Kate Moss, la «it girl» eterna
Mucho más que una modelo, Kate Moss es musa para diseñadores y artistas; una criatura inspiradora para ambos mundos, el del arte y el de la moda. Mujer fuerte pero atormentada, ha sido un referente de fotógrafos, pintores y cineastas. Versión contemporánea de las «it girls» de Andy Warhol, su excepcional carrera y su vida nocturna llena de excesos la convirtieron en la protagonista de una novela urbana a medio camino entre la belleza y la decadencia. Como una heroína literaria, Kate Moss ha vivido al borde del precipicio y ha vuelto de él con una elegancia y una resistencia que solo poseen los mitos. Su historia sigue siendo contada y reinterpretada, pero Kate permanece inmutable. En este capítulo del libro «Iconos de estilo. De Cleopatra a Zendaya» (Plaza & Janés, 2025), un viaje a través de la historia de la moda contado desde la mirada de veinte mujeres fascinantes, Erea Louro ofrece un detallado perfil de esta leyenda viva, alguien que ha sobrevivido a las sombras de la fama y ha salido de ellas con más fuerza, dejando una huella indeleble en el universo de la moda.
Por Erea Louro

Kate Moss en Nueva York en una imagen de 1994. Crédito: Getty Images.
Kate Moss es uno de los iconos de estilo más influyentes de las últimas décadas, y su impacto es enorme tanto dentro como fuera de la pasarela. Con un enfoque que mezcla lo rebelde y lo sofisticado, revolucionó la industria de la moda desde que apareció en ella de manera casual en los años noventa. Son muchas las modelos que han llegado a ser estrellas muy admiradas: Naomi Campbell, Linda Evangelista o Claudia Schiffer sin ir más lejos, pero su estilo personal no fue tan trascendente ni significativo. Sin embargo, todos reconocemos el «look Kate Moss», y eso es lo que marca la diferencia.
Su imagen destaca por su autenticidad y por desafiar las convenciones de belleza y moda establecidas. Ella es el arte del contraste, y ha sabido mantenerse vigente a través de los años, siendo el icono de estilo más influyente de principios del siglo xxi. Un vestido vintage puede parecer en ella tan lujoso como un diseño de alta costura, y una camiseta blanca combinada con vaqueros desgastados convertirse en algo icónico. Su estilo de vida se filtra en su forma de vestir, y ahí reside su magnetismo.
Katherine Ann Moss nació en 1974 en Croydon, un suburbio obrero de Londres, en una familia de lo más común. A los catorce años, cuando su vida parecía abocada a ser una más entre los millones de personas que habitan la periferia de las grandes ciudades, fue descubierta en el aeropuerto JFK de Nueva York por Sarah Doukas, fundadora de la agencia Storm Model Management. Kate jamás se había planteado ser modelo ya que consideraba que no encajaba con el canon acostumbrado: se veía bajita, con las piernas arqueadas, tenía los dientes torcidos y, como ha declarado en numerosas entrevistas, nadie pensaba que fuera la niña más guapa de la escuela.
Pero el talento de los agentes de modelos consiste en saber ver la belleza y la fotogenia donde otros no las ven y, sobre todo, en adelantarse al espíritu de lo que está por venir. La historia es casi literaria: la joven Moss, con su delgadez y sus grandes ojos inexpresivos, parecía encarnar la angustia y la simplicidad de una nueva década, la que marcaría el fin de la era dorada de las supermodelos de los ochenta. La industria llevaba años dominada por figuras tan imponentes como Cindy Crawford y Naomi Campbell, supermodelos que habían alcanzado un nivel de fama inédito para el mundo de la moda, con un estatus equivalente al de estrellas del rock. Kate Moss no era alta ni voluptuosa, no tenía curvas ni la maravillosa sonrisa de sus predecesoras. Su aspecto andrógino, su fragilidad y sus ojos que parecían observar el mundo desde algún rincón secreto sentaron las bases de una nueva estética: el heroin chic.
Este estilo, cuyo nombre no puede ser más desafortunado y, al mismo tiempo, más reconocible, ha sido criticado con toda lógica por el aspecto enfermizo que ensalzaba. Pese a todo lo anterior, la realidad es que rompió moldes. Kate, sin buscarlo, dio voz a una generación que veía en la perfección clásica algo limitante y pasado de moda. Con su belleza distante y algo diferente, representaba una suerte de poesía de la imperfección, un ideal de belleza no idealizado. Pero, como es habitual en todo lo que tiene que ver con la moda y las tendencias, esa libertad inicial abierta por un canon novedoso puede acabar revelándose como algo igual de opresivo y dañino que el modelo que quiso desbancar. Y es que Kate no tuvo que hacer nada para lucir así, triunfó con su imagen al natural, su constitución y su belleza eran esas, pero cuando alcanzó el olimpo de las modelos hubo chicas con bellezas diferentes a la suya que quisieron parecerse a ella, y aquí es donde empezamos a pisar terreno peligroso.
Moss debutó en la Semana de la Moda de Londres con tan solo quince años de la mano de John Galliano, la nueva joven promesa del diseño británico que se convertiría en su gran amigo. La llevó también a París, abriéndole así las puertas de una nueva generación de diseñadores como Alexander McQueen o Gaultier, a los que representaba a la perfección.
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Uno de sus primeros trabajos editoriales fue una sesión con la fotógrafa Corinne Day para la revista The Face. Esta sesión de fotos, titulada «The 3rd Summer of Love», capturó a una joven Moss en un ambiente natural y despreocupado, en la playa, luciendo muy poco maquillaje y en poses espontáneas, nada que ver con los editoriales de moda del momento. Estas imágenes, hoy ya históricas, marcaron el comienzo de una estética grunge en la moda, donde Moss personificaba la frescura y el estilo desenfadado. La colaboración con Day ayudó a lanzar su carrera y a posicionarla como una modelo diferente, que encarnaba un estilo más auténtico y accesible. Objetivamente, me parecen unas imágenes puras y maravillosas. Sin embargo, el hecho de que posara en topless a la edad de quince años es destacable y algo que ahora mismo resultaría impensable.
Su asalto a la fama global y la conquista de «la calle» se produjo gracias a una campaña publicitaria de Calvin Klein que protagonizó junto a Mark Wahlberg y que estuvo presente en todas las grandes ciudades del mundo. Ambos posan en vaqueros y sin pretensiones, señalando el inicio de una nueva era en la que el minimalismo y la desolación se imponen como nuevas formas de belleza. Fue una campaña controvertida que convirtió a Moss en una supermodelo y definió el minimalismo y el estilo andrógino de finales de los años noventa. Años después Moss confesó que se sintió muy incómoda aquel día trabajando con Wahlberg, a quien consideraba «abrumador» y «grosero».
Poco después repitió con otra campaña global de Calvin Klein, en este caso para la fragancia Obsession. Esta vez las fotografías las tomó quien era su pareja entonces: Mario Sorrenti. Sus instantáneas transmitían una atmósfera íntima y natural, mostrando a Moss en una serie de imágenes que resultaban sensuales y de aspecto espontáneo a la vez. La campaña capturó la vulnerabilidad y el misterio de la moda, y fue otra manifestación del minimalismo crudo que ella representaba. Estas fotos ayudaron a definir el estilo visual de Calvin Klein y sellaron para siempre la relación de Moss con la marca, en una colaboración que durará varios años y que hará que en nuestra mente perduren para siempre como inseparables.
Tras los desfiles y las campañas publicitarias llegaron las portadas de revistas de moda. Empezó a trabajar con los grandes fotógrafos del momento como Peter Lindbergh o Mario Testino. Este último publicó en 2010 un libro titulado Kate Moss by Mario Testino en el que recoge las fotografías que le hizo durante casi dos décadas. Testino solo dice cosas buenas sobre ella: «Kate tiene una calidad que no se puede describir. Cuando la cámara está ante ella, transforma todo en arte, en una forma de ver la vida. Es completamente única. Para mí, Kate no es solo una modelo, es un icono. Trabajar con ella siempre es inspirador porque logra elevar cada imagen, cada concepto, a otro nivel».
Kate pasó a ser más que una supermodelo, era famosa. Lo más importante no era su trabajo sino adónde iba, con quién salía y qué se ponía. Su misteriosa personalidad despertaba mucho interés y su estilo personal captó la atención de los medios y del público desde el inicio de su carrera. A principios de los dos mil se convirtió en el icono de estilo más aclamado de la década. Su amiga Naomi Campbell siempre ha reconocido que ella era diferente: «Kate tiene una forma de vestir que nadie puede copiar. Es absolutamente auténtica, y eso es lo que la convierte en un verdadero icono».
Si hacemos un repaso a sus looks, podemos observar cómo, a lo largo de su carrera, Kate Moss ha sabido adaptarse a distintas etapas de la moda sin perder su esencia: desde el minimalismo de los años noventa, pasando por el boho chic y el grunge de los dos mil, hasta el estilo glamuroso y maduro de hoy. Esta versatilidad le permite fluir con las corrientes en tendencia y, al mismo tiempo, imponer sus propias reglas. Su estilo evoluciona, pero siempre mantiene su esencia relajada e irreverente, lo cual es clave en un icono.
Uno de sus primeros looks icónicos fue el que llevó en 1993 a la fiesta de la agencia Elite en Londres: un vestido de malla metálica completamente transparente, sin sujetador y combinado con maquillaje natural y el cabello suelto, que es todo un ejemplo de sencillez y osadía. Moss confesó más tarde que no fue consciente de la transparencia del vestido hasta que vio las fotos. Aquellas imágenes se cuentan entre las más memorables de su carrera y auparon a su protagonista a la categoría de rebelde de la moda.
Su estilo del día a día en esta época —y que se mantiene en el presente— se compone sobre todo de camisetas blancas, vaqueros ajustados, blazers clásicos y chaquetas de cuero; una imagen simple y práctica que se ha vuelto atemporal. Uno de los sellos distintivos de su estilo es precisamente esa capacidad de hacer que prendas básicas parezcan sofisticadas. Este minimalismo radical contrastaba con las modas coloridas y sobrecargadas de épocas anteriores y contribuyó a popularizar el aspecto desenfadado, cómodo y chic. Desde mi punto de vista, no hay mayor prueba de estilo que lograr que la gente lo perciba vistiendo tan solo unos vaqueros y una camiseta; y si alguien hace bien eso, no es otra que Kate Moss. La actitud y la confianza son tan importantes en ella como la ropa, y su imagen transmite la idea de que el verdadero estilo no se trata de lo que llevas, sino de cómo lo llevas.
No obstante, Kate superponía a este estilo minimalista su toque personal, que se inclinaba hacia lo rockero: chaquetas de cuero, botas moteras, minivestidos, camisas de cuadros o detalles metálicos. Es algo connatural a ella, ya que siempre ha estado vinculada al mundo de la música: en su forma de vestir, en sus aficiones y también en el amor, ya que ha sido pareja de músicos como Pete Doherty. Este aspecto es el que más conecta su estilo con sus raíces, pues los jóvenes londinenses siempre han vivido ligados a la música y los movimientos contraculturales. Este aire rockero y despreocupado se volvió una gran influencia en la moda y fue adoptado por muchas personas que admiraban su autenticidad y su habilidad para mezclar prendas de alta costura con piezas de estilo callejero.

Kate Moss en una producción de moda para la revista Vogue (1995). Crédito: Getty Images.
Otra de las prendas que ha usado muchísimo a lo largo de los años es el abrigo con estampado de leopardo combinándolo con todo, desde minivestidos hasta pantalones vaqueros. De nuevo, se trata de un look que reivindica su lado más salvaje y que ha salido del nicho de la moda urbana para convertir el animal print en un fondo de armario. En el presente seguimos viendo cómo Kate combina el abrigo rockero con vestidos sofisticados.
Su habilidad para mezclar piezas casual y de lujo es legendaria, y demuestra su versatilidad y su autenticidad. Moss ha lucido igual de bien chaquetas retro de mercadillo como las de estética militar de Balmain que tan populares fueron en décadas anteriores, y ha combinado en diversas ocasiones los pantalones de cuero con chaquetas de este estilo. Esa fusión entre el glam rock y lo utilitario es otra fuente de inspiración clave.
En los años dos mil, en pleno apogeo de su fama, Kate Moss ayudó a popularizar el estilo bohemio y vintage, inspirado en los sesenta y setenta. Usaba vestidos de gasa, flecos, sombreros y botas, mezclando piezas antiguas con elementos modernos, lo que terminó de convertirla en todo un icono. Se inspiraba para ello en la que ha reconocido que es su gran referente: Anita Pallenberg, pareja de Keith Richards y casi un miembro más de los Rolling Stones. Quizá su relación directa con el mundo de la música es lo que llevó a Kate Moss a identificarse con ella. Lo cierto es que los looks de Anita en los setenta son todo un ejercicio de estilo: pantalones de ante, maxi cinturones, minifaldas con jerséis de cuello vuelto y esa personalidad de estrella del rock con un aire desenfadado que ponía el resto. Richards ha declarado en varias ocasiones que en algún momento él mismo fue considerado un icono de estilo y se debía únicamente a que llevaba la ropa de Anita.
Ambas mujeres comparten aspectos de su vida. Además de la fama y la música, las dos sufrieron problemas de adicción, cuestiones que imagino que fortalecieron esa relación de influencia sobre Kate. En el documental Anita Pallenberg: musa de los Rolling aparece la propia Moss diciendo: «Anita tenía mucho estilo, yo sigo intentando recrearlo».
Todos aquellos jóvenes que no vivieron los setenta, y que quizá no conocieron a Pallenberg, bebieron de su inspiración a través de Kate, llevando ese estilo bohemio desenfadado a lo más alto del mundo de la moda y a las calles de las principales ciudades, rebuscando en las tiendas de segunda mano para encontrar las prendas más auténticas y especiales.
Cuando las marcas vieron que Moss era el referente indiscutible de esa generación, decidieron ir más allá y no contratarla solo como modelo. La británica Topshop le propuso en 2007 lanzar una colección, diseñada por ella, inspirada en su estilo y en las prendas de su armario. A través de su relación con la marca, que duró varios años, muchas personas pudieron vestir sus looks aprecios muy razonables, consolidando mundialmente este estilo bohemio y vintage que reinó durante varios años en las tendencias globales.
Durante la primera década de los dos mil se produjo un resurgir de los festivales de música y Kate Moss sentó las bases de los «looks festivaleros» que siguen vigentes a día de hoy. En el festival de Glastonbury de 2005 llevó otro de sus looks más icónicos: vestido corto, chaqueta de cuero negra y botas de lluvia Hunter. Esta combinación marcó tendencia y convirtió algo tan propio del clima británico como las botas de lluvia en una prenda de moda.
Por descontado, su imagen desenfadada en cuanto a pelo y maquillaje también ha sido muy influyente. Su cabello fino y lacio no permite muchas innovaciones y Kate ha admitido más de una vez que ni se preocupa por peinarse. Apenas se maquilla tampoco, ni siquiera en las grandes ocasiones: piel lavada, ojos negros para los looks más rockeros, y un labio rojo a veces. Su estilo visual, despojado de adornos y de maquillaje excesivo, resaltaba su belleza cruda, y esta imagen más natural influyó en la forma en que las mujeres y los diseñadores concibieron la belleza durante estos años.
Se casó con Jamie Hince en 2011, y Moss eligió para su boda un vestido de estilo vintage diseñado por John Galliano para Dior inspirado en los años veinte, con detalles de pedrería y un toque etéreo. Este look nupcial fue una mezcla de glamour y sencillez que sin duda redefinió las tendencias —hasta hoy— para aquellas novias que buscan un estilo vintage pero minimalista. Su mensaje fue más allá de lo estético, ya que al vestir un modelo de Galliano estaba reivindicando el trabajo de su gran amigo, que en ese momento se encontraba cuestionado por la difusión de un polémico vídeo. Kate fue una de las pocas personas que se mantuvo a su lado a pesar de todo, quizá porque ambos han vivido momentos personales muy complicados y han sabido conservar su amistad a lo largo de los años.
Kate también se ha enfrentado a graves polémicas que han puesto su carrera en la cuerda floja. El Daily Mirror publicó en 2005 unas fotografías en las que se la veía consumiendo cocaína. Muchas marcas —H&M, Chanel o Burberry entre otras— decidieron romper sus contratos con ella. Amigos como Galliano y Alexander McQueen la apoyaron públicamente y sin reservas. De hecho, McQueen mostró en un desfile de 2006 un holograma de Moss con un vestido etéreo, como un tributo a su musa y amiga. La imagen de Kate flotando en el aire fue una de las más emotivas y artísticas que se recuerdan en un desfile. En 2018 Burberry celebró su historia con una colección especial e incluyó en uno de los momentos más destacados un holograma de Kate Moss caminando en la pasarela como clara reminiscencia al tributo de Alexander McQueen. Este homenaje evidenciaba que Moss es fundamental para la historia de la moda británica y merece ser admirada y respetada por ello.

Kate Moss en Londres en octubre de 1991. Crédito: Getty Images.
Mucho más que una modelo, Kate es musa para diseñadores y artistas; una criatura inspiradora para ambos mundos, el del arte y el de la moda. McQueen vio en ella la imagen de la mujer fuerte pero atormentada que él buscaba plasmar en sus creaciones. Como también ha sido un referente de fotógrafos, pintores y cineastas. La fascinación de Warhol y su círculo por las it girls del arte encontró en Moss una nueva versión contemporánea. Sus apariciones en Studio 54 junto a Johnny Depp (que fue su pareja) y su vida nocturna llena de excesos la convirtieron en la protagonista de una novela urbana, a medio camino entre la belleza y la decadencia. Lucian Freud, una de las figuras más relevantes de la pintura de las últimas décadas, la retrató desnuda y embarazada de su hija en un cuadro que fue subastado por casi cuatro millones de libras.
A diferencia de la carrera de McQueen, que terminó de forma trágica, o la de Galliano, que estuvo muchos años sin trabajar, Moss resurgió de sus cenizas con rapidez y volvió a firmar contratos con muchas marcas, demostrando su capacidad de resiliencia y su estatus de icono indestructible. En otras ocasiones ha sido fotografiada en discotecas y bares en estado de embriaguez, pero en cierto modo estos episodios fortalecían su imagen de «chica mala» y acabaron convirtiéndola en una especie de leyenda rebelde en la moda. El propio McQueen se refiere a ella como alguien que siempre vuelve y reaparece incluso más fuerte, no importa lo que pase, «es, en todos los sentidos, el epítome de lo que significa ser un icono».
En la actualidad no solo sigue ejerciendo de imagen para grandes marcas, sino que ha montado su propia agencia de modelos en la que se encuentra su hija Lila Grace, que ha decidido seguir los pasos de su madre. Además, Kate es conocida por evitar las redes sociales, algo inusual entre las celebrities. Mientras muchas modelos y figuras públicas usan Instagram y otras plataformas para compartir su vida, ella ha mantenido un perfil bajo y ha declarado que prefiere no involucrarse demasiado en las redes sociales. Esta actitud ha sido constante en su carrera, que se ha caracterizado por separar la faceta pública de la privada. Algo muy destacable en esta era de la sobreexposición en que vivimos y en la que ella ha logrado mantener su imagen misteriosa e intocable.
Es la mujer que puede pasar de un concierto a una gala sin perder una gota de su esencia. Kate Moss es un icono de estilo por su capacidad de redefinir la moda de una manera única, auténtica y atemporal. Su estilo no se basa en seguir tendencias, sino en crearlas, y su imagen está intrínsecamente ligada a su actitud y a su personalidad enigmática, que han cautivado al mundo de la moda durante décadas.
Como una heroína literaria, Kate Moss ha vivido al borde del precipicio y ha vuelto de él con una elegancia y una resistencia que solo poseen los mitos. Su historia sigue siendo contada y reinterpretada, pero Kate permanece inmutable, una musa moderna, una leyenda viva, alguien que ha sobrevivido a las sombras de la fama y ha salido de ellas con más fuerza, dejando una huella indeleble en el universo de la moda.
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