda no es una ofensa, sino una realidad, como ser delgada.

Pero, volviendo al comienzo de lo que podría ser una crisis, miro a mi amiga para interrumpir su parloteo con mis próximas palabras:

—Le dejé una nota a Callum.

Ella enarca una de sus cejas rubias.

—Pensé que dijiste que este año no habría notas.

—¿Qué hay de malo en dejarle pequeñas notas en días especiales? No es como si estuviese estancada en la vida y no hiciera una vida normal debido a ello. —Me encojo de hombros.

—Deberías simplemente invitarlo a salir.

—No lo entiendes.

Para mí Callum es como ver la luna: la admiras, imaginas lo que sería tenerla en tus manos, pero nunca lo sientes porque en el fondo sabes que no sería sencillo y porque también temes que la realidad no sea como en tus fantasías ¡Y vaya si he tenido fantasía con mi irlandés!

—¿Qué te intimida? ¿Que le gustan las tetas tanto como las pollas? —Ahora enarca ambas cejas—. En cualquier relación siempre habrá chicas o chicos que sean más atractivos que tú, lo importante es tener confianza en tu chico y en que si está contigo es porque te elige.

—No es mi chico y no me intimida que le gusten las chicas y los chicos. —Bueno, solo un poco— Pero no estoy interesada en invitarlo a salir.

—Bien, sigue soñando que te folla y usando el vibrador invocando su nombre.

—¡Yo no hago eso!

Sacude la mano para descartar mi negación e ignora mis protestas al respecto. La amo, pero a veces la odio.

—Todo lo que sé, Clover, es que en alrededor de un año terminaremos la licenciatura, nos iremos y siempre te reprocharás no haber hecho más que escribirle notas. No hay nada como el presente. Tal vez él quiere saber quién deja las notas.

—O tal vez se ríe y las tira.

—Y si piensas que hace eso, ¿por qué sigues dejándolas en su auto? —No hablo y ella sonríe—. Por esa cosa llamada esperanza. Deshazte de ese miedo con olor rancio y haz algo por ti, nena. El tiempo corre y, aunque Callum juega un montón, llegará un momento en el que esté listo para conocer a alguien con quien tener una relación seria. Lo peor que puede pasar es que te rechace o que no sea lo que esperas.

—Casi nada —mascullo masticando una papa.

—Lo único que digo es que te atrevas. —Hace una pausa mientras mira la pantalla de su teléfono—. Y que te des prisa porque podrías llegar tarde a tu próxima clase. Corre, nena.

—¡Maldición! —Tomo un puñado de papas sin importarme las normas sociales y me las meto a la boca—. Te veo más tarde —digo con las papas a medio tragar y luego doy un gran sorbo de mi gaseosa.

—Sí, yo me encargo de la ropa del amor para la fiesta de más tarde.

Como llevo unos zapatos deportivos camino a paso muy rápido. Podría trotar, pero acabo de comer y eso podría terminar muy mal. Rompo algún récord, porque consigo llegar al auditorio de clases unos minutos antes y aún hay varios estudiantes que van apareciendo. Hay ruido y todos parecen esparcidos por el lugar. Saludo a la mayoría de mis compañeros y voy directa a mis favoritos, que están en la fila cinco.

En la fila tres, riendo con una chica y un chico, se encuentra Callum. Su cabello rojo, como siempre, está despeinado, y su risa ronca con un leve resoplido llena el lugar mientras sacude la cabeza hacia el chico, que no deja de mover las manos a la vez que se ríe y relata lo que tiene que ser una historia muy divertida.

Este año tengo dos clases con Callum y una de ellas es Convivir con Cadáveres (por supuesto, ese no es el nombre de la clase, pero así la llamamos). Hoy estamos viendo la teoría y mañana nos toca la evaluación práctica. Quiero disminuir la velocidad en el tercer escalón para verlo mejor, pero sí, eso sería muy obvio, así que mantengo mi paso.

—Oye, Clover —me dice un acento irlandés.

Me detengo y me lamo los labios antes de girarme hacia él. Tiene esa sonrisa ladeada llena de picardía que me persigue.

—Bonita camisa, quisiera una.

Por un momento no recuerdo lo que llevo puesto, por lo que hago la cosa vergonzosa de bajar la vista, y entonces recuerdo mi grito sarcástico al mundo hoy en el día del amor: una camisa blanca con letras rojas proclamando «Al diablo el amor» con corazones rotos alrededor.

—Cuando recuerde dónde la encontré, te haré llegar una de regalo —consigo responder, y entrecierra los ojos hacia mí.

—Esperaré por ello.

Sonrío y él realza su sonrisa antes de que yo me vuelva y termine de subir las escaleras. Camino hacia mis dos amigos y me siento entre ambos para evitar un serio manoseo entre ellos durante la clase.

—«Oye, Clover» —imita Oscar.

—Oh, mi querido irlandés —dice Kevin, y capto que se supone que esa soy yo.

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Darlis Stefany