(edición revisada por la autora)
Laura Restrepo: «La novela ya no puede agradar, la novela tiene que incomodar»
Con «Soy la daga y soy la herida» (Alfaguara, 2025), Laura Restrepo confirma su condición de autora imprescindible de la literatura latinoamericana contemporánea. En este libro, Restrepo alcanza una intensidad inusual: combina el lirismo con la denuncia, el dolor con la lucidez, el arte con la conciencia. Cada página vibra con la misma fuerza que ha distinguido su trayectoria. En esta obra, la autora colombiana explora la maldad y la compasión, el desgarro humano y la posibilidad de redención. Inspirada en los conflictos que ha presenciado —de Yemen a Palestina—, Restrepo convierte la tragedia en metáfora y el testimonio en arte. Su novela es un espejo nublado del presente, donde la palabra se vuelve resistencia y la escritura, una forma de amor por la humanidad. Entrevistada por Juan Cruz Ruiz para LENGUA, Restrepo vuelve a demostrar que cada frase suya está hecha de emoción, lucidez y compromiso. Hablar con ella es comprender que la literatura puede ser una forma de ética y de ternura a la vez. En su voz, el mundo se duele y se ilumina.
Por Juan Cruz Ruiz
-Juan-Carlos-Tomasi.jpg)
Retrato de la escritora y periodista colombiana Laura Restrepo. Crédito: Juan Carlos Tomasi.
Soy la daga y soy la herida (Alfaguara, 2025) es quizá el libro más audaz, más hondo, más comprometido de todos los libros de Laura Restrepo. Y tiene muchos, y muy importantes, como Delirio, con el que ganó el premio Alfaguara en 2004, certificado por un jurado que presidió el Nobel José Saramago… Ella es también la autora de Pecado, que se emparenta con este que ahora restalla como una daga, y como una herida, para explicar la maldad del mundo, que ella ya narró volviendo de Yemen y que ahora es, en la metáfora y en el compromiso, un espejo nublado de lo que sucede en Palestina. Leer este Soy la daga y soy la herida es tocar a una mujer que ha hecho de su compromiso un modo de abrazar el mundo. La suya es una manera de explicar, sin tener que decirlo, que escribir es un compromiso ético y a la vez estético, un modo de querer a la humanidad, de explicar el dolor de los países y de las personas. He entrevistado a muchos escritores en mi vida; debo decir que siempre me ocurre algo parecido cuando le pregunto a Laura Restrepo, colombiana del mundo, mujer comprometida: ni una palabra suya deja de emocionarme.
Ver más
Juan Cruz Ruiz: ¿Qué puede hacer la literatura para contar el horror?
Laura Restrepo: Experimentar cosas nuevas. Estamos viviendo una época de terror a partir de Gaza y de la impunidad. En torno a lo que ha pasado con Gaza, hemos entrado en una era sin Dios ni ley. Las viejas normas de convivencia y de empatía entre los seres humanos han desaparecido. Y, por tanto, hay que buscar una narrativa distinta, que se atenga a los tiempos. Este es un experimento, estaremos todos experimentando de distintas maneras. El protagonista y narrador de este libro, que es Misericordia Dagger, un verdugo ilustrado, muy pedantón él, dice que su relato y su vida inauguran un género nuevo que se llama brutal noir. Él lo explica así. Dice que si la literatura sobre el crimen es negra, noir, la literatura sobre el genocidio tiene que ser brutal noir. Y va sentando ciertas pautas en un juego de metaliteratura. Una de ellas es que hay que combinar el terror con el horror, con el humor. Terror, horror y humor es la fórmula de Misericordia Dagger para narrar. El horror para no cerrar los ojos ante lo que está pasando, para enfrentarlo de una manera o futurista o arcaica. O sea, con los ojos abiertos, sin el pudor a la herida, sin el pudor a la muerte, sin el pudor a la sangre. Un poco como los autos sacramentales. A la manera mexicana de enfrentarse a esos temas, evitando lo políticamente correcto. Y el humor, Juan, porque entre la impotencia absoluta de los que no tenemos el poder, frente a la doble tenaza del ecocidio y del genocidio el humor es un arma a nuestro alcance.
Juan Cruz Ruiz: ¿El humor qué significa en tu libro?
Laura Restrepo: Para utilizar un término mexicano, es burla sangrona. Es aprovechar el talón de Aquiles de estos grandes autócratas que deciden sobre la vida y la muerte. Aprovechar que tienen un ego más grande que el universo para tirarle dardos envenenados.
Juan Cruz Ruiz: ¿De dónde vienen tus referentes del mundo de la novela gráfica en este libro?
Laura Restrepo: Es la inspiración de mi hijo Pedro, porque la verdad yo no había tenido en cuenta la novela gráfica y él, que se especializó precisamente en eso, me obligó a advertirse de que hay mucha basura, pero hay mucha filosofía y hay cosas poderosas… Pienso que la novela hasta ahora se estaba quedando en el pudor, en cierta contención a la hora de narrar el sexo, la muerte, la violencia. La novela gráfica vuela por encima de eso sin ningún escrúpulo. Es incursionar en géneros que arrastran más a la juventud, como la novela gráfica, los videojuegos, los propios grafiti, en la concisión del lenguaje. Este es un intento de hacer una novela que sea más visual que verbal, con un lenguaje compacto que evoque siempre una imagen, para agilizar y también para romper esos marcos pudorosos y en cierta medida candorosos por los que corre la novela. Una de las pautas que da Misericordia Daguer al hablar del brutal noir es que no pretendamos agradar. Lo que está pasando afuera no es agradable, es atroz. La novela ya no puede agradar, tiene que incomodar. Cada quien inventará su fórmula, pero esta es la fórmula que propone Misericordia Dagger, ese verdugo, ese cortacabezas inclemente que ve películas de Bertoluchi y que lee a Nietzsche.
«La novela es toda una paráfrasis en torno al tema del genocidio y del poder absoluto sobre vidas y muertes».
Juan Cruz Ruiz: De todo el libro, ¿qué consideras que representa mejor lo que querías escribir y de lo que ahora se lee?
Laura Restrepo: Yo creo que tiene antecedentes de lo que he hecho en el pasado. Por ejemplo, en Demasiados héroes, que retrata a los cinco muchachos que de alguna manera colaboran con el feminicidio de una muchachita. Hay un retrato grotesco y burlesco de la maldad, exagerando las tintas, no minimizando, sino exagerando, para crear personajes más de novela gráfica que de novela. En el libro Pecado ya aparece, el verdugo ya está ahí, no tiene todavía nombre, no está desarrollado, pero ya aparece. Otro de los personajes de la novela, que es el Príncipe Sangre, también sale de una imagen inicial que está en Pecado. Lo que hice yo fue cargar las tintas hacia lo medieval. De ahí el dibujo de la carátula. Lo bajé online, es un antiguo catálogo de armas. Lo que hice fue que, si tenía tres cuchilladas, yo lo llené de heridas y de cuchilladas y le puse todas estas letricas incomprensibles, puros jeroglíficos para volver a buscar ese desparpajo con el que se habla de la muerte. Quevedo decía que somos polvo más polvo enamorado... Era la muerte como sacralidad, pero al mismo tiempo como presencia, que la modernidad la evita, la borra. Yo creo que la gran falacia de una cultura como la norteamericana es pretender que han derrotado a la muerte cuando en realidad la generan a una escala brutal. Y hay que volverse a parar en esa esquina donde la muerte y la vida se miran cara a cara. Porque ahí está la resonancia de la humanidad.
Juan Cruz Ruiz: ¿Cómo nació la idea de este libro que, además, siempre tiene un ritmo parecido? Es un libro sin titubeos.
Laura Restrepo: El detonante es un graffiti hallado en un muro de Ciudad de México. Muy conciso y al mismo tiempo muy directo: decía Gaza, digo tu nombre. Yo lo vi y se me erizó la piel porque era un llamado, era casi un dictamen. No podemos dejar que el silencio tape lo que está pasando. Porque esto que está sucediendo en Gaza no solo es una atrocidad con un pueblo hermano, sino que va a ser la norma que nos van a aplicar a todos. Entonces, Gaza, digo tu nombre.
Juan Cruz Ruiz: ¿Cómo dices el nombre de Gaza?
Laura Restrepo: De hecho, nunca se menciona en la novela. Es toda una paráfrasis en torno al tema del genocidio y del poder absoluto sobre vidas y muertes. Pero la pregunta era, ¿puede la ficción hacer algo? Sin duda se había hecho muchísimo a través del periodismo, de la fotografía, la poesía, la poesía palestina. El testimonio escrito más potente de lo que ha sido el genocidio. En muchas décadas, la humanidad no había sido tan lúcida. Ni el debate, sobre todo online, había sido tan honesto, tan penetrante.

Retrato de Laura Restrepo. Crédito: cortesía de Alfaguara.
Juan Cruz Ruiz: ¿Qué se puede hacer con la ficción para hablar del mundo actual?
Laura Restrepo: Anduve buscando. Primero, en los surrealistas. ¿Qué hicieron los surrealistas, esos grandes rebeldes, cuando estaban saliendo recién del sacudón de la primera guerra y ya se les vino encima la segunda? Bataille se inventa el acéfalo... Y le pide a su amigo André Masson que lo dibuje. Y el acéfalo es la condensación gráfica de un acto de rebeldía contra una guerra que, en el caso nuestro, es una tercera guerra que se siente, y posiblemente ya estemos en ella sin tomar conciencia... El acéfalo es el hombre de Vitruvio de Leonardo, con los brazos y las piernas extendidas, desnudo. En el caso de Leonardo, simbolizando el absoluto equilibrio y la armonía del hombre occidental. Mientras que el acéfalo, al no tener cabeza, es el antivitruvio, es el hombre occidental sin cabeza.
Juan Cruz Ruiz: ¿Por qué le cortan la cabeza los surrealistas?
Laura Restrepo: Es la esencia misma de su movimiento. Porque si la cabeza, la razón, ha producido los horrores de dos guerras, y entonces la cabeza no debe existir. La cabeza también es cortar esa autoridad absoluta que lleva al desastre. El acéfalo tiene en una mano algo que parece ser una granada o un corazón en llamas. En la otra tiene la daga. Las entrañas son un laberinto. Y sobre el sexo tiene una calavera, como advirtiendo de que todo lo que nazca de ahí va a estar marcado por la muerte. Por eso, a lo largo de todo el libro, está el acéfalo. De hecho, Misericordia Dagger lo tiene tatuado en la espalda, solo que él no lo sabe. Porque él nunca vio que le tatuaran. Lo único que sabe es que cuando se pone a la luz de la luna, el tatuaje arde. Y de alguna manera lo impregna. Él es un cortacabezas, ese es su oficio. Lleva en la espalda la imagen del hombre con la cabeza cortada. Había ahí una simbología muy profunda. La cabeza cortada ha tenido muchos sentidos a lo largo del gran arte. Y aunque hoy parezca una cosa inmencionable, la verdad es que son muchísimos los cuadros de grandes pintores que recurren a la cabeza cortada para encontrar ahí una simbología poderosa. Para mencionarte uno que quise mirar mientras escribía, Judit y Holofernes. A ella la viola su maestro, el pintor que le enseñaba la viola. Y el padre la obliga a casarse con un aprendiz para tapar la afrenta. En esa Judit que con tanta determinación y con esa ira contenida decapita a Holofernes parece estar expresada la tremenda rebeldía que le inspiraban los acontecimientos de su vida. Yo creo que es un libro que podría ser un cómic, que podría ser una novela gráfica, pero que está cargado de contenidos simbólicos.
«Creo que el genocidio es el crimen de crímenes, y es el que nos tocó enfrentar como generación. Somos una generación marcada por el genocidio».
Juan Cruz Ruiz: ¿Cómo has podido combinar la poesía y el horror?
Laura Restrepo: La clave fue encontrar la figura del narrador, ese Misericordia Dagger que encarna todos los contrarios, como su mismo nombre lo dice. La Misericordia es la virtud cristiana de la compasión, y al mismo tiempo la daga de la misericordia, esa daga afilada como una aguja que utilizaban los guerreros antiguamente para rematar al hombre al que habían herido, supuestamente para evitarle una agonía demasiado larga… Hay una dualidad escalofriante en la palabra misericordia, y quise que este cortacabezas estuviera marcado por su nombre. A partir de la dualidad del personaje, me resultaba evocador combinar el terror y el humor, porque al ser un verdugo ilustrado también es un poco un payaso, y es un verdugo que duda, que incurre en la que es quizá la única duda que no puede tener un verdugo, que es la de matar o no matar. En ese sentido, yo lo veía como una especie de bufón hamletiano que mata sin escrúpulos porque él es un profesional de la ejecución, y al mismo tiempo no puede dormir.
Juan Cruz Ruiz: Me dijiste una vez: «La poesía nace cuando la vida y la muerte se miran a la cara». Leyendo este libro pensé que estabas desarrollando esa idea.
Laura Restrepo: Sí, tienes toda la razón. Esa es la idea tan bellamente expresada por Rilke cuando habla de la sangre del máximo giro, el momento en que la muerte y la vida se miran cara a cara. Me parece indispensable recuperarlo o resaltarlo hoy, no solo por denunciar este tren de muerte colectiva y masiva al que nos están sometiendo desde el poder omnímodo, sino porque permite a la condición humana el poder contemplarse tanto en la vida como en la muerte, negar la muerte… Hay un latido que corresponde al 80% de lo que somos, que es lo que ya no somos, lo que ya no seremos.
Juan Cruz Ruiz: Este libro es una manera de contar la maldad, la herida, es un espejo del mundo de hoy. ¿De todas las maldades, cuál te parece la más dura, la más inclemente?
Laura Restrepo: Yo creo que el genocidio es el crimen de crímenes, y es el que nos tocó enfrentar como generación. Somos una generación marcada por el genocidio. Hace 10 años no hubiéramos imaginado, ni tú ni yo, que íbamos a tener que pasar por esto, que íbamos a tener que presenciar esto. Yo intenté ir a Gaza… Todo este desastre empezó en octubre y noviembre de 2023. Fuimos invitados mi hijo Pedro y yo por Médicos Sin Fronteras y por Médicos del Mundo. No pudimos entrar porque tampoco hubo paso para las organizaciones humanitarias, pero nos quedamos rondando, entrevistando a los familiares palestinos que tenían a su gente encerrada en Gaza y que estaban en Egipto. Entrevistando a las autoridades, ayudando a la embajada colombiana… estuvimos muy activos sacando a los últimos colombianos que estaban todavía encerrados en Gaza, y a partir de ahí escribí con él artículos de prensa, ensayos, siguiendo la denuncia del horror a través del ensayo, hasta que me dije «vamos a tratar de hacerlo en novela». Y lo hice sin nombrar a Gaza. Ahí estaba, empapado de la ira, el malestar, la vergüenza que te da mirarte al espejo y sentir tu propia impotencia ante la muerte de los niños, las mujeres quemadas vivas en las carpas. La decisión fría y sistemática por parte del Estado de Israel, con la anuencia de muchos gobiernos europeos, y del gobierno norteamericano: matar de hambre y bombazos a un pueblo. Unos niveles de maldad que yo creo que no habíamos imaginado. Somos hijos del horror que suscitó en la humanidad el holocausto judío. Pero que se repitiera tan rápido en otro pueblo...

Laura Restrepo. Crédito: cortesía de Alfaguara.
Juan Cruz Ruiz: La última entrevista que te hice fue sobre tu viaje a Yemen. Esta entrevista proviene de un libro que nace de la explicación que tú le das al genocidio contra Palestina. Es todo peor todavía.
Laura Restrepo: Es todo peor todavía.
Juan Cruz Ruiz: Es como si tú estuvieras dibujando para tachar, pero no se tacha, no se puede tachar.
Laura Restrepo: Fíjate que lo de Yemen fue un genocidio, lo que pasa es que nunca se dijo. Pero cuando yo estuve allá, caminábamos por entre las ruinas de los bombazos que había habido. Los genocidios no nacen de la nada… De alguna manera se van gestando, poco a poco, de manera invisible, hasta que salen a la luz. Lo que también perdura es la dignidad humana, que me interesa a mí más. La maldad es inevitable contarla o narrarla porque hay que denunciarla. Pero mi interés fundamental son dos cosas: la dignidad humana y la rebeldía. Este libro, más que sobre la maldad, es sobre la posibilidad de rebelarse contra la maldad. La pregunta que movía el hilo de la narración de mi libro era que Misericordia Dagger constituya una pieza de ese orden burocrático de la muerte que tiene montado el dios Abismo… Ahí está la banalidad del mal. Hay una serie de funcionarios, de oficinas donde se ordena quienes deben morir, hay unos ejecutores, hay otros voceros, hay unos aprendices de verdugo. Misericordia es una rueda en esa pieza, en ese mecanismo burocrático de la muerte. Y cumple órdenes. Lo suyo es la ley de la obediencia debida, él cumple órdenes. La pregunta era, ¿puede Misericordia rebelarse en cierto momento? ¿Es posible la rebelión contra ese orden triturador? Mi interés no es quedarme en la tortura mental y espiritual de contar una y otra vez la maldad, sino ponerla ahí, burlarse de ella, romperla a través de la irreverencia y plantearse la posibilidad de una rebelión.
«La maldad es inevitable contarla o narrarla porque hay que denunciarla. Pero mi interés fundamental son dos cosas: la dignidad humana y la rebeldía. Este libro, más que sobre la maldad, es sobre la posibilidad de rebelarse contra la maldad».
Juan Cruz Ruiz: El libro no es solo sobre lo que ocurre, sino sobre la propia escritura. La escritura de estos tiempos va muy rápido. Tu libro es como una especie de abrazo a la lentitud, como si estuvieras diciendo a la gente, fíjate, no te vayas todavía, fíjate. Me gustaría saber cómo concibes tú el ritmo en la escritura.
Laura Restrepo: Yo quería apelar a los ojos. Decir: «abre los ojos, no des la espalda». Por eso la novela es tan gráfica, o tan visual. Mira más allá de la imagen, mira más allá de los noticieros, mantén los ojos abiertos. Y en ese sentido hay detenimiento y hay lentitud. Pero quería que la acción fuera desbocada, que en cada página estuvieran pasando cosas. En ese sentido, Misericordia Magger le atribuye al género brutal noir la característica del vértigo. La narración no debe agradar, debe combinar humor y horror, y debe ser vertiginosa. Son las pautas que se exponen en ese juego metaliterario que la novela propone.
Juan Cruz Ruiz: Ahora has escrito un libro sobre el mundo entero. Porque es el mundo entero el que está sufriendo lo que tú describes en este libro que quizá es el más breve de tu historia.
Laura Restrepo: Es verdad. Por eso no hay alusión directa a ninguna instancia real. No hay una alusión directa ni a Trump, ni a Netanyahu, ni a la propia Gaza. Porque siento que de lo que estamos hablando es de la Gaza global. Lo que empieza a ser el castigo generalizado. Mira lo que acaba de pasar en Río de Janeiro. Se meten en las favelas para castigar supuestamente el narcotráfico. Hacen una redada, matan a 150 personas. Creo que es la peor matanza que ha habido en Río de Janeiro en muchos años. Lo que está pasando en Colombia, lo que está pasando en el Caribe, bombazos a embarcaciones, y ya no solo en el Caribe, ahora empezaron en el Pacífico y ya Trump anunció que las operaciones iban a ser terrestres. Es decir, la condena a muerte es a priori, Juan. Nadie sabe qué había en esas barcas. Si estaban transportando mujeres y niños, si eran de pescadores, si realmente había droga. Y aunque hubiera droga en esas embarcaciones, tenían que incautarla, llevar a esa gente presa, juzgarla. Pero es condena de muerte a priori. O sea, son pequeñas Gazas. El método de Gaza empieza a imponerse. La forma de poder se expresa a través de la muerte. Y la impunidad en la que eso sucede augura un sistema atroz, el de pasar por encima de todo el sistema jurídico, del criterio de los derechos humanos, del respeto por la vida. Es la desacralización de la vida, la división de la humanidad entre una raza superior que debe sobrevivir y unas razas inferiores que han de desaparecer. Por eso en la novela ese poder del tanatócrata está encarnado en un dios, el dios Abismo, que es prepotente, mata por matar. Manda a desempolvar la guillotina y la ponen en el centro de la plaza para armar el carnaval y luego se queda dormido porque está tan hastiado ya de su propia matanza que se queda dormido. Me parecía que tenía que ser un dios, para colocarse por encima de todo y ordenar los destinos de la humanidad. Creo que tenemos muy presentes figuras allá afuera que parecen imbuidas de esa mentalidad. Y, al mismo tiempo, absolutamente grotescas porque no hay nada más ridículo que el ego inflado a dimensiones cósmicas. El Abismo es un dios pantallero. Le encanta hacer apariciones vistosas, lleno de plumas, rodeado de fuego. Aparece como un cisne que aletea sobre las aguas y produce tormentas. Le encanta el pantallazo.
OTROS CONTENIDOS DE INTERÉS:
Vivir en Gaza, una cárcel con tres carceleros: Israel, Egipto y Hamás
«La guerra de Gaza», de Joe Sacco: viñetas contra la barbarie
De la Revolución Islámica al asesinato de Mahsa Amini: los primeros días de un país secuestrado
Mónica Bernabé y Afganistán a 20 años del 11-S: en el cementerio de los imperios
El nuevo libro de la autora de «Delirio», Premi...

