No todo tiene que ser perfecto, y está bien así.
La creatividad infantil: ¿se está perdiendo o la estamos frenando?
¿De verdad los niños están perdiendo la imaginación, o somos nosotros los que, sin darnos cuenta, les cortamos las alas? A veces, con la idea de educar, lo único que hacemos es cuadricular su mente. Si queremos que el día de mañana sean adultos seguros y con criterio propio, tenemos que empezar por respetar su forma de ver el mundo hoy, manteniendo el equilibrio con las normas y los límites.

¿Alguna vez te has parado a observar cómo juega un niño? Sus mentes no entienden de normas rígidas ni de caminos preestablecidos. Sin embargo, a menudo surge la gran pregunta: ¿los niños de hoy en día son menos creativos, o es que los adultos no les dejamos serlo? ¿Nos incomoda acaso que piensen diferente o que se planteen otros caminos?
La creatividad es una cualidad innata en el ser humano, pero esto no significa que se mantenga intacta por arte de magia; debes potenciarla y cuidarla a lo largo de toda su vida. Si el entorno que le ofreces al niño es limitante, indudablemente acabará perdiendo su espontaneidad y se volverá más rígido en su conducta. Por eso, es fundamental que favorezcas una educación y una crianza en torno a los talentos individuales de cada pequeño, sin coartar su manera de ser ni su personalidad.
¿Límites o creatividad?
Cuidar su creatividad no significa que no vayamos a poner límites y normas en su día a día, ni que vayamos a desterrar la palabra “no” de su infancia. Establecer un marco seguro es necesario. De lo que se trata es de validar su manera de ser, entendiendo que no existe un único modo de comportarse ni de expresarse, y que los niños también tienen muchísimo que enseñarnos a los adultos.
Este cambio de mentalidad y de mirada hacia el acompañamiento de los niños es primordial para que comprendamos su desarrollo evolutivo y cerebral.
A veces, sin darnos cuenta, terminamos coartando la creatividad infantil con pautas y patrones alimentados por costumbres y tradiciones que están muy poco ajustadas a sus necesidades reales. Por ejemplo, cuando le pedimos a un niño de tres años que coloree una figura sin salirse de la línea o que dibuje algo concreto, en ese momento de pura explosión creativa, lo más adecuado es que le dejemos experimentar con el color sobre un papel extenso, ofreciéndole diferentes materiales y texturas, olvidándonos del miedo a que se manche o a que se salga de la figura. Dejarle disfrutar y crear desde la madurez que le corresponde en su momento vital, estamos alimentando su creatividad innata.
No estamos hablando de eliminar los límites, sino de ajustarlos a su edad madurativa y a su momento evolutivo. Ya habrá tiempo de que pinte cogiendo el lápiz adecuadamente, sin salirse de la raya y siguiendo los requisitos de una actividad escolar concreta.
Cómo cambiar la mirada
Con este claro ejemplo, podemos entender cómo la creatividad a veces está mal enfocada al plantear una misma propuesta estándar para diferentes niños y niñas, sin tener en cuenta su etapa. Y lo mismo sucede cuando un niño responde a una pregunta de una manera diferente a la del resto del grupo.
En ocasiones, los adultos nos limitamos a buscar una única respuesta como válida, cuando quizás existan múltiples afirmaciones correctas para una misma pregunta. Todo depende de ser capaz de cambiar la mirada y ver a través de los ojos de ese niño.
Por supuesto, esto no quiere decir que el niño siempre lleve la razón, ni que deba hacer o actuar como quiera. Significa, simplemente, que existen muchos caminos para llegar a una misma meta. Sin embargo, a los adultos nos suele costar ampliar esta perspectiva y dejarnos enseñar por la inocente e inexperimentada mente infantil.
Alimentando el criterio propio
A menudo, desde el desconocimiento y con la mejor de las intenciones, tendemos a creer que los adultos siempre llevamos la razón. Esto provoca que no escuchemos activamente a los niños o que les pidamos que hagan las cosas «porque sí», recurriendo al clásico «porque yo lo digo».
Actuar de este modo es, en muchas ocasiones, más por una cuestión de comodidad que de razonamiento. Dar una orden tajante ahorra tiempo en el día a día, pero frena su desarrollo, su espontaneidad y su imaginación. En lugar de eso, el verdadero reto está en pedirles que se cuestionen lo que hacen y que construyan su propio criterio.
Al fin y al cabo, todos los padres y educadores desean que, cuando esos niños sean adultos, sepan decir «no», sepan poner límites firmes y sean capaces de cuestionar las normas que los demás les exigen. Para ello es importante recordar que para que el día de mañana muestren ese cuestionamiento y ese criterio propio, debemos permitirles empezar a entrenarlo hoy, por incómodo que resulte acompañar estas situaciones en muchas ocasiones.
Cuentos para fomentar la creatividad de los niños
Un cuento en cartón, ideal para los más pequeños y sus manitas, para potenciar su motricidad fina y su creatividad a través de los mecanismos y las ruedas que giran y hacen descubrir diferentes imágenes y personajes.
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Todo cambia, nada es lo que parece, todo se transforma. Un clásico rimado de Richard McGuire convertido en este álbum ilustrado que dejará reflexionando tanto a niños como a adultos.
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El talento de cada uno es único y esencial. Saber cultivar el de uno mismo es fundamental para aprender a quererse y valorarse por lo que uno es. Las diferencias nos enriquecen y nos hacen a todos únicos e irrepetibles.
Este álbum ilustrado lo tiene todo para ser perfecto: una obra que habla de la importancia de creer en uno mismo, de no necesitar la aprobación de los demás y de lo relevante que es saber descubrir el talento de uno, ya que todo es subjetivo. La creatividad es un valor que tan sólo unos pocos saben valorar.
En esta familia cada uno es diferente y esto no está mal, sino todo lo contrario. Porque gracias a esta diversidad cada cual tiene su lugar. La importancia del sentido de pertenencia y el valor de cada uno, está en su ser más puro.
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