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Sobrevivir en Disney World: cómo las ciudades han perdido su alma comunitaria
«Antes todo esto era ciudad» (Debate, marzo de 2026), el nuevo libro de Pedro Bravo, es un certero análisis de en qué se han convertido las ciudades hoy, desde su gestión, las desigualdades crecientes a la desconexión con los otros. Una reflexión que trasciende a las administraciones y nos interpela a todos. El periodista y escritor David López Canales habla con Bravo sobre urbanismo y sociedad.

Barcelona, España. Grafiti del artista Roc Blackblock. Crédito: Getty Images.
Más de la mitad de la población mundial es hoy urbana, y en dos décadas lo serán más de dos tercios. Las 50 mayores metrópolis del mundo albergan al siete por ciento de la población del planeta, pero generan el 40 por ciento de la actividad económica mundial. Hablar de ciudades parece hablar de urbanismo o de ordenamiento urbano, asuntos que no están en nuestras manos como vecinos de esas urbes, temas lejanos, pero es hablar, en realidad, de nosotros, de nuestras vidas, de relaciones y elecciones, desde dónde compramos a quién votamos. El periodista y consultor Pedro Bravo (Madrid, 1972) comenzó a interesarse por la ciudad y todo lo que implica subido a su bicicleta. De aquellos trayectos surgió su primer libro con Debate, Biciosos (2014). Después llegaron Exceso de equipaje (2018), en el que abordaba el fenómeno del turismo, y ¡Silencio! (Endebate, 2024), su particular manifiesto contra la inquietud y la prisa. Ahora (marzo de 2026) regresa con un nuevo análisis, Antes todo esto era ciudad, con un título tan elocuente como inquietante. «La ciudad de antes ahora es un no lugar en el que vivimos solos, separados y enfadados», reflexiona en el libro.
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David López Canales: ¿De qué hablamos cuando hablamos de ciudades?
Pedro Bravo: Yo hablo de la definición latina del término, la que viene de Roma, que es la comunidad. Es importante el espacio arquitectónico, las calles, etcétera. Pero no existiría la ciudad sin una comunidad que la habite. No hay ciudad sin comunidad y el ejemplo es Disney World, que es un espacio urbano con una administración del espacio, pero no es una comunidad, sino un espacio destinado a lo comercial. De ahí que cuando se critica que las ciudades parecen parques temáticos, esa sea la referencia: que se convierten las ciudades en un producto.
David López Canales: Un libro sobre ciudades parece, a priori, un tema que nos resulta ajeno, como si fuera una cuestión estrictamente de ordenación urbanística, cuando no se trata de eso y además nos interpela a todos. Ya solo eso resulta sintomático del desapego a la ciudad, ¿no?
Pedro Bravo: La cuestión con las ciudades es que hasta hace poco, y quizá todavía, se han contado desde lo urbanístico, desde lo técnico y lo político. Y también con un lenguaje un poco obtuso y técnico. Y la ciudad se debería contar no solo para que le interese a la comunidad, sino también desde la comunidad, desde las personas. En la ciudad pasa todo, pasa la política, pasa la economía, pasa la sociedad, pasan las relaciones humanas, porque en la ciudad vivimos casi todos. Y porque, además, lo que pasa en la ciudad impone carácter sobre todo lo que sucede fuera de la ciudad, desde el campo hasta otros ámbitos de la existencia. Yo siempre que escribo de ciudades o cuando trabajo para empresas, ciudades u organismos internacionales, intento traducir ese lenguaje técnico a lo humano para involucrar a los agentes que participan en la ciudad, que somos todos.
David López Canales: ¿De dónde te viene a ti este interés por lo urbano, por la ciudad?
Pedro Bravo: A mí la política entendida como la administración del bien común me interesa desde siempre. Inicialmente, de mi interés por el anarquismo, por el punk, por ese tipo de actitudes que cuando era joven me llevaban a la política entendida de esa manera. Luego hay momentos que me generan más interés, como puede ser, por ejemplo, el 15-M, donde muchos que estábamos rondando los temas políticos nos metemos a contactar unos con otros y a darnos cuenta de que juntos se pueden hacer cosas distintas. Y después, en la parte más periodística o informativa, al escribir el libro sobre las bicis, Biciosos, que es un tema urbano. Fue en 2014, y ahí empecé a interesarme, reflexionar y escribir sobre esos temas urbanos. Luego publiqué el libro sobre turismo y empecé a trabajar también en mi faceta como consultor, o como empresa que se dedica a la comunicación y al relato de comunicación en temas sociales, medioambientales y urbanos.
«El modelo turbocapitalista en el que vivimos provoca unas exigencias de prisa, de velocidad, de rentabilidad, que nos tienen a todos con la lengua fuera, y el origen de eso está en las ciudades».
David López Canales: Tú anterior libro, ¡Silencio!, también está conectado con todo esto…
Pedro Bravo: Hay una misma línea, hay un mismo foco, sí. De hecho, tiene un capítulo que se titula Contra la ciudad, en el que hablo de cómo la prisa y la inquietud vienen de un modelo económico del que la ciudad es, digamos, su difusor, su altavoz. El modelo turbocapitalista en el que vivimos provoca unas exigencias de prisa, de velocidad, de rentabilidad, que nos tienen a todos con la lengua fuera, y el origen de eso está en las ciudades, sobre todo en las grandes ciudades globales, que pretenden ser como productos, o generadores de productos financieros, o ellas mismas productos, porque las ciudades empiezan a trabajar como si fuesen empresas, cosa que no son ni pueden ser.
David López Canales: En ese Disney World con el que lo comparabas, ¿qué seríamos? ¿Figurantes?
Pedro Bravo: Seríamos trabajadores precarios del parque temático. O, efectivamente, figurantes con un contrato de mierda, probablemente falsos autónomos.
David López Canales: Dices en el subtítulo del libro que la vida urbana se ha vuelto extraña. No es aleatorio ese extraña. ¿Por qué extraña y qué otros adjetivos barajaste?
Pedro Bravo: El extraño viene de extrañamiento. Habla de esa sensación que tenemos muchos en nuestras ciudades, pero también cuando vamos a otras que conocemos bien, de empezar a no entender, o empezar a no sentir como propio lo que antes era un código común, en el sentido de que tú sabías cómo funcionaba la ciudad, para quién funcionaba, qué te daba, o qué te quitaba, también, porque las ciudades nunca han sido modelos perfectos de convivencia ni de comunidad. Ahora hay una sensación que yo creo que tenemos todos de hostilidad, que es otro adjetivo que barajé, de extrañamiento, de expulsión, que tiene mucho que ver con el tema del precio de la vivienda, pero con otros asuntos también. Hablo de extrañamiento y hablo también de desamor, porque sucede como en una relación de pareja o de amistad cuando con todo aquello que te hacía sentir bien te empiezas a sentir raro. Tú estás presente en lo que antes era un entorno acogedor y de repente se ha convertido en un entorno hostil. Eso trasladado a la ciudad es lo que nos está sucediendo ahora.
David López Canales: Es muy impactante la imagen con la que comparas las ciudades hoy con los culturistas descomunales, que están hipertrofiados y son lentos, enormes, sin agilidad y tienen una esperanza de vida muy corta...
Pedro Bravo: Sí, en el trayecto de hacer de las ciudades productos competitivos se pasa por un capitalismo financiero y por un engorde artificial de algunas características de las ciudades. Las grandes ciudades globales, y no solo las grandes, las ciudades que están metidas en ese espíritu competitivo artificial, tienen los mismos peligros. Son ciudades que están destinadas a ser un desastre, y de hecho ya muchas lo son. Londres tendrá mucho éxito, pero vivir en Londres es un infierno, está llena de desigualdad. En Madrid y en Barcelona está sucediendo algo similar, en Nueva York por supuesto, en París…
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Pedro Bravo. Crédito: Patricia Sotomayor.
David López Canales: Tú apuntas tres pilares fundamentales de ese desastre: la especulación inmobiliaria, el turismo y esa gestión de las ciudades como empresas y de estas como productos.
Pedro Bravo: La vivienda es uno de los más grandes, si no el mayor. Se ha convertido en un producto financiero en el que los grandes capitales internacionales, fondos, pero también ahorradores, inversores con capital suficiente, están operando para sacar rentabilidades que no encuentran en otros ámbitos como la bolsa. Eso está haciendo que el desarrollo social en la ciudad esté siendo imposible. El ascensor social está roto en casi todas las sociedades occidentales. El que nace en el privilegio tiene más privilegio y el que nace fuera del privilegio no va a alcanzar el privilegio, salvo algunas excepciones. El turismo porque hay una adicción a ser atractivo, a competir con otras ciudades y también porque es un modelo económico que en muy poco plazo te da muy buenos resultados que rinden políticamente, pero con el que no salen las cuentas. Y todo eso tiene relación con ese tercer punto que es pensar que la ciudad se puede comportar como una empresa. Una ciudad no es una empresa. Una ciudad y los servicios públicos, sobre todo de una ciudad, pueden ser deficitarios porque su función es cumplir una función social, ayudar al desarrollo de las personas que viven en la ciudad.
David López Canales: ¿Hasta qué punto somos nosotros también responsables? Al final son nuestros patrones de consumo también los que favorecen todo eso...
Pedro Bravo: Sí, mi opinión es afirmativa, pero con matices. Nosotros consumimos así, pero hay un interés detrás, en muchos casos, y mucho dinero, para que eso suceda. Es muy difícil evitar consumir de esa manera porque las mejores mentes del mundo están diseñando para que lo hagamos y el gran capital del mundo está diseñado para eso. Nuestra labor ahí es entender qué está sucediendo y tratar de resistirnos en lo individual y movernos en lo colectivo para que suceda de otra manera.
«La vivienda se ha convertido en un producto financiero en el que los grandes capitales internacionales están operando para sacar rentabilidades que no encuentran en otros ámbitos como la bolsa. Eso está haciendo que el desarrollo social en la ciudad esté siendo imposible».
David López Canales: Escribes también sobre la tecnología y su impacto, donde destacan dos aspectos claves: la mudanza a lo digital, y cómo eso nos aleja de la comunidad y del trato con los otros, y el cómo nos aísla de la propia experiencia urbana, de ver, tocar, del contacto con la ciudad...
Pedro Bravo: Nuestra experiencia a través de las pantallas que llevamos todo el rato puestas nos lleva a buscar direcciones en el móvil, a buscar un sitio donde comer en el móvil, a estar viendo en el móvil algo que está pasando en otro lado mientras puede estar sucediendo algo a nuestro alrededor sin que le estemos prestando atención…. Hay una pérdida del sentido espacial y comunitario. Y luego hay una pérdida de la propia vida de la ciudad. El comercio es fundamental en el origen de las ciudades. Los artesanos, primero, luego las tiendas, etcétera. El poder intercambiar cosas unos con otros. Como todo eso se está trasladando ahora al territorio digital, nos quita contacto con los demás. Es decir, ya no vas a la tienda y te cuentan en la tienda cómo son los productos y puedes tener un intercambio sobre un montón de otras cosas. Incluso ya no vas al bar o al restaurante porque te pueden traer la comida a casa. Pero es que, además, quita gente en las calles. Jane Jacobs, la gran urbanista de las ciudades a escala humana, hablaba de los ojos en la calle y lo relacionaba con la vida comercial de las calles, de los centros urbanos. Y cómo los comercios hacían que hubiese gente y esa gente cumplía esa función social de cuidados, de estar pendientes unos de otros. Con esas conversaciones, además, pones en práctica algo que es muy sano, que es la fricción. El enfrentarte a gente que no necesariamente piensa como tú, que no se expresa como tú y que no es como tú. Pero cuando te aíslas pierdes la costumbre de enfrentarte a lo distinto. Y lo distinto es la ciudad. La ciudad es una comunidad de encuentros entre distintos. Y cuando pierdes eso, aparte de perder ese estar pendiente de los demás, pierdes tu capacidad de aceptar lo otro. Y eso es terrible.

Madrid, España, 2026. Protestas contra la gentrificación y el turismo desmedido. Crédito: Getty Images.
David López Canales: Y sin embargo, a pesar de todo esto, tú dices que la esperanza para la ciudad está en las ciudades.
Pedro Bravo: Bueno, yo tengo un complejo de pesimista. Y en este libro he hecho un ejercicio de tratar de trascender la polaridad pesimismo-optimismo, que creo que es engañosa porque es idealizada. Yo creo que en la esperanza hay un territorio que parte de reconocer que hay cosas que están mal o muy mal, pero que se pueden hacer de otra manera para que estén mejor. Probablemente de lo pequeño a lo grande.
David López Canales: Dices, por ejemplo, que hay que pensar en modos innovadores de conectar y participar más, porque las fuerzas que desunen son más poderosas
Pedro Bravo: Claro, yo creo que ahí hay una tarea de las administraciones, técnicos o políticos que quieran dedicarse a ello, pero también de la sociedad civil, activistas, asociaciones o quien sea, de encontrar formas innovadoras. Los gobiernos, en general, y los gobiernos locales, en particular, son muy burocráticos, muy lentos. Las innovaciones de las empresas les llegan muy rápido y no saben cómo reaccionar y, sin embargo, su forma de operar es muy lenta, muy lineal, y muy por especialidades o áreas. Son muy pocos los ayuntamientos o gobiernos locales que tienen ejercicios de gobernanza transversales, que conectan unas áreas con otras, que sean dinámicos e innovadores, y creo que eso es fundamental para ser ágiles en los cambios, porque uno de los motivos de la pérdida de confianza de la gente en las administraciones es la lentitud, la burocracia.
David López Canales: ¿E individualmente?
Pedro Bravo: Lo primero que puedes hacer es darte cuenta de qué cosas están pasando, de lo desconectado que estás o no estás, de los asuntos humanos, que son casi todos los asuntos de la existencia, y darte cuenta con otros. Y con otros que de verdad estén dispuestos a planteárselo de otras formas. Con ese otros hablo desde tus amistades hasta tus socios en un proyecto empresarial, creativo, deportivo o lo que sea, hasta los políticos. Es decir, si durante muchos años, tanto en los gobiernos locales como en los regionales y nacionales se han prometido una serie de cosas que no se han ido cumpliendo, igual hay que revisar esas promesas o revisar la actitud con la que se hacen esas promesas y ser más valientes. Nuestra posición individual es la exigencia de valentía. Pero no hacerlo, como está pasando ahora en muchos casos, para irte al que grita más fuerte, sino para asumir que son asuntos complejos y que la simplificación no ayuda a resolverlos. No hay una respuesta clara porque es compleja y se trata de un trayecto, no va a cambiar de la noche a la mañana. Pero todo comienza por darse cuenta.
«Yo creo que en la esperanza hay un territorio que parte de reconocer que hay cosas que están mal o muy mal, pero que se pueden hacer de otra manera para que estén mejor. Probablemente de lo pequeño a lo grande».
David López Canales: ¿Y así se enamoraría, o se reenamoraría, uno de la ciudad? ¿O cómo se logra eso?
Pedro Bravo: Cuando tú te conectas con tu problema, y entiendes que tu problema no solo te pasa a ti, sino que es un asunto que sucede en toda tu ciudad, y probablemente en otras, te conectas con una realidad. Lo decía en el libro anterior, en ¡Silencio!. Ahí usaba la palabra atender, que posee dos significados muy bonitos: prestarle atención a algo o a alguien y cuidarlo. Atender a tu ciudad, que es atender a tu entorno, es prestarle atención a lo que pasa y a lo que te pasa a ti en ese entorno. Partes de tu subjetividad siempre, pero tú vas a atender y eso te aleja de la subjetividad. Le vas a prestar más cuidado, porque solo con la atención, aunque te caiga mal algo, ya es prestarle cuidado, y verle las cosas buenas, las cosas malas y las cosas a cambiar. Ese es el primer paso. Y en este caso es el primer paso para ese amor a la ciudad. Cuando empiezas a prestar atención a los asuntos de tu ciudad, empiezas a cuidar tu ciudad, y ya estás empezando a practicar el amor.
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