«Lo que más me gustan son los monstruos»: cuando un libro cambia el mundo
La primera novela gráfica de Emil Ferris, «Lo que más me gustan son los monstruos», fue publicada en 2017, cuando ella sumaba 55 años. La obra devino en fenómeno editorial sin apenas precedentes, haciéndose con un buen puñado de premios internacionales (¡más de veinte!) y coronando más de 100 listas como lo mejor del año. Siete años después, este 11 de abril de 2024, Ferris regresa con la segunda entrega, uno de los títulos más esperados de nuestra época. «Lo que más me gustan son los monstruos 2» vuelve a combinar un argumento arrollador que viaja del terror a la distopía con una estética extrema realizada a bolígrafo y un afiladísimo mensaje social. Y lo hace, claro, a través de su protagonista, Karen Reyes, una niña de diez años que crece (y sobrevive) como buenamente puede en el volátil Chicago de los sesenta. Aprovechando su lanzamiento en español bajo edición de Reservoir Books, LENGUA tiene el placer de publicar 13 páginas nunca vistas (ni disfrutadas) en el idioma de Cervantes y una carta de presentación firmada por Jaume Bonfill, director literario de Reservoir Books y responsable de que el libro vea la luz en castellano antes de que se lance la versión en inglés (que será en mayo).

Autorretrato de Emil Ferris (detalle). Crédito: cortesía de la autora / Reservoir Books.
Todo empezó a principios de 2017. Un rumor creciente que anunciaba la llegada de un libro que no era como los demás. La historia de la publicación de la primera parte de Lo que más me gusta son los monstruos es bien conocida y en ella no caben más infortunios, desde la parálisis que sufrió la autora por el virus del Nilo hasta el embargo de la primera edición por la quiebra de la naviera que traía los ejemplares impresos en Asia. Sin embargo, es así como se forjan las leyendas: contra viento y marea.
Porque estamos hablando de un libro que ya ha obtenido el carácter de legendario, incluso antes de que se publique la segunda parte. A la admiración temprana de los autores más consagrados del medio (Spiegelman, Bechdel, Ware) se añadió pronto el plauso unánime de las lectoras y los lectores de todo el mundo, también y muy destacadamente en España, así como la lluvia de decenas de premios y galardones internacionales.
Ahora, por fin (y no sin algunas dificultades dignas de ampliar la leyenda), siete años después, presentamos en primicia mundial Lo que más me gusta son los monstruos como la obra completa que es, si bien partida en dos libros. Sin duda, puede leerse como una de las historias más grandes jamás contadas sobre la construcción de la identidad. En el centro está el gran viaje de Karen Reyes, una niña que tampoco es como las demás, que crece en un ambiente muy hostil y que tiene todos los números para ir perdiendo su humanidad golpe tras golpe. Por si fuera poco, mientras investiga la misteriosa muerte de su amiga y vecina Anka Silverberg, descubre las zonas más oscuras del ser humano: su capacidad de destrucción, simbolizada en el Holocausto, y su ambivalencia, pues descubre que los seres más queridos a veces pueden ser capaces de los actos más abominables. Por eso quiere Karen abrazar la religión de los monstruos: porque no quiere ser como los humanos que la rodean (sin embargo, también los monstruos terminaron fallándole, por así decirlo, ya que no pudieron impedir que su madre, Marvela Reyes, muriese de cáncer). Así pues, lo único que le queda a Karen es el arte: sus visitas al Instituto de Arte de Chicago, de la mano de su atribulado hermano Deeze, son el germen de una pasión por el arte de contar y dibujar historias que se convierten en su verdadera tabla de salvación.
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Lo que más me gusta son los monstruos, leída ahora del tirón, es una historia tejida de otras historias. Los retablos que la componen construyen un laberinto alrededor de varios interrogantes, conforman un rompecabezas repleto de trampas y sembrado con algunos macguffins (¡relean atentamente el primer libro!), pero en cuyo corazón palpita la aventura iniciática de Karen Reyes, el remate de sus años de aprendizaje: cómo entender su identidad sexual, cuál es el lugar que quiere ocupar en su familia y en la sociedad, y, tras ello, cómo volver a aprender qué es el amor. Ese viaje repleto de golpes y renuncias es el tránsito a la edad adulta.
Si una obra es, como decía Enrique Vila-Matas, un tapiz que se dispara en muchas direcciones, Lo que más me gusta son los monstruos es un monumento abierto a la lectura y las relecturas, a las interpretaciones, al disfrute de sus detalles… que ha traído consigo a un personaje capaz de escalar hasta la categoría del mito: gracias, Emil Ferris, por darnos a Karen Reyes. Con ella, el mundo es un lugar mucho más interesante.
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